Por Sofía Spinelli
Fotografía: ARCHIVO Maria Bessone, Lucio Barrera Oro, Pamela Pezo Malpica

En vísperas de un nuevo Día Internacional de la Mujer, Anccom conversó con las investigadoras Luci Carvallero y Dora Barrancos sobre el impacto del recrudecimiento de las políticas neoliberales sobre mujeres y diversidades y las respuestas de los feminismos.

El próximo domingo es uno muy especial en la agenda de las mujeres alrededor del mundo. Este, particularmente, es también uno muy oscuro en Argentina. A pocos meses de iniciar el 2026, nuestro país registra un femicidio cada 34 horas en lo que va del año. En un contexto de recortes a políticas de género (y de todo tipo en materia de derechos humanos), la situación parece estar muy lejos de la lista de prioridades del Gobierno de Javier Milei.

En diálogo con Luci Cavallero -socióloga, investigadora y activista- y Dora Barrancos -socióloga, investigadora, historiadora y educadora-, ANCCOM puso la lupa sobre las batallas más duras que enfrenta el feminismo en la actualidad.

“Estamos en el marco de lo que muchos autores y activistas llaman un régimen de guerra global, donde hay una disputa hegemónica entre potencias” cuenta, muy contundente, Luci Cavallero. “A nivel local, la anexión de nuestro país a ese régimen de guerra significa, por un lado, la destrucción de todas las capacidades productivas, tecnológicas y soberanas y, al mismo tiempo, la adhesión a un modo de configuración de capitalismo actual: el Trumpismo, y la expresión política de esa crisis hegemónica, que implica la persecución de los colectivos feministas y de la comunidad LGTBIQ+. Con la particularidad de que estos gobiernos, mientras concentran riquezas para los multimillonarios, participan en fiestas de pedofilia. No es una excepción, sino una metáfora de que este nivel de concentración de la riqueza también involucra el acceso ilimitado al cuerpo, a la vida y a los territorios”.

Cavallero destaca que en este 8 de marzo se ve muy claro el triángulo capitalismo, patriarcado y colonialismo, que en nuestro país se refleja con despidos, pérdida de derechos, retrocesos históricos en materia de género y derecho laboral, represión y persecución política. “Es un 8M donde la dimensión internacionalista de nuestras prácticas toma más relevancia que nunca. Creo que una fecha así tiene la posibilidad de visibilizarse como resistencia a este régimen de guerra”, dice.

Es una realidad innegable que el actual modelo económico está generando menos empleo registrado y más informalidad, lo que impacta especialmente en las mujeres. Entre 2023 y 2025 el total de puestos de trabajo registrados cayó de 13.375.000 a 12.800.000, es decir, se perdieron más de 575.000 empleos formales en dos años.

Al mismo tiempo, la informalidad aumentó, lo que implica más trabajadores sin protección laboral ni seguridad social. Esto ocurre en un contexto de financiarización de la economía y desindustrialización, dos procesos que históricamente reducen el empleo de calidad y generan mayor precarización laboral.

También se suma el colapso del Monotributo Social, que funcionaba como una puerta de entrada a la formalización laboral para trabajadores de bajos ingresos: se registró una caída del 62,5%. Esto no solo implica pérdida de formalización, sino también menos acceso a obra social y protección social, afectando particularmente a muchas mujeres que trabajan en actividades informales o comunitarias, según registra un informe de opinión pública de Ágora Consultora y La cocina de los cuidados de la mesa intersindical de diciembre de 2025.

“La agenda feminista logró que ciertos temas se hicieran masivos, como la pregunta por quiénes cuidan, quiénes producen riqueza, cuál es la diferencia, las brechas salariales… Obviamente estamos en un momento de retroceso general, donde la crisis económica está sacando rápidamente a las mujeres de la participación política como parte de ese proceso. Además, estamos en un momento donde la represión hace que justamente salir a las calles se piense dos veces”, describe Cavallero.

Siguiendo el relato de Cavallero, el informe señala que en Argentina las mujeres tienen mayor desempleo que los varones (7,4% vs 5,9%), mayor informalidad (39,3% vs 36,7%) y mayor pluriempleo (15,4% vs 8,9%). Así, es improbable pensar en la reforma laboral recientemente aprobada como una mejora para las trabajadoras: esta no reconoce la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados entre varones y mujeres.

Pero la reforma no sólo afecta a las mujeres, sino a todos: a pesar de la desaceleración inflacionaria, el salario real no logró recuperarse. Cayó 5,4% en el sector privado registrado y 5,3% en el sector público. Además, la morosidad (retraso en el pago de deudas) alcanzó su nivel más alto desde 2010, lo que indica que cada vez más personas no pueden pagar sus compromisos financieros.

Ante estos datos, ANCCOM consultó a Dora Barrancos sobre el efecto de la nueva normativa en las mujeres y diversidades: “Impacta la autorización extraordinaria que hay para desagregarse a los derechos. Hay aspectos de lenguaje y aspectos críticos que tienen que ver con retrocesos flagrantes en la ley. Por ejemplo, la línea extraordinaria telefónica por la cual las personas en situación de violencia podían demandar ayuda, hoy es una maquinita que dice algo así como “Deje su recado y después nos contactamos”. Esto es escandaloso. Además, en los programas de equidad de género, en los foros internacionales, se ve claramente la depreciación que está surgiendo en la Argentina por sus encolumnadas circunstancias”.

El relevamiento realizado por el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven ubicó a la vivienda como el lugar más peligroso para las mujeres: el 44% de los ataques se produjo en el domicilio de la víctima y el 23% en la casa compartida con el agresor. En el 72% de los casos, los atacantes eran parejas actuales o pasadas de las mujeres asesinadas. En consecuencia, al menos 23 niños y niñas perdieron a sus madres en lo que va del 2026.

Barrancos afirma que la falla no está en el movimiento. “Al feminismo en Argentina le va muy bien, lo que no está nada bien es el contexto político. Estamos en una circunstancia crucial, en un momento crepuscular en diversas partes del mundo con la emergencia de las extremas derechas. A los feminismos en el mundo les está yendo como corresponde, con posiciones cada vez más resistentes, más allá de las temerarias circunstancias que se viven, de las amenazas que en algunos lugares existen, de la censura y la autocensura. Sabemos que las feministas resisten”, decreta. Y agrega: “Este 8 de marzo es un acontecimiento particular porque estamos enfrentándonos, después de la recuperación democrática, a la situación más tenebrosa de la que tengamos memoria”.

Como es lógico en estos tiempos, los medios de comunicación y las redes sociodigitales no se quedan por fuera de este conflicto: por el contrario, juegan un papel fundamental en la construcción del feminismo. “Los medios son parte de la contraofensiva, marcando al movimiento feminista como enemigo y aplicando un ajuste criminal que sacó a las mujeres de la participación política. Tuvieron un rol muy conservador que respaldó el retroceso. Hoy es mucho más difícil encontrar periodistas feministas en los medios. Hoy los medios se articulan con la normalización de la ultraderecha”, opina Luci Cavallero.

Desde una perspectiva quizás más esperanzadora, Barrancos dice: “El papel de los medios y de las aplicaciones no es homogéneo. Hay que saber que algunas voces no son todas las voces, ni algunas expresiones son todas las expresiones. Como estamos tan preocupadas y desesperadas, a veces hay una idea de que todas las locuciones son iguales. Hay efectos de poder, hay efectos de fórmulas mercenarias, hay de todo. Felizmente no faltan las voces disidentes”. Aunque ve, claramente lo inquietante de nuestra actualidad: “Estamos en un periodo de reconfiguración debido a un azote que no estaba previsto, frente a esta regresión tremenda de los derechos de las mujeres, de las diversidades sexogenéricas. Veníamos de unas décadas de ascenso de nuestros derechos y, además, con una conquista tan extraordinaria, como es nuestra Ley de Aborto. Argentina estaba, hasta el 10 de diciembre de 2023, en una circunstancia de ascenso en materia de todos los derechos humanos. Pero hay una resistencia notable y un avance de subjetividades feministas en las jóvenes generaciones. Nos reconfiguramos porque estamos re-existiendo”.

Argentina atraviesa un proceso de deterioro simultáneo en empleo, ingresos, protección social y sistema de cuidados, que impacta con mayor intensidad en las mujeres. Desde el comienzo del actual Gobierno neoliberal, se registra un aumento de la precarización laboral, una ampliación de la brecha salarial de género, un deterioro del poder adquisitivo, una crisis alimentaria en sectores populares, una sobrecarga de tareas de cuidado en los hogares y un debilitamiento de políticas públicas de género y cuidado. Desde 2024, por ejemplo, fueron desmanteladas políticas clave que tenían como objetivo combatir problemáticas fundamentales en el país como el embarazo adolescente: Educación Sexual Integral (ESI), Plan ENIA y acceso a la interrupción legal del embarazo, que habían logrado reducir el embarazo temprano a 58% entre 2017 y 2023. En ese contexto, las discusiones sobre el futuro del trabajo y el envejecimiento de la población se están dando sin escuchar a quienes sostienen el cuidado cotidiano de la sociedad.

Pero, ¿qué capacidades organizativas tiene el movimiento para “reactivarse” a pesar de las constantes trabas que las hegemonías capitalistas intentan ponerle? ¿Cómo hacer una fuerza de empuje? Barrancos afirma, con toda seguridad: “Soy una clarísima exponente del optimismo de la voluntad. No me vengan con pesimismo. Ya sabemos lo que tenemos que hacer: lo que históricamente hemos hecho. Vamos a resistir, y vamos a redoblar la apuesta en una reconquista de todos los derechos perdidos y, desde luego, en la obtención de muchísimos más, para que la vida de las mujeres, y la vida en general, sea digna de ser vivida”.