Por Martín Calderón
Fotografía: ARCHIVO Magali Druscovich y Valentina Bellomo

Araceli Pintos pelea por su reincorporación en el subte, donde fue despedida luego de denunciar acoso, tanto por un policía como por un supervisor. Anccom conversó con ella y con Claudio Dellecarbonara, delegado de la Línea B, quien anuncia una apertura de molinetes el 9 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujeres, para que recupere su puesto de trabajo.

Araceli Pintos tiene 27 años y dos hijas de las que se hace cargo sola. Desde muy chica estuvo esperando en la bolsa de trabajo para poder entrar a trabajar en el subte, como su padre. Su deseo pasó a realidad, aunque no como la imaginaba: manifiesta haber sufrido maltrato laboral por su superior, acoso por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad en servicio y el despido por parte de Emova luego de denunciar la situación.

“Me daba miedo ir al cuarto de descanso porque es muy chiquito y lo compartíamos con él. Además, siempre estaba poniendo el arma sobre la mesa. Es un policía y uno no sabe cómo pueden reaccionar, más hoy en día que están cada vez más locos”, cuenta en conversación con ANCCOM y critica a la empresa porque “tiene en los vagones un montón de cartelitos que dicen ‘Si sufrís acoso, llamá a tal número’ pero yo denuncio y me despiden”.

Pintos trabajaba en la estación Federico Lacroze de la Línea B y expresa que en un primer momento se bancó “más de una semana y media todos los hechos” y decidió “no entrar más a ese cuarto, quedarme limpiando ahí afuera, sentada en un banco o en la escalera. Varios de los supervisores me han visto y me preguntaron ‘¿Por qué no te vas a descansar al cuarto?’ o ‘¿Por qué no vas a tomar algo?’ Y yo no les decía nada”.

Claudio Dellecarbonara, delegado de la Línea B, coincide en que «es muy grave, además de ser un caso testigo, porque es una compañera que ingresó por la bolsa de trabajo, que nos costó diez años de lucha, es una conquista de los trabajadores. Ella es hija de un compañero que fue primero activista durante muchos años, delegado después y sigue siendo uno de los referentes del sector de tráfico de nuestra línea”.

Cuando Pintos decide contarlo, en sus palabras, recibió como respuesta que “si quería conservar el puesto de trabajo, que no haga ninguna denuncia y solucionaban el tema” por parte de la sociedad anónima del Grupo Roggio. Accede y, pasadas dos semanas, es trasladada a la estación Malabia del mismo trayecto, para después volver a ser movida hasta la Línea C.

“La empresa empieza con toda una campaña de que es una trabajadora que molesta, que no cumple. Comienza una persecución y violencia laboral contra ella”, agrega Dellecarbonara, y prosigue “todo esto pasó mientras que el policía seguía trabajando en la misma estación donde había ocurrido el acoso sin ningún problema”.

“Estuve dos meses hasta octubre. Una noche me presento y me dicen que ya no pertenecía a la empresa. No entendía qué estaba pasando, porque a mí no me había llegado ningún telegrama. A los seis días me lo llevan a mi casa, me dicen lo mismo y que no cumplí los requisitos. Ahí llamo al sindicato para contarles lo que estaba pasando y esas jornadas igual me seguí presentando a trabajar. Desde esa fecha hasta hoy pasaron ya más de cuatro meses que estoy desempleada”, continúa Pintos.

A esto se le sumó el abuso de poder de Pablo Gelos, supervisor de Emova en la Línea B, con situaciones de maltrato público y tareas arbitrarias fuera de horario: “Yo trabajaba de noche, de once y media a cinco y media de la noche. Él me mandaba a hacer tareas a mí sola en horarios que no se hacían, porque a las cuatro de la mañana uno ya no tendría que hacer tareas, me insultaba delante de otros supervisores, me puteaba delante de mis compañeros y así un montón de cosas. Tengo pruebas y tengo testigos de todo lo que estoy diciendo, aunque quizás no haya algo concreto de lo que es el acoso del policía porque esas cosas pasaron estando yo sola presente”.

“Decía que estaba mal limpiado, venía con la palita y me decía: ‘Mirá, esto que hago no hay que hacerlo, pero bueno, yo lo voy a hacer igual’ y agarraba la mugre que había juntado mi otra compañera y me la tiraba en los pies. Ahí estaban presentes los demás supervisores que lo quisieron tranquilizar porque el chabón estaba muy alterado, a lo que terminé llorando y encima le pedía disculpas. Después me retiré porque ya finalizaba mi horario”, continúa narrando.

Destaca que esperaba “otra reacción de Emova, que alguien se comunique conmigo y me diga: ‘¿Cómo estás?’, hablar con un psicólogo o algo. Un par de veces yo me he sentido culpable y pensé ‘Uy, si no hubiera abierto la boca quizás hoy mi situación económica sería otra, estaría trabajando, podría comprarle a mis hijas todo lo que necesitan, tanto comida como tendrían obra social’. Obviamente que me siento mal, porque por más que no haya pasado a más y no haya sido algo más grave aún, no hay que minimizar el acoso, no es joda”.

Además, subraya: “el día de mañana ellas van a crecer y se van a encontrar con su primer trabajo, como me encontraba yo con 26 años y, que le pasen estas cosas, la verdad que es horrible, no debería de pasar”.

«En Emova, lamentablemente, las mujeres estamos desamparadas. Nadie nos protege, nadie nos cuida. Hay muchas que se callan la boca y se van a seguir callando porque hoy en día me toman a mí de ejemplo como de que no hay que hablar porque si no van a perder su trabajo”, dice Pintos.

En coincidencia, Dellecarbonara añade: “Se la está ayudando a través de un fondo de lucha, pero lamentablemente no es lo que corresponde, así que lo que estamos haciendo es diciéndole a todo el mundo que no vamos a parar, no vamos a dejar de avanzar con la campaña y vamos a hacer todas las acciones que tengamos que hacer para que Araceli vuelva a su puesto de trabajo”.

Pintos señala también que no es un hecho aislado: “Esto le pasa a miles de personas, miles de mujeres. En este tiempo que estoy luchando por mi reincorporación, varias compañeras me han contado episodios, siempre con supervisores y más en el turno noche. En Emova, lamentablemente, las mujeres estamos desamparadas. Nadie nos protege, nadie nos cuida. Hay muchas que se callan la boca y se van a seguir callando porque hoy en día me toman a mí de ejemplo como de que no hay que hablar porque si no van a perder su trabajo”.

En sintonía, Dellecarbonara apuntó: “Uno de los objetivos es dar un mensaje diciendo acá tenés que hacer lo que te decimos, tenés que aguantar lo que sea si es que querés tener un trabajo efectivo”.

Asimismo, subraya el apoyo de “todos mis compañeros de toda la línea, de todos los sectores. Por eso hay medidas sindicales, grupos por mi recuperación y estoy con abogados. Siempre están ahí al pendiente de qué podemos hacer para hacer más ruido, que se siga viralizando y que este caso no quede en el olvido”.

Mientras que por el lado de los pasajeros, remarca: “La gente se comunica a través de las redes sociales para brindarme su apoyo o incluso contarme testimonio de cosas que les pasaron, de decirme: ‘Fui a pagar a la boletería y me ocurrió esto’. Cómo no solamente pasa en Emova sino que en un montón de lugares de trabajo y en la calle, la verdad que son bastante empáticos”.

De igual forma, participó de la asamblea impulsora de la II Marcha del Orgullo Antifascista Antirracista en Parque Lezama: “En todos estos meses, el arco de solidaridad que se formó a través de mi reincorporación fue inmenso. He recibido el apoyo de diferentes agrupaciones como Ni Una Menos y Pan y Rosas. A mí me invitan a todas las marchas que hay, estuve con los jubilados los miércoles, con los trabajadores de Lustramax, de FATE, del Hospital Garrahan etc. Creo que para combatir esta reforma laboral hay que seguir así, uniendo las luchas de cada uno y saliendo a las calles”.

La precariedad de su situación laboral fue un factor clave: “Si no hubiera estado esta ley nueva, de que ahora son seis meses de prueba, ya hubiera quedado efectiva hace rato y quizás todo esto no pasaba”, dice en relación a la Ley Bases, que sirvió como fundamento para la reciente reforma laboral de febrero. A lo que agregó que la misma “tiene esto de que grandes empresas ya están haciendo abuso de la reforma laboral, esto de que si denuncias afuera, si haces esto, te silenciamos”.

Las medidas de difusión constan de volanteos y apertura de molinetes en distintas estaciones de subte que van variando de día y horario. En una de esas actividades se apersonaron varios medios de prensa para hacer una nota con ella pero después se bajaron.

Al preguntarles el motivo, le mostraron el mensaje de la ex Metrovías donde justificaban el despido por “reiterados incumplimientos en sus tareas”. Ante eso, aclaró: «Jamás, en los cuatro meses que estuve, alguien vino y me dijo: ‘Che, mirá, estás re floja acá’ o ‘estás faltando mucho’. Nunca falté, he ido a trabajar feriados, he ido a hacer las horas extras y siempre los supervisores de las líneas B y C me han dicho que estaban muy conformes con mi trabajo”. Y asegura: “Van a tener que comprobar lo que ellos dicen, porque si es así, por lo que tengo entendido, ellos tienen que tener algún papel donde yo haya firmado, por ejemplo, haberme suspendido. Algo tendrían que tener de que yo ya venía mal. Porque ellos tampoco te pueden echar así como si nada. Incluso tengo mensajes de los supervisores que estaban conformes con mi trabajo y varios testigos que me han visto. Así que es mentira lo que dicen».

Actualmente se encuentra sumando firmas para un petitorio a Emova por su reincorporación “que tiene más de 500” y un proyecto de resolución en repudio en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación presentado por el Frente de Izquierda y que cuenta con el apoyo de sus pares de Unión por la Patria.

Sobre la vía judicial, Pintos comenta: “Este martes 3 de marzo fui a ratificar mi denuncia penal, donde fui a otra vez a redactar los hechos que sufrí por parte del policía de la Ciudad, que aún desconozco el nombre y apellido, porque bueno, hasta en eso, la empresa no me quiere ayudar. Y también ratifiqué mi denuncia al supervisor Pablo Gelos, que fue quien hizo abuso de poder, que también tiene otras denuncias, como con un compañero de hace 4 o 5 años que todavía se encuentra con cautelar”. Si bien este último sigue trabajando, desconoce la situación laboral actual del uniformado.

“También se trata de que yo estoy denunciando a una persona X, sino a un policía, que cuando nos pasa algo, lo que fuera, supuestamente tenemos que acudir a ellos, pero no, en este caso estoy denunciando a una persona que hizo abuso de su chapa, que hizo abuso de su arma, poniéndola siempre encima de la mesa mientras me decía cosas”, finaliza.

Este lunes 9 de marzo se realizará la quinta apertura de molinetes por su reincorporación en la estación Congreso de Tucumán de la Línea D a las 7 de la mañana. La fecha elegida es por ser el primer día hábil posterior a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Ante el contacto por parte de este medio, Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), dueña y autoridad de aplicación del transporte, pidió comunicarse con la empresa. Consultada por esta agencia y, como es habitual, la concesionaria se limitó a enviar un comunicado en concordancia con el que le había llegado a Pintos en ocasiones previas: “Emova informa, ante la medida anunciada […] por parte de un grupo de delegados, que este tipo de acciones que viene realizando el gremio, responde a la decisión de no incorporar de manera efectiva a una empleada tras su período de prueba por reiterados incumplimientos en sus tareas. La empresa cumplió con todas las instancias posibles para evitar dicha situación”. Ante la repregunta por los registros, contestaron que eso era todo lo que iban a decir.

Al cierre de esta nota, no hubo respuesta formal de la Subsecretaría de Trabajo y Empleo de la Ciudad, a cargo de Horacio Esteban Bueno, ante las consultas sobre el caso.