Por Karina Baldonado
Fotografía: ARCHIVO Juli Ortiz

La quiebra de la empresa de colectivos MOGSM deja a 427 trabajadores en la calle. Sin cobrar hace meses, siguen yendo a la terminal para que no los acusen de “abandono de trabajo”, mientras hacen Uber para sobrevivir. La situación podría replicarse en otras empresas. La trama del conurbano que se rompe.

Es 1° de Mayo, Día del Trabajador. En la cabecera terminal de la Micro Ómnibus General San Martín (MOGSM), en la localidad de Boulogne, la fecha duele. Hay mate, frío, silencio, motores apagados y, desde hace 15 días, un cartel que dice “fuera de servicio”. Y 427 familias sin trabajo.

Fundada en 1971, la MOGSM recorría las calles de zona norte, principalmente el distrito de San Isidro, por donde conectaba lugares claves para la comunidad: el Hospital de Boulogne, el Materno Infantil y el reconocido Hospital Central de San Isidro.

“Jamás nadie se hubiera imaginado esto, que una línea de colectivos de trayectoria quiebre. Era un laburo seguro”, expresa Cristian Cantero (40), delegado y chofer de la empresa, con 17 años de antigüedad. “La empresa sufrió estos últimos días un embargo judicial y se le secuestraron, por falta de pago de sus accionistas, el 40 por ciento de la flota de coches, que se encontraban dentro del predio. Este embargo fue la estocada final para la agonía que venía sucediendo desde meses atrás, cuando el gobierno de Javier Milei quitó el subsidio a los dueños de las empresas de transporte. Sin esa plata, ya no pudieron organizarse, porque no cierran los números”, relató.

El presidente de MOGSM, Pablo Terenziani, pasó toda su vida alrededor de los colectivos, peleó hasta donde pudo, según los testimonios, pero al fin dio el brazo a torcer, y hoy la compañía enfrenta la quiebra, aún no finalizada, pero irreversible.

La crisis de MOGSM expone un problema nacional. El transporte público del AMBA depende en un 70 por ciento de subsidios estatales. Desde diciembre de 2023, la administración de Milei avanzó con un recorte progresivo de los fondos que recibían las empresas para congelar tarifas.

Según datos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), sólo en el primer cuatrimestre de 2026 los subsidios al transporte cayeron un 38 por ciento en términos reales. Sin esa compensación, las empresas de mediana distancia, como MOGSM, no pueden cubrir sueldos, combustible ni repuestos. El boleto no alcanza si el Estado se corre, el sistema colapsa.

Desde la seccional zona norte de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), consultados por ANCCOM, confirman que el gremio ya tomó intervención en el conflicto. Sostienen que la prioridad es garantizar la continuidad laboral de los 427 trabajadores, respetándose su antigüedad, sea quien sea la empresa que se tome el control de la quebrada MOGSM. Las fuentes de la UTA admiten que la situación se repite en otras empresas del conurbano. Con el esquema actual de subsidios, ninguna línea de mediana distancia puede sostener la operación. Si no hay una recomposición urgente, anticipan más cierres.

El caso de las líneas 707, 407, 333 y 437 –las que operaba MOGSM– es el primero en el partido de San Isidro, pero en La Matanza y Moreno ya hubo reducciones de frecuencia y amenazas de paro por motivos similares.

“¿A los 50 años quién te va a tomar? No te toma nadie, el cuerpo y la edad pasan factura» dice Cristian Cantero.

“¿A los 50 años quién te va a tomar? No te toma nadie, el cuerpo y la edad pasan factura. Ser chofer de colectivo era un trabajo de privilegio, hoy no llegás al millón y medio de pesos. El estrés no lo cubre la ART, ni siquiera un psicólogo nos pusieron para transitar todo este proceso, que no sólo nos genera problemas de salud física, sino también mental, a tal punto que muchos tienen que salir con sus autos y motos a hacer de Uber, de remises, para llevar el plato de comidas a sus familias. Agradecemos a los vecinos que nos acercan juntadas solidarias de alimentos no perecederos, pero, en definitiva, todos los compañeros la estamos pasando mal y esto nos está afectando la salud. Nos hacemos presentes todos los días en la empresa, marcando el presentismo, no haciendo abandono de trabajo, pero la espera te mata, porque la heladera vacía no espera”, dice tristemente Cristian Cantero.

Las líneas 707, 407, 333 y 437, que ya no circulan por los distintos barrios, no solo transportaban trabajadores, llevaban vidas, hay historias detrás de esas personas, eran líneas que conectaban las casas con los hospitales, le resolvían el día a las madres, a los jubilados, a los que no tenían otra opción de viaje. “Desde que dejaron de circular, ir al médico se volvió una odisea.” afirma Marta Altamirano (33), vecina y usuaria del servicio. “Llevo a mi nene de 8 años con discapacidad al Materno Infantil, dos veces por semana. Tomaba el 407 en la esquina de mi casa y en 20 minutos llegaba. Hoy la esquina de mi casa está vacía y el viaje es otro, son 12 cuadras a pie y con un nene con discapacidad”, cuenta con angustia.

Lo cierto es que miles de vecinos han visto desorganizada su rutina diaria o semanal, adolescentes que tomaban alguna de esas líneas para ir al colegio, o jubilados, como Roberto Ayala (72), de Villa Adelina: “Me atiendo en el Hospital Central de San Isidro, vivo con la mínima, 400 mil pesos por mes, ¿a vos te parece que me alcanza para comprar los remedios? Antes me tomaba el colectivo 707 y me dejaba en la puerta del hospital, era rápido y seguro viajar solo, pero ahora por mi diabetes y mi artrosis se me está complicando a buscar mis remedios, ya que no me siento seguro de tener que tomar dos colectivos, tengo que esperar a que mis hijos me lleven. Esto de los colectivos me complicó, depender de otros, me siento impotente ante toda esta situación”.

“Los trabajadores y vecinos quedamos a nuestra suerte, empleados de salud, tránsito, higiene urbana, cámaras del municipio, vivimos y trabajamos en la zona, usamos el 707, el 407, el 333, el 437 –explica María Cardozo (56), empleada municipal–. Los sueldos de los municipales son muy bajos comparados con los empleados de otros partidos, ahora tenemos que tomar por día dos colectivos o caminar 10 o 15 cuadras, salir más temprano, para llegar a nuestros puestos de trabajo. Todo esto que está pasando con la empresa de colectivos desorganizó nuestras vidas, afectándonos el bolsillo, gastar más en pasajes, todo un cambio que no sabemos hasta dónde lo podemos sostener. Nadie llega a fin de mes, ya que el sueldo que percibimos es un sueldo de hambre”.

Cuando caen las líneas, no caen sólo 427 puestos de trabajo, cae parte de la trama que conecta el conurbano bonaerense. En los últimos seis meses, partidos como Moreno, Merlo y La Matanza también perdieron ramales que unían barrios periféricos con hospitales y escuelas.

Hoy el servicio de transporte bonaerense tiene menos servicios, tarifas más caras y usuarios que caminan lo que antes viajaban. Para los especialistas, sin una recomposición de subsidios o un nuevo esquema tarifario, el “efecto MOGSM” se va a multiplicar: empresas chicas y medianas quebradas, ramales levantados y trabajadores que salen a hacer Uber es el oscuro panorama que se presenta para el sector.

Desde el Municipio de San Isidro, nadie ha ofrecido una alternativa o una solución al problema. Por las calles del distrito ya no se ven las unidades de color azul, que hasta hace días nomás formaban parte del paisaje urbano. Mientras tanto, desde el Ministerio de Transporte de la Nación aseguran que se está revisando el esquema de subsidios. Para las líneas 707, 333, 407 y 437, la revisión llega tarde.