Mientras los diputados debatían en el recinto, organizaciones sociales, ambientales y productivas se manifestaron en la afueras del Congreso para oponerse a la modificación de la Ley de Glaciares que permitirá las actividades extractivistas en donde zonas que hasta hoy están protegidas. Otra vez hubo represión, en esta oportunidad de la Policía de la Ciudad.
Mientras el Congreso discutía una modificación clave en la Ley de Glaciares, impulsada por el Gobierno de Javier Milei, trabajadores de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) junto a distintas organizaciones sociales, ambientales y productivas se movilizaron este miércoles 8 de abril en las afueras del Congreso de la Nación para iniciar la jornada de protesta con un “verdurazo”. De este modo, se propusieron frenar lo que consideran un retroceso histórico en la protección de las reservas de agua dulce “que afectarán la producción de alimentos y todas las formas de vida”, tal como plantearon en su convocatoria por redes sociales. Testimonios en la calle daban cuenta de una situación en la que el Gobierno decide desampararlos una vez más.
La movilización frente al Congreso buscó incidir directamente en el debate parlamentario y la consigna de esta tarde resultó clara: “Si no hay agua, no hay alimento”. Nahuel Levaggi, referente de la UTT, explicó que la acción no fue sólo simbólica sino también política: “Estamos diciéndole `no` a la modificación de la Ley de Glaciares, para defender a los glaciares y el agua. Esto es nuestro aporte a la lucha: compartir, como siempre hacemos, el fruto del trabajo que es el alimento, dialogar con los vecinos y las vecinas, y sobre todo presionar al interior del Parlamento”.
En su análisis, la crisis del sector es profunda: “La situación del pequeño productor es muy precaria. Por un lado, hubo un achicamiento tremendo del mercado interno porque la gente no tiene plata, entonces consume menos. Por el otro, los aumentos en los costos, ya que los insumos a precio dólar aumentaron, porque como sabemos, el dólar aumentó un 500% más o menos desde que empezó este gobierno y lo mismo con el gasoil, que hoy está a $2500 y antes, hace dos años, teníamos un gasoil a $600. Todo eso es un encarecimiento de los costos de producción, y un achicamiento del mercado interno”.
Entre cajones de verduras y una larga fila de jubilados, jóvenes y familias que esperaban por recibir un par de alimentos, un productor sensibilizado dijo: “El agua no se debe tocar. Estamos entregando verduras a los vecinos y vecinas y acá vamos a seguir ayudando, siempre junto al pueblo”. A su costado una mujer que recibía un atado de esas verduras que llevaría a su hogar más tarde, también entre lágrimas, añadió: “Hay mucha gente que necesita un montón, el mundo no puede estar hecho para las empresas y para los que tienen plata, por eso vine, por los niños y también por el hambre”.
La defensa del agua fue el eje transversal de la protesta, la discusión por la Ley de Glaciares viene de hace tiempo y hoy no solo se limitó a los recintos del Congreso, sino que afuera, en la calle, las voces de los argentinos y argentinas, advirtieron sobre lo que consideran una amenaza directa a uno de los recursos más valiosos e importantes del país: el agua.
El proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei, propone modificar aspectos centrales de la ley sancionada en 2010 luego de años de lucha ambiental. Según distintas organizaciones y especialistas, los cambios apuntan directamente a desproteger a los glaciares y habilitar mayor margen de acción a las provincias en la gestión de los mismos. Desde Chubut, integrantes de la Asamblea No a la Mina, sostuvieron que esto podría abrir la puerta actividades extractivas: “Esta modificación responde a los intereses ultra mezquinos de un par de corporaciones megamineras, para que embolsen millones y millones de dólares que no derraman nada más que veneno. Y ese veneno que van a derramar, lo vamos a terminar tomando en 4 o 5 años o va a terminar matando estos cultivos”.
Desde otra perspectiva, pero con la misma preocupación, una mujer de Lomas de Zamora, vinculó el debate con su vida cotidiana: “Yo en mi casa tengo solo cuatro horas de agua por día, dos horas a la mañana y dos horas a la noche. Vivo a cinco minutos de la Capital pero no tengo agua todo el día. Así y todo, me es impensable negociar el agua, y aunque yo vivo en el conurbano y no conozco un glaciar porque no tengo los medios económicos, entiendo que el agua es vida y que es agua que necesitamos”.
Entre los manifestantes también se presentó la voz del exministro de Educación, Ciencia y Tecnología y uno de los impulsores de la ley original, Daniel Filmus, quien defendió la normativa vigente y alertó sobre el conflicto no solo climático, sino también político y económico de esta situación: “Es imprescindible el agua para la vida y para la producción agropecuaria. Dos tercios del territorio nacional tienen que ver con la influencia de los recursos hídricos que provienen de los glaciares”. Con respecto al Gobierno agregó: “Quieren arrasar absolutamente con todos nuestros recursos y por supuesto extranjerizarlos. Nosotros estamos justamente para defender la soberanía. Al Presidente le digo que en vez de defender los intereses de unos pocos, defienda al pueblo argentino. Que crea en la ciencia. El calentamiento global ha hecho que retroceda un 17% la zona de los glaciares y periglaciares en los últimos años. Yo sé que él no cree. Pero no se trata de una creencia. Es la ciencia. Los terraplanistas, los antivacunas, los que no creen en el calentamiento global imaginan que todo puede ser comprado y vendido”.
En 2010, esta Ley de Glaciares, surgió precisamente como respuesta a esa tensión ambiental, económica y política, estableciendo límites a la actividad extractiva en zonas sensibles y cuidando el único recurso que nos permitirá sobrevivir. Hoy esos límites están en discusión y, mientras en el Congreso debaten, en la calle se construía otra escena: la de quienes consideran que lo que está en juego no es solo una ley, sino el acceso a nuestra propia agua.
Entre cánticos, la gente se unía cada vez más y gritaba: “A los glaciares hay que cuidar porque sin ellos no habrá agua nunca más” y también: “El agua no se vende, el agua se defiende”, sintetizando una preocupación que unió a jubilados, productores, estudiantes y organizaciones ambientales.