Familiares de cinco dirigentes de Montoneros cercados y masacrados durante la dictadura en una casa de Villa Luro declararon en una nueva jornada del juicio por crímenes de lesa humanidad a seis exintegrantes del Ejército. “Hubiésemos necesitado estos juicios antes, porque mi abuela murió sin llegar a esto”, dijo Lucía, hija de José Coronel, uno de los militantes asesinados.
El miércoles tuvo lugar la primera audiencia presencial por el juicio que investiga el operativo ilegal de la Calle Corro, ocurrido el 29 de septiembre de 1976. En la casa ubicada al 105 de esta calle del barrio de Villa Luro fueron asesinados cinco integrantes de Montoneros –Victoria Walsh, José Coronel, Alberto José Molinas Benuzzi, Ignacio José Bertrán e Ismael Salame– luego de un enfrentamiento en el que resistieron contra más de 200 efectivos armados de distintas fuerzas militares y de seguridad.
La tercera jornada del juicio a cargo del TOF 7 comenzó cerca de las 10.00 de la mañana, entre andamios y goteras, en una sala de audiencias del Palacio de Tribunales. Este encuentro tuvo la característica de ser el primero con modalidad mixta. Con la mayoría de los actores involucrados y público presentes en la sala, tal como vienen exigiendo familiares y organizaciones de Derechos Humanos, y otra parte conectada de forma virtual.
En la pequeña habitación, donde entraban de manera ajustada más de 30 personas, estaban presentes los jueces Fernando Canero y Enrique Méndez Signori; los fiscales Félix Crous y Esteban Bendersky; y una de las partes querellantes representada por las abogadas Myriam Bregman, Lilén Reyes, Cristina Fau, Matías Aufieri y Carlos Platkowski.
Por la parte defensora sólo se encontraba presente la abogada Carmen María Ibáñez. Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Antonio Montell, Héctor Eduardo Godoy, Guillermo César Viola y Danilo Antonio González Ramos, los seis integrantes del Ejército imputados, desde la audiencia pasada tienen permiso de ausentarse a todas las jornadas que no sean imprescindibles.
Además, entre el público se encontraban familiares de las víctimas, personal del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos, figuras políticas como Victoria Montenegro y Luis Zamora y afiliados del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).
Recuperar las voces
Lucía Coronel, una de las hijas de José Coronel, fue la primera en ingresar a la sala para dar su testimonio ante el tribunal. Al momento del operativo apenas tenía cuatro meses, por lo que el contexto en el que había muerto su papá le fue transmitido por su abuela –integrante durante los primeros años de las Madres de Ledesma junto con Olga Arédez– y a partir de la investigación que llevó adelante Patricia Walsh en la década del ‘90.
Cuando le preguntaron sobre las repercusiones que este episodio represivo tuvo en su vida mencionó que desde muy chicas, ella y su hermana supieron de la militancia de sus padres y la reivindican hasta el día de hoy, pero en muchas ocasiones de su infancia fueron tratadas “como leprosos” y señaladas como las “hijas de los subversivos”, ya que su madre también era militante y continúa desaparecida desde marzo de 1977.
La situación se agravó durante su adolescencia cuando llegaron a ser amenazadas en varias ocasiones. Este contexto estuvo fuertemente marcado por la impunidad a nivel provincial cuando el general Antonio Bussi, quien desde 1975 comandaba el Operativo Independencia que llevaba adelante la represión, el secuestro y la tortura en Tucumán, fue nombrado gobernador de facto.
”Las familias de las víctimas del terrorismo de Estado hubiésemos necesitado estos juicios antes, porque mi abuela es la persona que tendría que estar acá y mi abuela murió sin llegar a esto porque pasaron 50 años”, señaló en una de sus últimas intervenciones, en la que además cargó contra la justicia y el poder económico de la época.
“Totalmente incomunicado ¿De quién? ¿De vos? ¿De mis hermanos oprimidos? / Ilusos pequeños hombrecitos juegan a que no saben nada de su muerte como si mis muertos no vinieran a darme aliento entre golpe y golpe”, fueron algunas de las palabras del poema que compartió Coronel para cerrar su intervención y reivindicar la lucha de su padre.
De modo similar, Alberto José Molinas eligió una de las cartas de su papá para traerlo al juicio y que de alguna manera pueda decir lo que pensaba: “Decidimos luchar como hacen los hombres, pelear por nuestras mujeres, por nuestros hijos y por nosotros mismos. Me dirán que yo lo tenía todo al alcance de mi mano y que mi hijo y mi mujer estaban a salvo. El amor consume cuando deja de ser literario, cuando hace querer a cada uno como a un hermano, a cada hijo como un hijo nuestro. Queremos construir una sociedad distinta, donde los hombres puedan vivir como tales y no pararemos hasta conseguirlo”.
El relato de las sobrevivientes
Durante la jornada de declaraciones testimoniales también estuvieron presentes Teresa Celia Meschiati, militante de Montoneros de Córdoba, Maricel Marta Mainer y María de los Milagros Mainer, parte de la familia que vivía en la casa de la calle Corro.
Meschiati relató que aproximadamente el 18 de septiembre de 1976 conoció en Córdoba a María Magdalena Malena Mainer, una de las familiares de quienes vivían en la casa de Corro. Unos días después fue detenida y llevada al Centro Clandestino La Perla, a donde también trasladaron a Meschiati luego de que la esposa de un militar se hiciera pasar por María Magdalena para citarla en la esquina donde fue secuestrada.
Ambas fueron torturadas por el teniente primero Ernesto Barreiro, a quien se le atribuye haber viajado durante esos días a Buenos Aires para montar el operativo conjunto de la calle Corro. Meschiati recordó que una vez que él regresó a Córdoba, le confesó encantado y con aire de ganador que “el operativo había sido enorme, que hasta habían accionado una tanqueta y habían matado a todos”.
Por su parte, las otras dos mujeres recordaron que si bien las reuniones políticas eran habituales en la casa de Corro, el hecho de que estuvieran los cinco juntos era excepcional, “se trataba de una ocasión especial, una cena por el cumpleaños de Vicki Walsh”.
A la mañana siguiente María escuchó la balacera desde la escuela, a la que su abuela Lucy decidió llevarla en el último momento, y en la que durante más de una hora todos tuvieron que esconderse debajo de los pupitres. Maricel, quien se encontraba en la casa, sostuvo que se trató de un operativo feroz de aproximadamente dos horas. Recordó ver a montones de militares armados en los techos de las casas aledañas, al menos un helicóptero y una tanqueta.
María de los Milagros Mainer utilizó sus palabras finales para agradecer a casi 50 años de los hechos la predisposición de todas las partes para buscar justicia, y fundamentalmente reconoció a los defensores “porque eso es lo que marca que hace 43 años vivimos en democracia. Ese derecho que hoy tienen los imputados nunca debió cercenarse”.
La próxima audiencia será el miércoles 29 de abril a las 9:30 de manera virtual y se prevé que den testimonio María Teresa Bertrán, Fernando Antonio Bertrán, María Victoria Costa, Jorge Pinedo, Mariana Molinas y María Lorena Molinas, todos familiares de víctimas del terrorismo de Estado.