Un informe de Greenpeace advierte que durante 2025 se perdieron 210.702 hectáreas de bosques en el norte argentino, un 40 por ciento más que el año anterior. El monitoreo ambiental que señala fallas en los controles estatales.
El informe de Greenpeace, titulado “Deforestación en el norte de Argentina”, presentó un relevamiento a partir de imágenes satelitales de cuatro provincias del norte argentino: Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Salta, lugares que concentran el 75% de los desmontes del país. La región más afectada son los bosques del Gran Chaco, el segundo ecosistema forestal más grande de Sudamérica. El reporte combina la superficie desmontada con el área afectada por incendios forestales. Según la organización, más de la mitad de los desmontes se realizaron en zonas donde la Ley de Bosques prohíbe expresamente la deforestación.
En diálogo con ANCCOM, Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina, explicó que la tibia reacción de los estados provinciales fomenta a estas prácticas: “El castigo es una multa económica, que por lo general son bastante bajas, así que el productor que adquiere una finca en el norte incorpora ese gasto al paquete de compra. Como en la mayoría de los casos no los obligan a restaurar el bosque, es hasta menos engorroso pagar que solicitar un permiso”.
Las cuestionables autorizaciones provinciales van de la mano de la promoción de la actividad ganadera, perjudicial para estos entornos. “Cuando han hecho un desarbustado en el bosque se han pasado en cuanto a la cantidad de remoción del bosque bajo, y han generado que quede como una plaza. Esto significa que quedan algunos árboles en pie y lo que permanece abajo es pastura africana para poner vacas. Eso en la práctica es una deforestación”, sostuvo el coordinador.
“Desde 1998, que tenemos imágenes satelitales, se perdieron más de 7 millones de hectáreas de bosque. Es el tamaño de un país como Escocia”, indicó Giardini.
La otra advertencia de la organización está estrechamente relacionada al fenómeno que atravesó a la Patagonia argentina en los últimos meses: los incendios. En total se quemaron 116.498 hectáreas de bosques. Giardini remarcó que “es muy probable que varios productores hayan utilizado el fuego como método de deforestación”. La hipótesis surge del análisis de múltiples focos de incendio dispersos detectados por las imágenes satelitales.
La provincia de Santiago del Estero es, por lejos, la más damnificada. Lidera el ranking en hectáreas desmontadas (51.149) y quemadas (53.325, concentrando el 45% de los incendios forestales). “Santiago tiene una promoción impositiva de la ganadería muy fuerte desde hace muchos años, con intenciones de duplicar, triplicar el stock ganadero. Y los productores de provincias vecinas como Santa Fe o Córdoba, pertenecientes a la región pampeana, son los que están comprando tierras para expandir sus actividades”.
“Desde 1998, que tenemos imágenes satelitales, se perdieron más de 7 millones de hectáreas de bosque. Es el tamaño de una provincia entera o de un país como Escocia”, indicó. Esto trae consigo un fuerte impacto sobre el clima regional, aumentando las emisiones y provocando sequías al dejar el suelo mucho más vulnerable al contacto con el sol. Además, hay una posibilidad aún mayor de recurrencias de inundaciones. Giardini explicó que el bosque chaqueño funciona “como una esponja” donde “una hectárea te puede soportar diez veces más agua que una con cultivos”.
La otra advertencia de la organización está estrechamente relacionada al fenómeno que atravesó a la Patagonia argentina en los últimos meses: los incendios. En total se quemaron 116.498 hectáreas de bosques. Giardini remarcó que “es muy probable que varios productores hayan utilizado el fuego como método de deforestación”. La hipótesis surge del análisis de múltiples focos de incendio dispersos detectados por las imágenes satelitales.
La provincia de Santiago del Estero es, por lejos, la más damnificada. Lidera el ranking en hectáreas desmontadas (51.149) y quemadas (53.325, concentrando el 45% de los incendios forestales). “Santiago tiene una promoción impositiva de la ganadería muy fuerte desde hace muchos años, con intenciones de duplicar, triplicar el stock ganadero. Y los productores de provincias vecinas como Santa Fe o Córdoba, pertenecientes a la región pampeana, son los que están comprando tierras para expandir sus actividades”.
“Desde 1998, que tenemos imágenes satelitales, se perdieron más de 7 millones de hectáreas de bosque. Es el tamaño de una provincia entera o de un país como Escocia”, indicó. Esto trae consigo un fuerte impacto sobre el clima regional, aumentando las emisiones y provocando sequías al dejar el suelo mucho más vulnerable al contacto con el sol. Además, hay una posibilidad aún mayor de recurrencias de inundaciones. Giardini explicó que el bosque chaqueño funciona “como una esponja” donde “una hectárea te puede soportar diez veces más agua que una con cultivos”.
El impacto también se extiende a las poblaciones campesinas e indígenas que dependen del bosque para su subsistencia. “En muchos casos viven hace varias generaciones en fincas, y estas se compran y venden con la gente adentro. Si el productor decide deforestar en poco tiempo pierden su casa, su almacén, su farmacia, etc”, señaló Giardini y sentenció: “La deforestación implica la pampeanización del Gran Chaco americano”.
En 2021, Argentina asumió el compromiso de Deforestación Cero para el año 2030, pero el informe recalca que están lejos de este objetivo. “Las provincias deberían, en vez de aumentar, reducir las áreas donde legalmente se va a poder deforestar”, subrayó el coordinador y agregó: “Es necesario incorporar el delito penal en lo que es la destrucción de bosques, porque la multa no está sirviendo. Hay apoyo de legisladores en los últimos años, pero no ha alcanzado”.
Por otro lado, desde la organización señalan con preocupación que desde el gobierno exista la intención (por ahora no formalizada) de flexibilizar la Ley de Bosques. “Con el gobierno de Milei el bajo financiamiento que tenía la Ley alcanzó niveles históricos”, advirtió Giardini, que resaltó que eso “repercute directamente en las provincias para lo que es el control de la deforestación ilegal, para tener más recursos para tener todo monitoreado, no solo vía satélite, sino también el terreno. También para fomentar con proyectos actividades que sean económicamente rentables y mantengan los bosques en pie”.