Por Abril Santiso
Fotografía: X Carlos del Frade

La complicidad del empresariado argentino, el reemplazo de una economía productiva por una economía financiera basada en la especulación, el periodismo como sujeto clave para la legitimación del gobierno de facto, y las consecuencias que se arrastran hasta el presente son solo algunos de los temas que aparecen en «50 años después. De Videla y Galtieri a Milei», el libro que presenta Carlos del Frade.

Carlos del Frade, periodista y diputado por la provincia de Santa Fe, presenta el próximo 25 de marzo su último libro 50 años después. De Videla y Galtieri a Milei, un relato que invita a revisar el plan económico de la última dictadura militar y cómo resuena en la política argentina actual.

“El comienzo de 2026 presenta matrices invictas de 1976”, afirma el autor poniendo en diálogo el ayer con el hoy. Carlos del Frade invita a lo largo del libro a analizar los esfuerzos del gran capital por someter al pueblo y a los gobiernos que juegan con sus reglas. 

La complicidad del empresariado argentino, el reemplazo de una economía productiva por una economía financiera basada en la especulación, el periodismo como sujeto clave para la legitimación del gobierno de facto, y las consecuencias que se arrastran hasta el presente son solo algunos de los temas que aparecen en el libro.

Testimonios mediante, Del Frade logra introducir nuevas miradas ante un tema del que ya se ha escrito muchísimo: la dictadura de 1976. Federalizando el discurso y descentralizándolo de Buenos Aires, el autor relata la historia de las Madres de la Plaza 25 de Mayo en Rosario y pone en discusión la figura olvidada de Agustín Feced, represor del levantamiento de 1960, participe en las persecuciones durante los “Rosariazos” y acusado de haber tenido un vínculo muy estrecho con la Triple A. Más adelante fue comandante de la Gendarmería Nacional Argentina y nombrado jefe de la Policía de Rosario.

A cincuenta años del último golpe de Estado, este periodista que saltó a la política propone “soberanía de la cabeza, palabras propias, alegría y democratización de la felicidad.”

Al principio del libro menciona que “la tristeza termina siendo una forma de complicidad” ante un presente que solamente puede ser feliz para unos pocos, los más ricos. ¿Qué alternativa propone ante un gobierno que constantemente golpea a los sectores más vulnerables y a la clase trabajadora?

Para mí es fundamental elegir pensar. Cuando vos pensás, te das cuenta que siempre los pueblos pueden llegar a cambiar su historia y, por lo tanto, la tristeza, la resignación, hoy son herramientas del sistema. Por eso me parece que para cambiar la realidad que agobia a cualquier persona, esa persona tiene que salir, juntarse con otros que estén en la misma situación y ver cómo la pueden pelear.

La resignación termina siendo una manera de complicidad y es una pésima respuesta a lo que le puede pasar a cualquier persona. Por eso la dimensión política de la existencia para mí es fundamental y eso se logra con el pensamiento.

 

En relación a la reforma de la SIDE que llevó a cabo el presidente Milei bajo el DNU 941/2025, ¿considera que podría ser una actualización de la doctrina de seguridad nacional?

Lo que nosotros tenemos hoy en la Argentina, como en toda América, es la actualización de la excusa, en este caso, el narcoterrorismo, para llevar a cabo la doctrina de seguridad continental. Eso está absolutamente renovado a partir del gobierno de Donald Trump en los Estados Unidos y más en quienes hoy se presentan como sus colonias, absolutamente subordinadas, como es el gobierno de Milei. Entonces me parece que lo que ellos buscan es meter al ejército con la excusa del combate al narcotráfico para meter miedo y, en forma simultánea, un sistema de inteligencia para que a nosotros, los opositores, nos sigan en las redes sociales y en todo lo que se está discutiendo. Incluso este fin de semana, un diario como Clarín informaba que el gobierno va a tratar de modificar esos artículos para que sea votada como ley esta cuestión de la Secretaría de Inteligencia del Estado.

Hay mucha tecnología que los países como Israel están muy interesados en vender.

Me parece que estamos en un momento de lo que Ramónet hace muchos años atrás llamó El imperio de la vigilancia. Ese imperio de la vigilancia busca, por sobre todas las cosas, a quienes cuestionamos políticamente este sistema.

 

Usted mencionó que seis de cada diez desaparecidos eran trabajadores menores de 35 años. Actualmente, esa franja etaria es el principal sustento electoral de Milei. ¿Cree que a partir de la última dictadura lograron domesticar a las juventudes? ¿Cómo cree que puede revertirse?

A mí me parece que lo que más genera cambios en la manera de pensar son las maneras de vivir. Cuando las maneras de vivir se hacen muy difíciles empieza a surgir la necesidad de saber por qué cuesta tanto vivir. Entonces allí tenemos que estar siempre con los brazos abiertos en disposición de democratizar información para que la gente sepa que hay una explicación a tanto dolor, que hay responsables de ese dolor. Queda claro en la historia de la humanidad, no hubo pueblos que se han suicidado, entonces más allá de ciertas equivocaciones o ciertas creencias, después, más temprano o más tarde empiezan a surgir por propia necesidad existencial, la necesidad de pensar e ir para otro lado.

Menciona que 1.627 decretos de la dictadura siguen vigentes, ¿por qué creé que en estos 43 años de democracia ningún gobierno los derogó?

Por los intereses que representan esas leyes. Creo que la más clara expresión de eso es la Ley de Entidades Financieras de febrero de 1977 en donde los bancos se ven beneficiados con dinero que no es de ellos, sino del pueblo. Eso no se modificó porque no hubo democracia que vaya en profundidad a cuestionar el sistema financiero. Se ha resignado ante el sistema financiero: el mejor ejemplo fue 2001, cuando se tragaron los ahorros de los ciudadanos. La gente reaccionó contra los bancos pero dos años después hubo que volver a los bancos. 

 

Nombra a Agustin Feced, comandante de la Gendarmería Nacional Argentina, y jefe de la Policía de la Provincia de Santa Fe, y lo nombra como uno de los mayores represores de la provincia ¿Por qué cree que su figura es poco conocida?

Se ha dado la investigación sobre quiénes eran los represores que tuvieron la tarea de domesticar una ciudad obrera como era Rosario. Feced era un gran títere macabro, pero era eso, un títere. Feced incluso inventó su propia muerte, como nosotros lo relatamos en la investigación periodística. Pero a mí me parece, como siempre en este país profundamente unitario  que hasta la historia depende de Buenos Aires, incluso lo que sucedió en cada provincia se subordina a lo que cuenta Buenos Aires. Por más progresista que sea el que escriba la historia, se encuentra la perspectiva de Buenos Aires que termina generando mucha ignorancia en las ciudades de provincias como la nuestra, que no conocen que Galtieri llega a Malvinas por el poder económico de Rosario, no conocen la dimensión de un asesino tan impresionante como era Agustín Feced, a quien le ofrecieron la conducción nada menos que de la Triple A. Esas historias debían ser difundidas por los grandes medios, pero están subordinadas a las pautas que le ponga el gobierno de turno. Por eso la gente de Rosario no conoce a los mayores asesinos de Rosario que fue primero Galtieri y después Feced.

 

A lo largo del libro relata el apoyo que le dio parte del periodismo a la dictadura. ¿Cómo ve actualmente la labor periodística ante lo que sucede hoy, desde la quita de derechos laborales hasta la violencia y represión policial?

Lo que nosotros vemos es que la degradación de la política es directamente proporcional a la degradación del periodismo. Forma parte de la misma construcción de sentido, está subordinado al poder económico de las empresas, no solamente medios de comunicación, sino de todo lo que viene a través de las empresas que manejan el dataísmo que llega por las redes sociales. Me parece que esa subordinación genera un periodismo chato, mediocre, mezquino donde se informa más la propaganda del que pone más plata que los por qué de los hechos cercanos que no se informan porque no interesa a los patrones.

 

¿Cómo cree que puede revertirse eso?

Con conciencia política del trabajador y de la trabajadora de prensa. Sin conciencia política  y sin conciencia de clase el periodista que no se considere trabajador va a ser usado hasta ser tirado.

 

Desde que asumió Milei, en fechas como el 8 de marzo o el 24 de marzo, el gobierno sube a las redes sociales oficiales videos provocadores. ¿Qué piensa que sucederá este año?

Creo que vamos a tener provocaciones más hondas. Yo creo que pueden a anunciar el indulto para los represores que están presos, así que hay que estar preparados para no reaccionar de la misma manera y redoblar los esfuerzos en democratizar la información. Es la única manera que podemos seguir insistiendo en un camino diferente, pero creo que van a querer liberar a los represores.