Por Delfina Barczak
Fotografía: Magalí Druscovich / Archivo ANCCOM

A 44 años de la Guerra de Malvinas, Mario Volpe, veterano de guerra y exvicepresidente del Museo Malvinas Argentinas e Islas del Atlántico Sur, asegura que conmemorar a los soldados no es entregar medallas sino reivindicar que su muerte no fue en vano, a través de la defensa cotidiana de nuestra soberanía

“¿Para qué murieron los soldados sí hoy no sabemos qué está pasando en Malvinas?”, cuestionó Marío Volpe, veterano del Regimiento de Infantería Mecanizado N°7 de La Plata y exvicedirector del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur. En una entrevista con ANCCOM, el excombatiente recalcó que las Malvinas son más que la guerra y demostró que el ejercicio de la soberanía y de la memoria no se agotan en reclamos diplomáticos, ni en la entrega de medallas.

 

El regreso de la desmalvinización

Hace 44 años, los hombres y mujeres que participaron de la guerra y lograron regresar a sus casas, fueron víctimas de la desmalvinización. Este proceso político y social buscó invisibilizar, silenciar y ocultar lo que sucedió en Malvinas y fue llevado adelante tanto por las Fuerzas Armadas como por el gobierno democrático. Las razones fueron variadas, los militares no querían admitir las vejaciones cometidas por los altos mandos hacia los soldados, y el expresidente Raúl Alfonsín, no reconoció a los héroes por miedo a un retorno enorgullecido de las fuerzas. Pero el daño fue el mismo y, como consecuencia, los veteranos asumieron la ardua tarea de malvinizar al pueblo argentino concientizando sobre lo ocurrido. Tal fue su éxito que en el Mundial 2024 todo el país cantó “de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” y como aseguró Volpe en esta entrevista: “Se demostró que hoy estamos todos de acuerdo”.

Sin embargo, Volpe advirtió a ANCCOM que el Estado actúa en sentido contrario, ya que “la desmalvinización estatal se encuentra en uno de los periodos más graves desde la restauración de la democracia”. Para él, los factores que lo demuestran son: el alineamiento directo del gobierno con Estados Unidos, al cual calificó como “aliado principal e histórico de nuestros enemigos británicos”; la entrega de los recursos naturales que poseen nuestros territorios usurpados, como el petróleo, los minerales y el 70% del agua dulce del mundo que se encuentra en la Antártida; y la falta de divulgación del mapa bicontinental argentino, que representa a nuestro territorio continental americano, a la Antártida y a las Islas del Atlántico Sur en escala real.

La fina línea entre el orgullo y el negacionismo

La principal alerta de esta nueva desmalvinización es el revisionismo del rol de la Junta Militar en la guerra. En el acto central de gobierno, el presidente Javier Milei anunció que firmó un decreto para que en 2027 se entreguen condecoraciones a héroes de Malvinas. Pero vale la pena preguntarse quiénes serán los elegidos, ya que el pasado 30 de abril la Dirección Gesta de Malvinas entregó diplomas de honor a diversos veteranos entre los que se encontraba, por ejemplo, Alberto Filippini, brigadier retirado de la Fuerza Aérea y veterano de Malvinas, quién en su discurso defendió la idea que: “La guerra no fue una imposición o una orden militar con deseo de perpetuarse, fue el deseo de nuestra nación en defensa de nuestro país”. Ante estos dichos, Marío Volpe afirmó que nunca va a estar de acuerdo con quienes llevaron a los pibes a la guerra. Y aseveró de manera tajante: “Sí bien es verdad que hubo actos heroicos y aviadores, por ejemplo, que hicieron cosas asombrosas, no tenemos que olvidar que algunos de ellos posiblemente participaron de los vuelos de la muerte. Esa es la historia completa”.

 

Menos medallas y más soberanía

Para Volpe, el 2 de abril es un día para reivindicar a los colimbas muertos y contenerse entre compañeros y familiares en actos a los que van agrupaciones, colegios, hermanos de pueblos originarios que pelearon, y gente de otros países que colaboraron en Malvinas, como Perú. La patria, aseguró el veterano platense, está en el sentimiento patriótico de un padre Qom que esperó a su hijo cada domingo sentado en silencio al lado del mástil de su rancho chaqueño. Conmemorar a los soldados no es entregar medallas, es reivindicar que su muerte no fue en vano a través de la defensa cotidiana de nuestra soberanía, afirma Volpe con la voz entrecortada, y sigue: “es sostener la esperanza de que con un mayor conocimiento sobre nuestras Islas, podremos recuperarlas”.