Por Marcel Chávez
Fotografía: Oriana Estrada

Con notable persistencia, los jubilados volvieron a marchar este miércoles a Congreso. Otra vez hubo represión y heridos. Tres de ellos resultaron detenidos.

Al menos tres jubilados fueron golpeados y detenidos por efectivos policiales este miércoles frente al Congreso de la Nación, en un contexto de reclamos por mejoras en los haberes previsionales y por la restitución de los medicamentos gratuitos. El operativo estuvo a cargo de la Policía Federal y Gendarmería, que aplicaron el “protocolo antipiquetes”, en una jornada que contó con el acompañamiento de organizaciones sociales, políticas y sindicales, a poco de haberse sancionado la reforma laboral.

Como todos los miércoles, jubilados y jubiladas, acompañados por organizaciones de la sociedad civil, se concentraron en las inmediaciones del Parlamento para reclamar por la pérdida del poder adquisitivo y la falta de medicamentos. Alrededor de las 15 horas se produjeron los primeros incidentes, que derivaron en la detención de Delia Luján Montiel, Carlos “el Chaca” Dawlowski y otro manifestante identificado como Ricardo, quienes fueron golpeados, demorados y liberados una hora después. Montiel y Dawlowski, derivados al hospital Ramos Mejía.

«Para los viejos, la libertad» y «Qué feo debe ser pegarle a un jubilado para poder comer», fueron los cánticos más entonados en medio de un operativo policial desproporcionado para la cantidad de manifestantes. Además, había malestar entre quienes protestaban ya que los uniformados ocupaban la vereda, restringiendo incluso espacios permitidos por el protocolo.

Alrededor de las 16:30, el contingente de jubilados comenzó a marchar de manera pacífica alrededor de la Plaza del Congreso. «Sufrimos mucha represión. Los jubilados no provocamos, sucede muchas veces que la policía achica las veredas para que no nos podamos manifestar», contó Alberto, de 67, años en relación a los incidentes previos. Además, señaló que asiste a las marchas desde que vio “por televisión que tiraron a una viejita: me dio bronca y empecé a venir”.

Entre los carteles se leía «Soy jubilado, yo sí que me deslomo para llegar a fin de mes», en respuesta a declaraciones del Jefe de Gabinete presidencial, Manuel Adorni, cuando intento justificar el viaje de su esposa con la comitiva oficial que fue la semana pasada a Nueva York. Otro, sostenido por Julio, de 74 años, y elaborado por su nieta, afirmaba: “El síndrome de derecha está afectando a buena parte de la población: es estar enamorados de sus explotadores”.

Felicitas Duche sostiene una bandera que dice «No Matarás» y pertenece a una organización que lleva el mismo nombre. “Las jubilaciones están por debajo de la línea de pobreza. Las familias están empobrecidas por los magros sueldos de trabajadores y profesionales”, afirmó. Además, denunció que “no están entregando remedios o los entregan tarde, ocasionando aún la pérdida de vidas”.

Hay algunos con bastante lucha encima, como Héctor de 88 años, que cada semana toma un colectivo de la línea 50 para viajar desde Lugano hasta Congreso. «El gobierno contribuye al malestar del pueblo. Yo soy jubilado y me mantengo como puedo», afirmó. Otros, como Fabio de 70 años, aseguran haber perdido la cuenta de cuándo empezaron a asistir: “Ya me olvidé desde qué año vengo… desde la época de Norma Plá”, recordó. “Hay puntos en común con aquella época, hay que seguir luchando por la dignidad del pueblo”. Pensionado y con una discapacidad, contó que aún sigue trabajando para sostenerse.

Marta tiene 69 años y hace dos participa de la marcha de los miércoles. «Sigo viniendo porque no podemos abandonar. Los jubilados también apoyamos otras luchas como la Ley de Glaciares y la de las universidades». Contó que continúa trabajando “porque es la única manera de sobrevivir” y advirtió sobre el impacto de los aumentos en los alimentos: “Me gustan las frutas y las verduras, pero no se pueden comprar, aumentaron una barbaridad”. Además, expresó su preocupación por la represión en las protestas: “A veces preferiría que los jóvenes no vengan, porque acá nos golpean, nos gasean y no quiero que les hagan eso”.