Por Juana Botelli Chaher
Fotografía: X Peter Magyar

Depués de 16 años, perdió el ultraderechista Viktor Orbán, Su vencedor, Péter Magyar, es un conservador que, a diferencia de su rival, es proeuropeo. ¿Qué implicancias tiene eso?

El pasado 12 de abril, Hungría eligió a su próximo primer ministro, el centroderechista y europeísta Péter Magyar, y definió la composición de su Parlamento. Así le puso fin a 16 años de gobierno de Viktor Orbán, quien perdió el apoyo popular al estar sumido en escándalos de corrupción, concentración del poder, represión a la prensa y a las personas LGBTIQ .

Magyar, del partido Tisza y antiguo miembro de Fidesz (el partido de Orbán), ganó la elección por más del 51% de los votos y obtuvo la mayoría parlamentaria. Su programa es más pro Europa y pretende alejarse de la posición de aliado de Rusia. Su antecesor, en la Unión Europea  votaba en contra de las propuestas de financiamiento de Ucrania. 

De todas formas, Magyar aseguró que mantendrá “relaciones pragmáticas” con la nación cercana y que “si (lo) llaman, contestaré el teléfono”. Por el momento y debido a las relaciones que Hungría mantenía con Putín a lo largo de los cuatro mandatos sucesivos de Orbán, seguirá comprando gas y petróleo a Rusia, para mantenerse abastecidos y no entrar en una crisis energética. Al mismo tiempo, el nuevo mandatario reanudará relaciones con la UE y la OTAN y, según prometió, eliminará su veto al financiamiento de la UE a Ucrania, aunque sin participar del préstamo. 

Péter Magyar y Tisza llegaron a la victoria al capitalizar el fuerte descontento de la población húngara con el nepotismo y elitismo de Orbán, quien desfinanciaba la salud pública al tiempo que asignaba contratos millonarios de alumbrado a la empresa de su yerno, con fondos suministrados por la UE.

¿Cómo llegamos hasta acá?

El politólogo y magíster en Economía Aplicada, Francisco Olivero explica que el estancamiento, la inflación y la caída del nivel de vida rompieron un “contrato implícito entre la ciudadanía y Orbán: tolerar corrupción y discrecionalidad a cambio de estabilidad o mejora material”. Cuando la inflación y los precios erosionaron el poder de compra y el bienestar, ese contrato perdió valor. Una pieza clave es que la corrupción no era un rumor marginal: Transparencia Internacional, por ejemplo, ubicó a Hungría en el último lugar de la UE en su índice 2025, su peor registro histórico.

La inflación destruyó el único pilar que sostenía al gobierno de Orbán y todos los problemas acumulados se potenciaron, haciendo que la campaña opositora gane preponderancia.

Similitudes y diferencias

Aunque ambos políticos y sus respectivos partidos son de talla conservadora y de derecha, el pueblo estaba cansado del sistema de control e influencia que Orbán ejercía sobre los ámbitos judiciales, políticos y mediáticos y se manifestó en las urnas con un récord de participación histórico del 80%. Esto es relevante porque el voto no es obligatorio y el sistema de gobierno húngaro es parlamentario, o sea que el Parlamento elige al primer ministro, quien ejerce el poder ejecutivo real, mientras que el presidente es una figura simbólica.

 Su carisma y juventud (45 años), sumado a tratarse de una figura vista como racional que no propone cambios radicales, hicieron de él un candidato creíble y con posibilidades reales de ganarle a Orbán. Recordemos que en junio del 2024, a meses de haberse ido del gobierno, Peter Magyar se une a Tisza y compite en las elecciones al Parlamento Europeo y con el 30% de los votos se convierte en eurodiputado.

Magyar se salió del partido de su opositor, el Fidesz, hace dos años e inmediatamente comenzó a denunciar el clientelismo de Orbán y la dependencia económica y energética de Hungría para con Rusia, país con el que el antiguo premier mantenía relaciones cercanas.  Tanto era así que Orbán autorizó la construcción de una central nuclear rusa al sur de Budapest, la capital húngara.

En esa construcción de identidad Magyar, como líder del Tisza, tuvo que construir una plataforma de apoyo a partir de la diferencia con Orbán y haciendo propuestas concretas para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Sin acercarse al progresismo, planteó aumentar las pensiones, brindar apoyo económico a las familias, optimizar el sistema de salud y bajar los impuestos de los trabajadores. También propuso aumentar la transparencia de las operaciones estatales y el uso de los fondos de la UE, denunciando la corrupción de Orbán a partir de haberla visto desde adentro del sistema.

Magyar ganó el apoyo de la juventud al utilizar las redes sociales como estrategia de comunicación para difundir sus ideas y posturas y llegó a una mayor parte de la población que el partido de Orbán, cuyo aparato de propaganda usaba mensajes rígidos y pósters en la vía pública relacionando a Magyar con Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania, y diciendo que ambos eran peligrosos.

Lo que se sabe y las expectativas

La politóloga especializada en Relaciones Internacionales, Pilar Unsain explica que “los dos factores determinantes que propiciaron el fin del gobierno de Orbán son la economía y el deterioro de la imagen del gobierno por causas de corrupción”. Desde lo económico, la salida de la pandemia golpeó al país, como a tantos otros, en materia de inflación y de freno al crecimiento económico. Desde el 2020 Hungría ha tenido un incremento de la inflación anual sostenida, llegando a su punto máximo en 2023 con un 17% anual, especialmente en el sector energético (combustibles) y alimentos. Sumado a la caída sostenida del crecimiento del PBI, ha generado una fuerte presión en los salarios y en la economía general. Esto se suma al congelamiento de fondos provenientes de la Unión Europea (unos 18.000 millones de euros) por las preocupaciones de la deriva autoritaria del gobierno de Orbán.

Por otro lado, en los últimos años han salido a la luz casos de corrupción en el Poder Judicial y en el sistema de salud, que aumentaron la percepción negativa sobre el gobierno y hasta le valieron el primer puesto en Índice de Percepción de la Corrupción en la Unión Europea.

Según Unsain , “se podría decir que el Partido Tisza (Partido del Respeto y la Libertad) es conservador pero pro Unión Europea. Esto quiere decir que, comparte con Fidesz algunas premisas respecto a lo cultural como estar en contra de la “ideología de género” y una postura firme contra la migración no controlada”. Se diferencia principalmente en la defensa de la democracia liberal y la división de poderes; Magyar prometió desmantelar el andamiaje autoritario heredado por Orbán, y se buscará reconstruir la relación con la Unión Europea para obtener el acceso a los fondos denegados durante tanto tiempo.

Orbán se caracterizó por su aislamiento continental y por sus alianzas bilaterales tanto con Putin, como con Trump y Netanyahu. También financió a otros partidos de la ultraderecha europea como Vox de España. En el caso de Magyar, se autodenominó pro-europeo y alineado a la OTAN, aunque “evitó posicionarse respecto de los conflictos internacionales ya que su campaña estuvo concentrada en los problemas de su país”, señala Unsain.

Para llegar a estos resultados, se combina el desgaste de 16 años de un gobierno con una política de captura del Estado, como algunos analistas lo han llamado, con los problemas económicos por un lado, y la figura de Magyar como un conservador moderado, joven, con su postura firme contra la corrupción y la defensa de la democracia y la división de poderes, conquistaron el voto de opositores y de ex votantes de Orban desilusionados. Lo que se pregunta el ámbito geopolítico internacional es qué depara el nuevo gobierno de Hungría

 

¿Algo se modificará?

Cuando ANCCOM le consultó a Olivero por el margen de maniobra real que puede llegar a tener Magyar, él respondió que “en términos formales, el margen legislativo es alto, porque la mayoría de dos tercios habilita reformas constitucionales; de hecho, el nuevo liderazgo anunció una agenda inmediata de medidas anticorrupción, cambios institucionales y reformas para cumplir condiciones europeas”.

Pero el margen real “también está condicionado por dos restricciones duras: la de los plazos (por ejemplo, la ventana para destrabar fondos europeos, con hitos y vencimientos muy cercanos) y la de la resistencia sumada a una continuidad burocrática de ciertos funcionarios  bajo el ciclo anterior”, como el presidente, que permanecen en puestos clave y pueden ralentizar la aplicación de una política pública. Péter Magyar ya le pidió al presidente de Hungría, Tamás Sulyok, que dimita.