Por Malena Cáceres
Fotografía: Captura de pantalla trailer

Entre el humor ácido y los vínculos queer, la película “300 cartas” propone repensar el amor en tiempos de inmediatez digital. Su director, Lucas Santa Ana, sostiene que el simple hecho de mostrar historias y personajes del colectivo LGTBQI+ en pantalla ya tiene un valor político.

Una “anticomedia”, así la define a 300 cartas su director, Lucas Santa Ana. La película cuenta la ruptura amorosa de Tom y Jero. De un día para otro, Tom desaparece sin más explicación que una caja con 300 cartas, una por cada día de la relación, una especie de guía para reconstruir qué pasó y por qué el vínculo terminó. Tras haber recorrido 16 festivales, Lucas Santa Ana, el director de 300 cartas, recibe a ANCCOM en la puerta del Centro Cultural de la Cooperación (CCC).

Allí, antes de ingresar a la sala, el público se encuentra con una puesta alusiva. Las cartas se encuentran al alcance de la mano, para ser vistas y para ser partícipes. “Quisimos acompañar la idea en el espacio de exhibición, con una instalación que introduzca al espectador en el universo de la película antes de que empiece la función. La intención es que la experiencia no sea solamente ver el film, sino también generar una pequeña antesala narrativa”, explica Santa Ana, cuya anterior película, Yo, adolescente, estrenada en 2020, tuvo miles de visualizaciones, primero en Cine.ar y luego en Netflix.

Cuando las luces se apagan, comienza 300 cartas y el relato de uno de los personajes. “Proceso que también implica repensar al otro, repensarse a uno mismo y reflexionar sobre cómo construimos nuestras relaciones –afirma Santa Ana–. Un choque entre dos formas de habitar el mundo y también entre dos formas de entender los vínculos”, en referencia a que son dos personajes muy distintos entre sí dentro de la subcultura queer.

Después de su estreno en el Rozefilmdagen, Ámsterdam, la película se proyectó en el Framline, en San Francisco, en el LesGaiCine, en Madrid, en el Lovers LGBT Film Festival de Turín, entre otros. “Los festivales –dice el cineasta– funcionan como espacios de exhibición, pero también como lugares de encuentro dentro de la industria. En muchos casos pagan por proyectar la película y ayudan a darle visibilidad. Es un trabajo, es ir a conocer y charlar con las personas, crear lazos, redes”.

“Además, existen festivales especializados, entonces una película que aborda ciertas temáticas puede circular bien dentro de esos circuitos. En mi caso, como ya llevo varios años participando en festivales, muchos programadores conocen mi trabajo y están atentos a mis nuevos proyectos. Eso facilita la circulación”, agrega.

El estreno en Argentina tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires en octubre del año pasado, en la sección de diversidad sexual. “Fue hermoso, era una sección que no existía en el festival y que nos hayan llamado para hacer la apertura fue lindo. Y recientemente, en febrero, 300 cartas fue nuevamente película de apertura en el Festival de Cine de Diversidad Sexual que se hace en el CCC, y eso nos permitió que quieran la película para proyectarla en marzo. No estamos presentándola de manera comercial, por lo tanto, manejamos otra dinámica. Una exhibición por semana en el mismo horario les permite a las personas organizarse y hace que ‘el boca en boca’ se vuelva efectivo”.

A partir de la segunda función, a sala llena, la película se adaptó para personas hipoacúsicas. “Es algo que ya trabajé. Ahora me queda pensar en nuevas oportunidades para acercar a más personas al cine, como en versiones audio-descriptivas para gente que tiene dificultades en la visión. Lo mismo para funciones inclusivas para personas con autismo y TEA. El volumen tiene que ser distinto, la mezcla de sonidos debe ser distinta. Esto lo fui aprendiendo, trabajando en teatro. Hacíamos funciones no solo para exponer la temática, sino también para que la gente con TEA pueda efectivamente ser partícipe del encuentro”.

Más allá de que la película no sea una denuncia directa a la situación que atraviesa hoy la comunidad queer, Santa Ana sostiene que el simple hecho de mostrar historias y personajes del colectivo en pantalla ya tiene un valor político, y más ahora, ya que “la desfinanciación del cine y de la cultura en general, en nuestro país, invisibiliza nuestras historias, dejamos de vernos representados en las pantallas porque hay menos posibilidades”.

“Aún en el medio de una crisis, seguimos filmando. Más allá de las dificultades, yo tengo una mirada esperanzadora. Nuestra cultura audiovisual es pujante. Siempre vamos a intentar llegar al público, no importa la manera. Tenemos una cultura muy resiliente y resistente”, subraya Santa Ana, para quien 300 Cartas es una invitación a soltar las narrativas impuestas por la inmediatez digital para encontrar un amor que sea, finalmente, auténtico. En su crítica reflexiona sobre la forma en la que vivimos hoy, permanentemente conectados y mirando el celular. “Hay una lógica de mensajes rápidos. La película nos propone pensar otra forma de vincularnos, un poco más lenta, más reflexiva. Por eso también aparece la idea de las cartas, de lo analógico, de tomarse el tiempo para escribir y para pensar lo que uno quiere decir”.

“Los niveles de ansiedad y TDAH no son arbitrarios, hay una interrupción de la vida en nuestro presente a través de lo digital –reflexiona–. Y estamos expuestos a fenómenos realmente dañinos, como el miedo a perderse algo [conocido como FOMO por sus siglas en inglés] y el cyberbullying”. 300 cartas integra estas problemáticas desde del humor y la sátira, y allí aparecen Tom y Jero mostrando su amor ideal en las redes, que poco a poco se va rompiendo, a partir del desmantelamiento del simulacro y lecciones de cinismo, el amor como performance.

Santa Ana, director, guionista y productor, egresado de la ENERC, repasa su carrera, atravesada por la temática de la diversidad sexual y las identidades: “Gran parte de mi filmografía gira en torno a esos temas. Uno de los trabajos que hice fue un documental sobre la vida del activista Carlos Jáuregui, El puto inolvidable, muy bien recibido y que hoy se utiliza en escuelas, dentro del marco de la ESI, porque cuenta los inicios del movimiento de diversidad sexual desde el regreso de la democracia. También hice un documental sobre la vida de Ilse Fuskova, una figura muy importante para el feminismo y lesbianismo en Argentina desde los años noventa”.

La película 300 cartas se exhibe todos los miércoles de marzo y abril a las 20:30 en el CCC, Avenida Corrientes 1543, CABA.