Por Karina Baldonado
Fotografía: Captura de pantalla.

Veinte motos, camionetas y una cantidad desmedida de efectivos de la patrulla municipal de Vicente López reprimieron con balas de goma, palos y gas pimienta a murgueros y familias que se disponían a celebrar el corso de Munro. Hubo heridos y un detenido. “Arruinaron todo”, dicen vecinos y organizadores.

“Estábamos armando el evento de cierre de los carnavales 2026, preparado todo para que la gente se divierta, cuando de pronto irrumpieron las fuerzas policiales, entre ellas la patrulla municipal en motos y camionetas, como si estuvieran haciendo un operativo y nosotros, los murgueros, fuéramos delincuentes”, relata Danilo Pérez, integrante de Murgas Unidas, presente en el momento de los hechos.

El operativo represivo, a cargo de la policía de Vicente López –la misma fuerza que en septiembre de 2025 causó la muerte de Octavio Buccafusco–, ocurrió el 7 de marzo pasado en la zona de Florida Oeste, en Avenida Mitre y Francia. Además de la policía local, actuaron la Bonaerense y Gendarmería, que avanzaron sobre murgueros, militantes y vecinos disparando balas de goma, arrojando gas pimienta y pegando con garrote a todo aquel que se interpusiera, sin un motivo específico.

Lo que estaba destinado a ser una celebración alegre y colorida, con música y baile, se transformó en un escenario de represión. Decenas de personas quedaron conmocionadas ante la violencia y la intolerancia policial, que opacaron el clásico corso de cierre de carnaval que se realiza en tantos barrios populares.

“Nos pidieron que les mostráramos el permiso para hacer el evento –prosigue Danilo Pérez–, les dijimos que habíamos hecho la notificación correspondiente, del mismo modo que lo venimos haciendo desde 2023, dejando la notificación en la mesa de entrada de la municipalidad, inclusive invitando al municipio a ser parte de esta fiesta popular, y que no obtuvimos respuesta, pero sí teníamos el aval del Espacio Cultural de Vicente López”.

“A la intendenta Soledad Martínez no le importó que se tratara de una fiesta popular y respondió con represión. Así, llegaron los agentes a arruinar el esfuerzo de meses de trabajo de los integrantes de las comparsas de los distintos barrios, que se deberían haber presentado esa noche. La policía empezó a discutir, nos dijeron que no podíamos cortar la calle, que no teníamos el permiso, no nos quisieron escuchar y empezaron a agredir. La patrulla metropolitana no puede tocar a la gente, no puede agredirla directamente ya que esa no es su función, deben prevenir y no reprimir”, subraya Pérez.

“Las murgas son un capital cultural, social y no económico –afirma–, se autogestionan, ya que en sus  peores momentos los integrantes de las comparsas sacan de sus bolsillos plata para pagar sus trajes, la música, alquilar transporte, todo para que su murga salga, porque quieren que su murga refleje la identidad de su barrio, por eso las banderas llevan su nombre, las murgas construyen el folclore popular del barrio, y frente a esto la intendencia de Vicente López optó por la censura, faltando el respeto a las organizaciones murgueras y al pueblo”.

En cientos de barrios del conurbano bonaerense, los corsos son una tradición de larga data. Cada año, miles de personas se reúnen a celebrar el carnaval animado por las murgas, que con el sacrificio de meses de trabajo ofrecen un espectáculo en el que participan familias enteras y que puede disfrutar toda la comunidad.

“Estoy indignada, no podía creer lo que estaba pasando. Vivo acá hace 30 años y nunca había sucedido algo así. La murga es una tradición en nuestro barrio de Vicente López, es algo que nos une a los vecinos, que nos hace felices. Las patrullas municipales y luego la policía vinieron sin ninguna justificación y lo arruinaron todo. Mi nieto, de 7 años, estaba asustado, no entendía qué pasaba y pienso por qué no nos pueden dejar en paz”, expresa Norma García (64), comerciante y vecina, en diálogo con ANCCOM.

Otra vecina, Mercedes Contreras (59), cuenta: “Me dio malestar e impotencia ver tantos policías que en vez de cuidarnos y estar en otros lugares donde sí hay peligro, estaban reprimiendo y violentando un evento de la comunidad. Nos quieren sacar los espacios públicos tradicionales como son los festejos de carnaval. Esa noche también levantaron las mesas y las parrillas, que iban a ser puestos de comida, se los quisieron llevar en las camionetas, y fue ahí, entre tire y afloje, que empezaron los disturbios y las familias con niños pequeños se tuvieron que retirar inmediatamente”.

En el corso también había una concejala, Laura Braiza, de Unión por la Patria, militante del Comité Ateneo Néstor Kirchner, a quien la policía le apoyó un arma en el pecho cuando ella puso el cuerpo para defender a la agrupación Murgas Unidas de la represión. Las fuerzas de seguridad se llevaron detenido en el cajón de una camioneta municipal al militante Aníbal Acerbo, que horas más tarde, ante la inexistencia de cualquier delito, debió ser liberado.