El Proyecto Desclasificados lanzó la colección 24 de marzo de 1976, un acervo compuesto por 35 documentos del Gobierno de Estados Unidos que hacen referencia al último golpe de Estado. ANCCOM puso en diálogo este archivo con el historiador Leandro Morgenfeld, quien ofreció claves para analizar el pasado y el presente de la relación bilateral entre Argentina y el país norteamericano.
En el marco del aniversario de los 50 años del 24 de marzo de 1976, inicio de la última dictadura cívico-militar argentina, el Proyecto Desclasificados hizo pública una colección temática que reúne 35 documentos producidos por agencias de inteligencia estadounidenses (principalmente, CIA y FBI) junto con archivos del Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el NARA. Se trata de materiales producidos entre el 12 de marzo de 1975 y el 3 de junio de 1995, aunque mayormente concentrados en los días previos y posteriores al golpe de Estado; son piezas breves (un promedio de 3 carillas por documento, aproximadamente) y presentan una tasa muy alta de censura.
Este acervo permite reconstruir con creces el seguimiento cercano que el gobierno estadounidense hizo sobre la situación política y militar en nuestro país. ¿Qué sabían? ¿Quiénes eran los actores involucrados? ¿Cómo leían el escenario en esos días?
«Tengo reservas para salir de Argentina la noche del 17 de marzo. Si cancelara estos planes ahora y se produjera un golpe el sábado 18 de marzo, eso podría ser interpretado por muchos como prueba de que teníamos conocimiento previo de la acción militar. Además, podría alegarse que cancelé mis planes y me quedé aquí para ayudar a dirigir el ‘golpe’. Por lo tanto, considero que lo más conveniente para los intereses del gobierno de Estados Unidos es que siga adelante con mis planes como si no tuviéramos ningún aviso previo”, escribió el embajador Robert Hill.
Protocolo para lavarse las manos
A partir de la crisis de hegemonía que sufría Estados Unidos a principios de la década de 1970 y el alto costo político de su política intervencionista, el país del Norte estaba preocupado por no quedar vinculado al golpe de Estado en la argentina. Días antes del del derrocamiento de Isabel Perón, un telegrama del Departamento de Estado firmado por su exsecretario, Henry Kissinger, declamaba: “No deseamos recibir información sobre los movimientos en tanto detalle como para dar la impresión de que nosotros mismos podríamos estar de algún modo involucrados, o identificados, o apoyando desarrollos de este tipo”. Otro telegrama del mismo organismo durante la previa a la dictadura, escrito por Robert Hill, entonces embajador estadounidense en nuestro país, conjetura: “He planificado y tengo reservas para salir de Argentina la noche del 17 de marzo. Si cancelara estos planes ahora y se produjera un golpe el sábado 18 de marzo, eso podría ser interpretado por muchos como prueba de que teníamos conocimiento previo de la acción militar. Además, podría alegarse que cancelé mis planes y me quedé aquí para ayudar a dirigir el ‘golpe’. Por lo tanto, considero que lo más conveniente para los intereses del gobierno de Estados Unidos es que siga adelante con mis planes como si no tuviéramos ningún aviso previo. Es cierto que todos los diarios y revistas están especulando ahora con que el golpe podría producirse en breve, pero eso no es más que rumor. El hecho de que yo estuviera fuera del país cuando el golpe efectivamente ocurra sería, creo, un elemento a nuestro favor que indicaría la no participación de la Embajada y del Gobierno de Estados Unidos”.
¿Cómo es que tenían tanta necesidad de “despegarse”, si hoy sabemos que estaban a la cabeza del Plan Cóndor? Leandro Morgenfeld, historiador especialista en relaciones bilaterales de Argentina y Estados Unidos, desarrolla en diálogo con ANCCOM que el país del norte se encontraba en un empantanamiento a partir de su derrota en la guerra de Vietnam y de la flaqueza económica tras salir del patrón oro. En ese contexto, encontraba de sumo interés mantener un buen vínculo con la región latinoamericana: “Kissinger, en su doble rol como Secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional, apoyó de manera explícita el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Ese involucramiento directo con el régimen de Pinochet, junto con su respaldo a otros procesos como el golpe en Uruguay, generó fuertes resquemores en la región. Con el objetivo de recomponer vínculos, impulsó lo que denominó un ‘nuevo diálogo’ con América Latina. Por eso, cuando se produce el golpe en Argentina, aparece con mayor claridad la preocupación de Estados Unidos por no quedar tan directamente asociado a la intervención militar”.
Sin embargo, Morgenfeld se ubica en las antípodas de otros analistas que le endilgan a Kissinger una “actitud prescindente” respecto a nuestra última dictadura, otorgándole él mismo un rol central en el apoyo norteamericano a la intervención militar en Argentina: “Apenas dos días después del golpe, Kissinger ya mantiene una reunión con el Subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos en la que expresa su apoyo. También mantiene dos reuniones con Videla en junio y octubre de 1976, y se muestra junto a él en un palco durante el Mundial de 1978”. Y agrega: “La CIA definitivamente mantuvo una clara política de apoyo antes, durante y después del golpe”.
Definir de chilena
Tal como menciona Leandro Morgenfeld, la dictadura de Augusto Pinochet también se encontraba muy presente en las conversaciones diplomáticas y militares de los documentos desclasificados del Gobierno de Estados Unidos. Un cable del FBI de octubre de 1975 ya anunciaba que las Fuerzas Armadas de nuestro país planeaban hacer un coup d’etat “a la chilena” [sic]. Según indica un telegrama de National Archives de la misma época, esto preocupaba a los Estados Unidos dado que, en caso de producirse la maniobra militar, su análisis era: “La admiración por el modelo de golpe chileno está muy extendida en el Ejército y, si las Fuerzas Armadas argentinas eligen este camino, podríamos enfrentar problemas similares”. Esos “problemas similares” fueron referidos ampliamente por Morgenfeld respecto a la posible pérdida de consenso estadounidense a partir del antecedente chileno: “Apoyar abiertamente una dictadura como la de Pinochet, derrocando un gobierno constitucional muy popular en toda América Latina [como el de Salvador Allende] se chocaba de bruces con la justificación de la política exterior de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría de que ellos promovían la democracia, la libertad y los derechos humanos, a diferencia de los gobiernos totalitarios que ellos ubicaban del otro lado de la Cortina de Hierro”. En una conversación relatada por un cable del Departamento de Estado entre el entonces embajador de Estados Unidos con Emilio Massera en marzo de 1976, se deja entrever que el oficial argentino confiesa que “una intervención militar en Argentina, si ocurre, no seguirá las líneas del golpe de Estado de Pinochet en Chile. Más bien, afirmó que intentarán proceder dentro de la ley y con pleno respeto por los derechos humanos”. Más allá del intento del jefe de la Armada argentina por congraciarse con el país norteamericano, el saldo de la última dictadura cívico-militar en nuestro país, en verdad, fue: 30.000 personas detenidas-desaparecidas, centros clandestinos de detención, apropiación de bebés, torturas, violaciones, robo de bienes, entre otros delitos de lesa humanidad.
¿Era inminente el golpe de Estado?
Muchos de los documentos que conforman esta colección temática muestran un escenario previo en el que la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas aparecía como la única alternativa posible. Diez meses antes del 24 de marzo de 1976, un informe de inteligencia de la CIA ya advertía que en Argentina “las posibilidades de un golpe militar han aumentado considerablemente”. Es interesante observar que también se vislumbra una resistencia de la sociedad al golpe de Estado, contradiciendo las versiones de una solicitud unánime de la intervención militar: un telegrama del Departamento de Estado pone en duda a un militar argentino que aseguraba que el golpe sería en respuesta a una gran demanda popular en el país, y un documento de inteligencia del Departamento de Defensa muestra en un mapa las embarcaciones desplegadas por la Armada días antes de la intervención militar porque esperaban posibles contrainsurgencias a la maniobra.
Finalmente, puede leerse como un libro: el mismo 24 de marzo de 1976, un checklist de la CIA afirma: “El largamente esperado golpe de Estado de las Fuerzas Armadas contra la presidenta Perón se produjo en las primeras horas de la mañana de hoy”, y detalla a continuación: “La mayoría de los oficiales parece inclinarse por una economía de mercado capaz de atraer inversión extranjera, aunque algunos defienden el nacionalismo económico”. En los hechos, la política económica de la última dictadura argentina estuvo conducida por José Alfredo Martínez de Hoz, quien estableció un programa de valorización financiera e instauró en nuestro continente una de las primeras políticas económicas neoliberales del mundo, basada en la apertura comercial, la desregulación, la desindustrialización, el endeudamiento externo masivo y la concentración de la riqueza. Morgenfeld analiza las continuidades de este modelo -explícito en los documentos desclasificados del primer día del golpe de Estado- con el modelo económico actual de Javier Milei: “Igual que el de Martínez de Hoz, es un plan económico avalado por el Fondo Monetario Internacional, con una dependencia financiera muy importante de Estados Unidos”. Pero también agrega un distanciamiento en lo político, dado que “hoy el alineamiento de Argentina con los norteamericanos es casi neocolonial: nuestro país vota lo mismo que Donald Trump en Naciones Unidas. No encontramos otro momento de la historia, incluso con gobiernos militares, donde la política de subordinación a Estados Unidos alcance este nivel. Hoy tenemos un alineamiento total y absoluto con Estados Unidos como no tuvimos nunca en la historia”.
Sobre el Proyecto Desclasificados
Esta iniciativa es impulsada por los organismos de derechos humanos Abuelas de Plaza de Mayo y el CELS, junto a estudiantes de diferentes universidades nacionales –entre las que se encuentra la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA–; su objetivo es la puesta a disposición de los 4953 documentos que Estados Unidos le entregó a la Argentina en 2019. Actualmente, se puede acceder a más de 3000 de esos materiales en la página web desclasificados.org.ar.
Los documentos mencionados son parte de la colección temática 24 de marzo de 1976 y se pueden encontrar bajo los nombres: C06278214, C06278213,1392544-0 – 109-BE-2-1441-1442, DOCID-32455646, C06278213, NATIONAL INTELLIGENCE DAI[15515280], C06278214, Document 4-106, INTELLIGENCE CHECKLIST[15502882], en orden de aparición cronológica en la nota.