Por Milagros Robotti
Fotografía: Lucia De Marco

El desempleo y la informalidad crecen entre los jóvenes, más aún entre las mujeres. Trabajos de lunes a lunes, fines de semana, feriados, viajes interminables y salarios de miseria. En diálogo con ANCCOM, ellos mismos relatan sus experiencias y un economista analiza el marcado deterioro del mercado laboral.

Mientras las cifras del INDEC muestran un aumento del desempleo general al 7,5%, entre los jóvenes de 14 a 29 años la situación es mucho peor: en el caso de las mujeres pasó del 13,8% al 16,8%, mientras que en los varones subió del 12,5% al 16,2%.

“Hace un año que estoy tirando CV por todos lados y no me llaman. Es frustrante –cuenta Francisco Levié (22)–. Piden uno o dos años de experiencia cuando recién saliste del secundario y, en cuanto al salario, ofrecen pura comisión. No podés vivir con eso”.

A su lado, Lourdes González (20) señala que su último trabajo lo consiguió a través de contactos: “Quienes no tienen esa red muchas veces quedan afuera”. Cuando aparece una oportunidad, agrega, suele implicar condiciones precarias: “Son trabajos en negro, con muchas horas y poca paga”.

Como ellos, cientos de jóvenes esperan en filas, CV en mano, frente a stands de empresas administrativas, técnicas, comerciales, gastronómicas y de servicios. Además de la búsqueda online o en comercios, las ferias de empleo se consolidan como una alternativa para intentar ingresar al mercado laboral.

La escena transcurre en la Expo de Empleo Barrial de la Secretaría de Trabajo de la Ciudad de Buenos Aires, que se realizó el 10 de abril en Villa Crespo y reunió a unas 1400 personas, con más de 400 vacantes disponibles y talleres abiertos de capacitación.

“Hace demasiado tiempo que estoy buscando”, afirma Kevin (21), que vino junto con Lourdes desde González Catán, partido de La Matanza. Entre sus conocidos, describe una situación que se repite: “O están en la misma o tienen trabajos donde les pagan muy poco de lunes a lunes. No alcanza para nada”.

Para Lourdes, su última experiencia fue complicada por la distancia hasta la Capital Federal. “Como vivo lejos, eran como 12 horas en total entre las 4 horas de viaje, más las 6 horas de trabajo. Y eso que no eran tantas”.

Desde el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA) advierten que más de 860.000 jóvenes no acceden a un empleo formal y que 7 de cada 10 lo hacen en condiciones informales, un escenario que coincide con lo que relatan quienes buscan trabajo.

Melina Borraz (26) realiza un curso de electricidad para buscar en ese oficio una salida que le brinde autonomía. El año pasado consiguió un puesto en gastronomía tras asistir a otra feria en La Rural, pero advierte: “Tenés que tener mucha suerte para encontrar algo bueno. Aprendés, pero no te respetan mucho. Con horarios complicados, fines de semana y feriados, terminás viviendo para trabajar y no trabajando para vivir”.

Los adultos que buscan insertarse enfrentan otras barreras. Jennifer Zuli (33) explica: “Algunos buscan perfiles más jóvenes o experiencia muy específica. Tengo años trabajando y aun así no quedo”.

El investigador económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Guido Bambini, vincula este escenario con cambios en el ciclo económico reciente. “A la salida de la pandemia hubo una recuperación del empleo, incluso con creación de puestos formales, pero no fue sostenible en el tiempo”, explica. Según señala, esa tendencia se revirtió a partir del ajuste macroeconómico que impactó en la actividad y el empleo: “Hoy hay un modelo con sectores ganadores –como el agro, la minería o el financiero– que generan poco trabajo, y sectores como la industria, el comercio y la construcción, que son los que más empleo crean, están rezagados”.

Los jóvenes resultan particularmente afectados. “Son quienes suelen ingresar por puestos iniciales o trabajos de plataforma, pero con la caída del poder adquisitivo y del consumo, esa demanda también se reduce”, sostiene Bambini. “Eso hace que tengan que trabajar muchas más horas para alcanzar ingresos básicos o directamente queden fuera del mercado”.

Las desigualdades estructurales también atraviesan a los jóvenes: “Hay una brecha salarial histórica entre hombres y mujeres que incluso se amplió en el último tiempo”, señala. Además, subraya que las mujeres enfrentan más dificultades para acceder al empleo: “Muchas veces, ante igualdad de condiciones, no se las contrata por la posibilidad de que atraviesen un embarazo, algo que todavía incide en las decisiones de las empresas”.