Los editores Hugo Levín y Kuki Miler, que participan de la exposición desde la primera edición, recorren los cambios que vivió la muestra en este medio siglo. ¿Qué dicen los responsables de los sellos más jóvenes?
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cumple 50 ediciones este 2026. Hoy no solo se conmemora medio siglo de feria, sino de historia, de literatura y de la cultura de un país. Desde su creación en 1975, la feria es organizada por la Fundación El Libro, una entidad civil sin fines de lucro que integran la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), la Cámara Argentina del Libro (CAL) y la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP). A lo largo de su historia ha recibido a algunos de los autores más prestigiosos del mundo, entre ellos autores nacionales como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Sylvia Iparraguirre, y autores internacionales como José Saramago, Paul Auster, Mario Vargas Llosa, entre muchos otros.
Se trata de un evento cultural que atravesó diversos momentos históricos de la Argentina: la última dictadura militar, la vuelta a la democracia, crisis económicas y una pandemia. En diálogo con ANCCOM, Hugo Levin, editor con amplia trayectoria, presidente de la Fundación El Libro del 2001 al 2004 y de la Cámara del Libro del 2004 al 2008, recuerda algunos de esos contextos que marcaron al evento. Entre ellos, menciona que la segunda edición se inauguró apenas días después del golpe de Estado de 1976, en un escenario en el que el área de cultura había quedado bajo la gestión de la Marina. También señala que durante la Guerra de Malvinas la Feria se desarrollaba en paralelo a los acontecimientos y que distintas medidas económicas, como las de la década de 1990, impactaron en su funcionamiento. “Muchos de los acontecimientos de la última etapa de Alfonsín y los primeros años de Menem también atravesaron la Feria, con medidas económicas muy fuertes”, agrega Levin.
El contexto dictatorial fue el período más oscuros de la historia argentina. Ana María “Kuki” Miler, directora general de Ediciones de la Flor, una de las escasas editoriales que han estado presentes en las 50 ferias, resalta el clima tenso y las permanentes conversaciones informales entre los editores en ese año. Además, señala que vivió en carne propia la dictadura y el ataque a la cultura y la libre expresión cuando, en 1977, junto a su socio – Daniel Divinsky-, fueron presos por la publicación del libro infantil Cinco dedos, y agrega: “Sin duda las ferias que se hicieron durante los años de gobierno militar tenían un tono muy diferente, básicamente con una gran distinción entre lo que se podía hacer y lo que no”.
El de 1984 fue un año histórico tanto para la Argentina como para la feria, en el que se inició una nueva etapa que permitió la libertad de expresión y una mayor flexibilidad en las reglamentaciones. Los cambios en la Feria siguieron sucediendo. Hugo Levin también fue responsable de una modificación importante a partir de 2001. Hasta ese momento, la inauguración estaba a cargo de una autoridad nacional, como el presidente o algún ministro, y se complementaba con una ceremonia religiosa. Durante su gestión, esa tradición se modificó y la apertura pasó a estar en manos de un escritor argentino.
Kuki Miler también destaca esa época como un período cargado de grandes cambios, entre los que se encuentra el traslado al predio de La Rural, que permitió ampliar el número de stands, participantes y actividades. Hasta entonces, la Feria se realizaba en el Predio Ferial de Exposiciones que se encontraba al lado de la Facultad de Derecho de la UBA.
Además, Miler subraya el lugar de la feria como un espacio histórico de reclamo del sector editorial a los gobernantes de turno, ya que el crecimiento de la edición de libros requiere el apoyo de políticas oficiales que lo promuevan. Y señala frente al panorama actual “Se hizo evidente en 2024, cuando el cambio de gobierno paralizó en un porcentaje considerable la cantidad de asistentes y, por consiguiente, el nivel de las ventas”.
En 2020, la Feria del Libro fue suspendida de manera presencial por primera vez en su historia a causa de la pandemia. Cuando el evento volvió al año siguiente representó una de las ediciones más convocantes, recuerda Levin. “La gente volvió a la Feria como si le hubiera faltado”. Además, sostiene que, más allá de los cambios a lo largo del tiempo, hay algo que se mantiene: “el espíritu”. Y añade: “La Feria es un acontecimiento que se nos ha metido en el folclore de la ciudad de Buenos Aires”.
Este año se espera que sea una de las ediciones más importantes y masivas. El evento se celebrará del 23 de abril al 11 de mayo en el Predio Ferial de La Rural, y por primera vez, el discurso literario de inauguración será reemplazado por un debate entre algunas de las autoras argentinas más relevantes de los últimos años: Leila Guerriero, Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara, con la coordinación de la periodista María O’Donnell.
En esta edición, Perú será el país invitado, con una programación especial dedicada a su literatura y cultura. Además, se llevarán a cabo las tradicionales Jornadas Profesionales, un espacio de encuentro, capacitación e intercambio para actores del sector, que este año celebran su 40° aniversario. A su vez, la Feria contará con talleres, actividades, charlas y propuestas para distintos públicos, en una programación diversa frente a debates actuales y la historia de nuestro país.
Entre las actividades destacadas, la programación incluye homenajes a grandes figuras de la literatura latinoamericana, como Mario Vargas Llosa (25 de abril, 19 hs.), Jorge Luis Borges (30 de abril, 19 hs.) y María Elena Walsh (9 de mayo, 16 hs.). También se presentará el Diccionario dedicado a Vargas Llosa (28 de abril, 17:30 hs.) y la visita del Premio Nobel Mo Yan, que se presentará por primera vez en la Argentina el 9 de mayo a las 19 hs.
En el marco de los 50 años del golpe de Estado, la Feria también propone actividades especiales como la “Maratón de la Lectura: Textos Prohibidos” (28 de abril, 19 hs), el ciclo “Diálogo: 50 años de lecturas y escrituras en Argentina” (29 y 30 de abril) y el encuentro “No perdamos la memoria” (7 de mayo, 18 hs), que invitan a reflexionar sobre la relación entre literatura y memoria.
Entre la programación también se destacan charlas que abordan la literatura latinoamericana, la literatura LGBTQ+, la historia argentina e incluso los desafíos que plantea la inteligencia artificial, entre muchas otras.
ANCCOM conversó con distintos sellos, tanto independientes como comerciales, para entender el rol que ocupan hoy las editoriales en la feria. Galerna, una de las editoriales con mayor trayectoria en el evento, participa desde sus inicios. En ese marco, Carolina Di Bella, gerenta editorial, señala: “Un contexto de crisis siempre se va a ver reflejado en cualquier industria cultural”.
En ese sentido, la historia de la feria también refleja las distintas crisis que atravesó el país, con impactos visibles en la producción editorial y en el acceso a los libros. “Tal vez un fenómeno que se estuvo viendo es esta disparidad entre la cantidad de libros que se publican y la posibilidad que tienen los lectores de llegar a ellos”, agrega. Aun así, destaca que la sociedad argentina no solo produce una gran cantidad de obras, sino que también cuenta con una comunidad de lectores siempre interesada por las novedades.
Eterna Cadencia es otra de las editoriales con fuerte identidad cultural en el país. Se unió a la Feria en 2008, el mismo año de su lanzamiento, y desde ahí continúa creciendo. Explica sobre la Feria, Leonora Djament, directora editorial: “Se trata de una experiencia que antes era más bien ocasional, y en los últimos años se transformó no solo en la posibilidad concreta de estar en un espacio como la Feria de Buenos Aires sino también en la oportunidad de trabajar colectivamente”. En ese sentido, uno de los cambios más notables de la exposición ha sido el surgimiento y la consolidación de stands colectivos, fundamentales para el desarrollo de editoriales independientes. Djament lo define como un espacio “vital, creativo y de resistencia”.
En esa misma línea, desde el ámbito de las editoriales independientes, María Magdalena, editora del colectivo editorial Las Furias que participa hace cinco años de la Feria del Libro, explica que la falta de un stand propio es una dificultad para el encuentro con los lectores, por lo que el rol de los stands colectivos en ese contexto funciona como un lugar de visibilidad y de acceso a un público que no es el habitual. Para ella, ese es “un terreno ganado”.
También desde el circuito independiente, Karina Macció, directora de Viajera Editorial, entiende este trabajo como un fenómeno muy propio de la Ciudad de Buenos Aires y de Argentina en general. En ese marco, destaca que su editorial apuesta por “la literatura actual, urgente, esa que es necesaria para habitar la existencia un poco mejor”.
En un país donde la literatura forma parte de su identidad, y en un contexto que muchas veces la desvaloriza frente a recortes y cuestionamientos, la existencia de ámbitos que la sostengan y la impulsen se vuelve imprescindible. En ese sentido, Kuki Miler sostiene “Siempre pensé que esta Feria Internacional del Libro de nuestra ciudad es una isla. Pese a los cambios políticos y económicos difíciles y momentos de disminución de público y venta, siempre tuvo dentro de sus paredes un desarrollo vital y exitoso”.