La eliminación de pañuelos blancos pintados por familias y estudiantes en una escuela en Boedo desató un conflicto que expone tensiones en las políticas de memoria entre la comunidad educativa y autoridades. La intervención, realizada sin explicaciones, generó movilización y reacciones colectivas.
La comunidad educativa de la Escuela N° 26 “República de Colombia” denunció la eliminación de una intervención artística realizada por alumnos en el marco de los 50 años del golpe. La acción, llevada adelante por una cuadrilla de limpieza, ocurrió pocas horas después de la visita al establecimiento de la ministra de Educación de la ciudad, Mercedes Miguel, el miércoles 15 de abril.
Según relató Ezequiel Anido, integrante de la cooperadora, la secuencia de hechos generó sospechas entre las familias: “La ministra vino a la escuela sin previo aviso, charló con las directivas y se fue. Pero cuando se fue, casualmente, vino una cuadrilla de limpieza, esos camiones que van con hidrolavadora, y sacaron la intervención que habíamos hecho”. La intervención consistía en pañuelos y consignas vinculadas a la memoria, la verdad y la justicia, pintadas colectivamente por estudiantes, familias y docentes.
Anido remarcó que “había sido algo colectivo, algo trabajado en comunidad escolar. Por eso también les duele a los chicos que fueron ellos mismos los que lo hicieron, y ahora de repente alguien viene y borra lo que ellos hicieron”.
Tras el episodio, las familias intentaron obtener explicaciones formales vía correo electrónico a la supervisión del Distrito Escolar. Sin embargo, no hubo una respuesta clara: “Las autoridades del colegio no estaban enteradas del asunto. Desde la Supervisión del Distrito dijeron que era una cuestión de Espacio Público, porque era la vereda, que era una cuestión de limpieza y no de educación. Ahí se empezaron a tirar la pelota”.
La falta de definiciones institucionales profundizó el malestar y derivó en una rápida organización comunitaria. “Se armó un gran revuelo en el colegio, está todo bastante movilizado”, explicó Anido, quien además señaló que la situación trascendió el ámbito escolar: “Se generó una bola de nieve donde están participando organizaciones barriales, grupos de vecinos, organismos de derechos humanos”.
Frente a este escenario, la comunidad proyecta una nueva pintada para el viernes 24 de abril a las 16:30 en la puerta de la escuela ubicada en avenida Juan de Garay 3974. La idea es “reponer las que habíamos hecho y mejorarlas. Tal vez hacer algún mural, algo que quede y que no puedan borrar”, adelantó Anido. “Si vuelven a borrar lo vamos a volver a hacer, porque nos parece una cuestión de principios”.
En los últimos meses se registraron distintos ataques a expresiones vinculadas a la memoria en espacios educativos y públicos. En la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, un mural que homenajeaba a personas desaparecidas, entre ellas 12 víctimas identificadas recientemente en el excentro clandestino La Perla, fue vandalizado pocas horas después del 24 de marzo. Desde la institución lo calificaron como “una grave agresión contra las políticas de memoria”. En el Hospital Garrahan, la Asociación de Profesionales y Técnicos denunció la intervención de carteleras con símbolos de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, donde aparecieron inscripciones ofensivas tras la jornada conmemorativa. En Villa de Mayo, en tanto, la vandalización de un mural por los 50 años del golpe derivó en la organización de una jornada cultural abierta para reconstruir colectivamente la intervención dañada.
Aunque los contextos son distintos, los tres casos comparten un punto que es la disputa por los símbolos que condensan la memoria colectiva y las respuestas comunitarias que emergen ante su alteración. El conflicto no se limita a una disputa por el uso del espacio público o por una intervención estética. Lo que aparece en juego es el sentido pedagógico de la memoria dentro de la escuela. En ese marco, el posteo difundido por las familias concluye con una frase que condensa esa perspectiva: “No se puede construir escuela pública sin su comunidad. No se puede educar sin memoria. La memoria no se borra”.
La situación expone una tensión más amplia entre políticas públicas y prácticas comunitarias. Mientras la intervención oficial se justificó como una acción de limpieza, la comunidad la interpreta como un acto de censura o deslegitimación simbólica. La respuesta organizada sugiere que, lejos de clausurar el conflicto, la eliminación de las pintadas reactivó su sentido. En palabras de Anido: “Hay que demostrarle a los chicos que vale el trabajo en comunidad y que no nos pueden pasar así por encima”.