Rapero y multiinstrumentista, Willy Bronca es una de las voces más inquietas del rap argentino. Con una carrera marcada por cruces estéticos y colaboraciones con artistas de proyección nacional e internacional, su música comprometida se mueve entre la exploración sonora y la lectura política del presente.
Durante los últimos años el rap en Argentina dejó de ser un género musical asociado estríctamente a la denuncia explícita o al relato crudo de lo que cuesta vivir, para convertirse en un territorio mucho más amplio atravesado por exploración, búsquedas estéticas y disputas de sentido. En un contexto de avance de discursos individualistas, el género parece debatirse entre la literalidad urgente y la necesidad de encontrar nuevas formas de decir. En ese escenario, aparece la obra de Willy Bronca, un artista que no encaja del todo en los casilleros disponibles y que, justamente por eso, resulta interesante para pensar el presente.
Hijo de padre peruano y madre argentina, su infancia estuvo atravesada por mudanzas constantes, acentos distintos y culturas que no siempre dialogaban entre sí, “Los padres de mis amigos no me sonaban familiares. El acento de las madres sí”, recuerda. Esa experiencia temprana de desajuste aparece luego en su obra, que esquiva las etiquetas rígidas y se mueve entre rap, jazz, funk, soul, rock y folklore latinoamericano.
Como toda expresión cultural, su música, sin embargo, dialoga de forma directa con el clima de época. El crecimiento de Willy como figura pública coincide con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, un contexto que atraviesa varias de sus canciones más conocidas -como No hay plata o No la ven-, donde el rap vuelve a funcionar como herramienta de lectura crítica del presente.
Protestarap
Sus letras están directamente relacionadas con la realidad política actual: “No hay plata, salvo que seas policía, político o sojero. Salvo que seas de los pocos empresarios que con una sola acción quebraron a un país entero”. Y cargadas de crítica: “Ponele el nombre que vos quieras, para mí es el mismo chiste. Vienen, toman deuda, privatizan, vos los viste. Después de tantos muertos, no entiendo cómo los eligen”.
De la misma manera, las elecciones audiovisuales que toman materialidad en sus canciones no son al azar. “Nos están cagando desde el primer mes, en un parpadeo meten otra ley. De repente el presidente se hace rey, pero no la ven”, rapea Willy Bronca mientras al unísono se ven imágenes de una de las tantas represiones que realizó Gendarmería contra quienes se manifestaban en rechazo a la Ley Ómnibus frente al Congreso de la Nación.
“Tengo canciones de protesta, sí, y son las más conocidas porque el contexto actual pide eso. Pero no es lo único que hago. Tengo temas donde homenajeo a mi abuelo, otros donde hago analogías con el rock nacional, otros sobre estar de gira, amanecido, viviendo. Hay muchas temáticas. No quiero ser alguien que solo haga letras de protesta. Tampoco me interesa que todos los artistas estén todo el tiempo en esa”, cuenta.
Willy no se piensa a sí mismo como un rapero clásico. Se define, más bien, como un “híbrido”. Toca la batería, el piano, la guitarra, rapea mientras toca en vivo; se corre del beat y del sample para buscar una música “tocada”, orgánica, donde el género deja de ser una preocupación central. “Si me gusta lo que estoy escuchando, ya está. Después vemos qué nombre le ponen. La etiqueta está buena para buscar música, después para describir artistas no sé, porque encasilla a quien crea la obra. El tema es cómo me buscan después, cómo me catalogan. Cuando me dicen ˋsos rapero´ y… aparte usan la palabra rapero como peyorativo. No se le da el valor al rap porque también es difícil de apreciar. A veces hasta se vuelve una cuestión muy elitista”.
¿En qué sentido?
Cuando se ponen metriqueros, tecniqueros y todos esos términos que sólo entiende la gente que está dentro del rap. Para el afuera es sólo rap, da igual si es Kamada o Dillom. Para los de adentro se está volviendo algo re exquisito.
En la cultura del under se está dando este debate: ¿Es el rap necesariamente político?
Siempre estuvo mezclado, querer separarlo es como querer que el agua no tenga hidrógeno y oxígeno. Lo tiene, ya está. Aunque vos no le quieras poner contenido todo lo que estás diciendo es político. Porque es una declaración. Y esa declaración sí o sí tiene algo ahí detrás, hasta las letras más banales tienen una declaración política. No es una opinión, es así.
Tus letras tienen mucho contenido social, ¿hay otros artistas que también lo hagan?
En el under hay una banda de gente haciéndolo. El tema es que no lo escuchan porque pasan varias cosas. Por un lado, si vos no le añadís un atractivo, con la cantidad de contenido que se genera hoy en día, es muy difícil que te den bola. Entonces, vos le tenés que dar su gustito. Cuando apenas arrancó el rap, lo atractivo era que vos estabas diciendo algo, eso era lo distintivo: ˋMira lo están diciendo de una forma directa´. Lo atractivo del género rap protesta es que era novedoso que alguien esté diciendo algo. Ahora, pasaron 40 años y es ˋotro rapero más quejándose, no sé si tengo ganas de escuchar eso´. Entonces deja de llamar la atención, de ser popular, de gustarle al pueblo. Lo mismo pasa con la política en general. Se puede trazar un paralelismo y decir ˋla gente está desencantada de la política´ ¿Por qué? Porque no le interesa, porque no es atractivo ya. Antes venías de una dictadura militar, entonces la democracia te resulta atractiva, porque no la tenías. Después de tener una democracia de 40 años y ver que sigue habiendo corrupción, que siguen pasando un montón de cosas, deja de interesarte el hecho de involucrarte de manera participativa. Porque ves que no cambia, o por lo menos eso es lo que te venden. Entonces, ahí tenes menos participación y cada vez menos gente se interesa, y se ven las consecuencias. Estados Unidos bombardea Venezuela, y no pasa nada. Se abren los archivos de Epstein y no pasa nada… Son cosas que si sucedían hace 20 años era: ˋuh se pudre todo´, y hoy no pasa nada.
Si en una plataforma hablan del barrio, siempre caen en la narrativa de la marginalidad: sí o sí va a aparecer la droga, la delincuencia; nunca hacen una historia de amor. Hay una banda de gente que vive de otra manera en los barrios populares, pero esas no son las historias que se cuentan.
Te proclamaste en contra de la reforma laboral, otros artistas, como Zé Pequeña, también se manifestaron, pero no muchos…
Sí, siento que se genera una cosa de que uno está en contra de los artistas que no hablan y uno no está en contra de los artistas que no hablan. Uno está en contra de que los artistas no hablen, que es distinto. A mí me frustra que no hablen porque los quiero, porque los conozco; pero me hincha la pelotas que con todo lo que está pasando no digan nada y después estén hablando del mérito, de la autosuperación, vendiendo: ˋmetánle y cumplan sus sueños´ y de repente no hacen nada para que haya posibilidades para cumplir esos sueños. Hay todo un sistema que pueden cambiar, en el que pueden participar para que esos sueños sean más accesibles para todos. Si no, es muy difícil o directamente imposible.
Tu último video lo dirige César González y en tus letras aparece fuerte la idea de contar el barrio desde adentro, ¿por qué es importante eso?
No hay muchas cosas contadas desde el barrio. Si una serie llega a Netflix y habla sobre marginalidad, no son los directores de barrio quienes lo hicieron. De hecho, César participó en el guion de uno de los primeros capítulos de El Marginal y después se fue porque no iba con lo que él quería contar. Está bien, es una ficción; pero el tema es que no haya ninguna que sea desde el barrio. Vos como persona creativa poder crear ficciones como se te cante, si queres meter un oso en la cárcel lo metes, hacés lo que vos quieras. Pero ahora que no haya ninguna plataforma en donde participen directores de barrio o que haya guiones de barrio hablando sobre ciertas cosas, hincha las bolas. Pero bueno, es por falta de recursos, se da naturalmente, no es algo planificado. Hay gente que llega y gente que no. Tal vez con esa accesibilidad uno podría llegar a narrar otras cosas, otras historias, otras ficciones. También pasa eso, si hablan del barrio siempre caen en la misma narrativa de la marginalidad: sí o sí va a aparecer la droga, la delincuencia; nunca hacen una historia de amor. Hay una banda de gente que vive de otra manera en los barrios populares, pero esas no son las historias que se cuentan.
Harto
A cuatro años de la publicación de su último álbum de estudio H.A.R.T.O (2022), el artista se encuentra trabajando en su tercer disco, producido por Catriel Ciavarella, baterista de Divididos, y Juano Sarda. Lo define como “un disco bastante esquizofrénico”, atravesado por múltiples voces y tiempos: “Hablo de todo, de vivencias mías, interpretaciones de personajes que no soy yo, con muchas versiones de mí. Lo estamos trabajando hace tres años, así que hay temas viejos y otros de hace dos semanas. Tiene mucho de eso”, cuenta.
Willy Bronca lanza el primer tema de su disco el próximo 5 de marzo y se presentará el viernes 27 de marzo a las 20hs, en Six Bar, Concejal Tribulato 235, San Miguel.