Por Camila Ronchi De Gaetani
Fotografía: Lucia De Marco

El prestigioso biólogo, de reconocimiento internacional, Alberto Kornblihtt dio -junto a otros docentes- una clase pública en la Plaza de Mayo, con la Casa Rosada de testigo, para exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

“No es un problema de ahorro y de déficit fiscal, es un problema de hija de putez”. Contundente, el mundialmente reconocido Alberto Kornblihtt, biólogo molecular, profesor e investigador, dio inicio a su clase abierta en Plaza de Mayo.

En el centro neurálgico del país, justo dentro del círculo donde caminaron las Madres de Plaza de Mayo, docentes de la universidad pública se instalaron con pizarras rudimentarias a hacer lo que mejor saben hacer: enseñar. Allí, frente a una Casa Rosada vallada, se dictaron clases en simultáneo de Sociología, Álgebra, Neurociencias, Genética, Economía Política, entre otras.

Kornblihtt se refirió al ataque ideológico a distintas disciplinas, en particular a las Ciencias Sociales –Historia, Antropología, Sociología–, que el Gobierno declaró abiertamente que no financiará. De todas formas, el recorte es total.

La Argentina, destacó Kornblihtt, es un ejemplo mundial en el hallazgo de nuevas especies de dinosaurios y pterosaurios. No hay publicaciones más exitosas que las que provienen de la paleontología, favorecida por un territorio desértico nacional que facilita el acceso a los fósiles del período mesozoico. El desfinanciamiento pone en jaque este liderazgo.

Ante el argumento oficial de que «para eso están las becas del CONICET», la réplica del biólogo fue cruda: “Las becas son para que los becarios coman, y apenas pueden, no es para que vayan a hacer trabajo de campo. Hay un desprecio ideológico por la generación de conocimiento”.

Con una frase de Margaret Thatcher –citada en la plaza por el politólogo Eduardo Rinesi–, Kornblihtt sintetizó el plan de Milei: “La sociedad no existe”. El Gobierno, subrayó, se propone destruir el Estado, la salud y la universidad pública, y sumó la «traición histórica» del Poder Legislativo, que no defiende los intereses del pueblo.

“A las fuerzas destructivas hay que frenarlas con ataque –afirmó–. Y esos lugares donde dicen que se hace política [en alusión a las facultades públicas] es donde más se estudia, donde mejor se investiga”. Kornblihtt defendió el carácter político de la universidad como un espacio de excelencia: donde hay discusión, hay investigación de alto nivel.

Durante la jornada de lucha, que contó con el acompañamiento de sindicatos de docentes universitarios, se advirtió sobre el éxodo de profesores en las escuelas preuniversitarias y se volvió a exigir al Poder Ejecutivo que aplique la Ley 27.795 de Financiamiento Universitario, que obliga al Estado a actualizar salarios y presupuesto por inflación. Pese a que el Poder Judicial ordenó su ejecución inmediata, el Gobierno sigue sin cumplirla.

El cierre de la clase no fue consigna ni aplauso, sino una recitación. Kornblihtt contó que, si tuviera que llevarse algo a una isla desierta, elegiría las letras de Chico Buarque, “porque eso es poesía”. Y entonces, en español, empezó a recitar “Meu caro amigo”: “Aquí en la tierra están jugando al fútbol / hay mucha samba, mucho llanto y rock and roll. / Algunos días llueve, otros días brilla el sol / pero lo que quiero decirte es que la cosa aquí está negra”.

Y la Plaza de Mayo, que durante horas había sido aula, volvió a ser escucha. Sin pizarras ni consignas, el reclamo se condensó en esa escena mínima: un científico leyendo poesía en medio de la protesta. Como si después de todo, defender la universidad también fuera eso.