Por Marcel Chávez
Fotografía: Catalina Chaves, Lao Vázquez

En un masivo acto realizado este jueves para conmemorar el Día del Trabajador, miles de personas se congregaron en la Plaza de Mayo. Repudio a la reforma laboral y bronca por no llegar a fin de mes.

“Se terminó la paciencia, señor Presidente. Se van a profundizar los reclamos”, así abría el acto Octavio Argüello, uno de los triunviros de la CGT, ante una Plaza de Mayo colmada por organizaciones y sindicatos de todo el país, en la previa del Día de las y los Trabajadores. A pocas cuadras, sobre Avenida de Mayo, “Julito” Páez armaba su puesto con una mesita de madera y una conservadora para vender bebidas. Dice que con esta gestión “está peor”: trabaja en blanco, gana poco más de un millón de pesos, pero “hace rato no me alcanza para vivir, entonces salgo a hacer changas como esta”.

La movilización se dio luego de una seguidilla de fallos judiciales adversos para la CGT en su intento de frenar la reforma laboral en los tribunales. Desde el palco, montado de espaldas a la Casa Rosada, la conducción sindical dejó abierta la posibilidad de avanzar con un nuevo paro general, aunque sin fecha definida. En la Plaza, a metros del escenario, después de cada intervención se repetía un mismo pedido: “Paro general”.

“A los 15 días de haber asumido el gobierno le hicimos el primer paro general. Defendemos el salario, el empleo y la producción nacional, con responsabilidad pero también con firmeza”, afirmó Cristian Jerónimo, uno de los dirigentes cegetistas. También advirtió sobre el deterioro de las condiciones de vida: “Nuestro país atraviesa una situación crítica. Lo vemos en cada fábrica que baja su producción, en cada comercio que baja su persiana, en cada trabajador que pierde su poder adquisitivo y en cada jubilado que tiene que elegir entre comer y pagar un medicamento. No hay libertad cuando no se llega a fin de mes”.

Gabriela de Maestri tiene 50 años y es empleada del Correo Argentino. Cuenta que “desde 2023 no tenemos paritarias. Estamos cobrando aumentos mínimos mientras todo sube”. Dice que los despidos se multiplicaron en el interior del país -“350 salieron hace poquito”- y que el salario pierde frente a los gastos básicos. “Llego al día 10 y ya no me alcanza. Todo aumenta y el sueldo no acompaña”, remata.

Una trabajadora de salud cuenta que los salarios están atrasados y que hay adicionales que no se pagan desde hace meses. Se llama Cristina Melgarejo, tiene 67 años y hace más de 40 que trabaja en un “hospital de pueblo”. “En enfermería, cuando falta uno, el otro se queda. No podés dejar un paciente, es abandono de persona”, explica. Para sostenerse ante la falta de pago recurren a los gastos con tarjetas crédito, préstamos personales: “Arreglás este mes y el que viene debés el doble”.

Sobre la avenida Hipolito Yrigoyen, a 50 metros del palco, está Sonia Lemos, de 24 años, una trabajadora de la construcción de la UOCRA, quien señala otro impacto: la paralización de la obra pública. “Se cerraron muchas obras y hay compañeros que se quedaron sin trabajo”, dice. Habla de familias enteras afectadas y de la necesidad de sostener el empleo. “Hoy se llega a fin de mes muy difícil, arrastrando. Mucha gente tiene más de un trabajo”. También remarca el lugar que fueron ganando las mujeres en el sector y la necesidad de sostener esos avances.

Entre las columnas también había representantes de distintos gremios que ponían el foco en la reforma laboral. “Es un retroceso de muchos años. Todo el ajuste va al trabajador”, sostuvo Humberto Ballhorst, Secretario General de UTHGRA CABA. Mientras describe paritarias que corren detrás de los precios: “Los aumentos son del 1 o 1,5%, pero en el supermercado es otra cosa”. Además, cuestionó el rumbo de la reforma y dejó abierta la posibilidad de nuevas medidas de fuerza, en medio de un reclamo que vuelve a girar sobre la discusión de un paro general. “Necesitamos una CGT unida, con todos los trabajadores atrás”, agregó el sindicalista.

Micaela Bianchi tiene 34 años, trabaja en la administración pública y también llegó a la Plaza. Dice que pese a tener empleo registrado no logra sostenerse: “No llego ni al 10 de cada mes”. Cuenta que como muchos de sus compañeros, tuvo que salir a buscar ingresos extra: “Tengo que limpiar casas o cuidar adultos mayores para poder comer”. Algo que se repite entre trabajadores del Estado. Mientras tanto, asegura, crecen las deudas: “Nos endeudamos para sobrevivir, incluso para comer”. Y resume el clima que percibe en cada lugar de trabajo: “Hay mucha bronca y angustia porque el ajuste siempre cae sobre los mismos”.