Por Sol Montero
Fotografía: Oriana Estrada

En el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) organizó una caravana de antorchas para recordar su legado y seguir levantando las banderas de tierra, techo y trabajo. En medio de la actividad, se conoció el fallo judicial que obliga al Gobierno a restituir el plan Volver al Trabajo.

Caía la tarde sobre la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Los trabajadores de la economía popular comenzaban a congregarse sobre las escalinatas de la iglesia con sus antorchas, la mayoría de ellas todavía apagadas, para homenajear al Papa Francisco en el primer aniversario de su muerte. En algunos de los grupos circulaba el mate, en otros solo se conversaba. En la ronda más cercana a la calle ya se agitaba con cantos el comienzo de la caravana: “¡Compañeros, hagan lío!”

A las 18.20 los convocados comenzaron a bajar las escaleras y se enfilaron sobre Bolívar con pancartas de Jorge Bergoglio, como lo conocimos antes de que fuera Francisco. “Estamos resistiendo ante el hambre planificado”, sostuvo Natalia Zaracho, diputada nacional por Unión por la Patria y militante cartonera. “En un contexto en el que el gobierno va en contra de los más pobres, de los jubilados, de la gente con discapacidad, hoy recordamos a Francisco con el legado que nos dejó, que es hacer lío en el sentido figurativo de organizarnos y hacerle frente a este modelo. Todos los días resistimos en la trinchera, en los comedores comunitarios, en las cooperativas de reciclado”, agregó.

Todas las antorchas se encendieron. Escoltada por la Policía de la Ciudad, la caravana se desplegó en la anchura de la calle y se dirigió hacia la avenida presidente Julio Roca. Entre el tumulto, dos hombres sostenían una Virgen sobre sus hombros, en cuyo dorso se leía: “Fuerza, Pablo Grillo”. Otros tres empujaban carros vacíos de cartoneros, como los que alguna vez bendijo Francisco.

“Hagan lío”, había convocado Bergoglio en la Jornada Mundial de la Juventud. “Hacer lío es combatir frontalmente y sin concesiones los procesos de deshumanización que vemos en la Argentina y en todo el mundo, la destrucción de la madre tierra, la economía al servicio del dios dinero y no de los pueblos”, expresó Juan Grabois, diputado por Unión por la Patria y referente del Frente Patria Grande, quien se sumó a la caravana.

La Unión de Trabajadores de la Economía Popular había celebrado temprano el segundo Congreso Nacional Papa Francisco, en el que se reunieron delegaciones de todo el país. “Creemos que tenemos que organizarnos para seguir su legado de tierra, techo y trabajo, que esos son nuestros lemas y nuestras banderas. Encontrarnos en un contexto de tanta individualidad y poder juntarnos por un mismo objetivo es súper importante”, sostuvo Lourdes Benítez, integrante de la rama de Liberados del Movimiento de Trabajadores Excluidos de Misiones.

Entre las antorchas flameaban banderas argentinas. La movilización estaba liderada por un camión blanco desde el que se reproducían mensajes de Francisco: “La inequidad es raíz de los males sociales”, se escuchaba repetir al entonces pontífice.

Cuando la columna llegó a la Avenida 9 de Julio, dobló hacia Bernardo de Irigoyen. Ya había anochecido y el fuego de las antorchas se veía cada vez más brillante, contrastaba con los uniformados que rodeaban la movilización con caras largas. Desde el mural del edificio del ex Ministerio de Desarrollo Social, Evita sonreía hacia la caravana repleta de custodios de la justicia social.

“Si el pueblo pobre no se resigna, se organiza, persevera en la construcción comunitaria cotidiana y a la vez lucha contra las estructuras de injusticia social, más tarde o más temprano, las cosas cambiarán para bien”, decía la voz de Francisco que se escuchaba solo en las primeras filas. Más atrás, era eclipsada por distintos cantos populares que bregaban por una patria sin esclavos ni excluidos.

Unas pocas horas antes de la caravana, mientras la UTEP se encontraba reunida en su Congreso, se había conocido el fallo de la Justicia Federal que obliga al gobierno a restituir el pago del programa Volver al Trabajo a los más de 900 mil beneficiarios en todo el país. “Yo soy de las que cree que Francisco está con nosotros todos los días. No es casualidad, para mí no es casualidad”, dijo Zaracho.

La columna dobló en la Avenida Juan de Garay y subió a la Plaza Constitución, donde Jorge Bergoglio, antes de convertirse en Papa Francisco, solía oficiar las misas anuales cartoneras, frente a la estación de trenes que conecta la zona sur del conurbano bonaerense con la Capital Federal.

Se armó una ronda y en el centro comenzó la misa llevada adelante por el Padre Lorenzo “Toto” de Vedia, cura villero y párroco de Virgen de los Milagros de Caacupé en la Villa 21-24 de Barracas. Por primera vez en toda la tarde, los aplausos, los cantos y las voces cesaron. El silencio reunió a los creyentes en la escucha atenta. Sobre los tres carros cartoneros se colocó una placa metálica con el nombre de Francisco grabado en latín.

Con un ¡Viva Francisco! concluyó la misa popular y la gente comenzó a dispersarse para volver a sus casas. “Hacer lío es estar en la calle resistiendo, pero también pensar que somos el actor fundamental que va a hacerle frente a este gobierno”, afirmó Natalia Zaracho. “No va a venir ningún salvador sin historia a salvarnos. Vamos a ser nosotros los protagonistas, que era lo que nos decía Francisco”, concluyó.