Por Melina Vaccaro
Fotografía: Azul Andrade, Prensa Senado

Javier Milei inauguró un nuevo período ordinario de sesiones parlamentarias con un discurso desaforado, cargado de insultos a la oposición, a quien a dos años de su mandato sigue culpando del malestar social. Aseguró la continuidad del alineamiento a EEUU y aún más liberalización de la economía. Negó el desempleo y el endeudamiento. Y adelantó que sus ministros preparan “diez paquetes” de reformas estructurales para “hacer grande a la Argentina”.

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La jornada del domingo comenzó aproximadamente a las 20, cuando la vicepresidenta Victoria Villarruel dio inicio a la Asamblea Legislativa acompañada por el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala. Mientras en los palcos se acomodaban los padres Javier Milei, gobernadores y figuras clave del entorno presidencial como el estratega Santiago Caputo y Daniel Parisini (conocido como el «Gordo Dan»), la expectativa crecía ante la inauguración del 144° período de sesiones ordinarias. Exactamente a las 21 el Presidente ingresó al Congreso de la Nación rodeado de los aplausos de su bloque y el despliegue de una mística libertaria que por primera vez dominaba el recinto. Tras un abrazo con su hermana Karina y un saludo frio a Villarruel —quien pasaría gran parte de la noche concentrada en enviar mensajes por su teléfono celular—, Milei se ubicó en el atril para dar lectura a su discurso titulado “La moral como política de Estado”.

El mandatario inició con un saludo protocolar que derivó rápidamente en un agradecimiento especial a Alberto Benegas Lynch, a quien llamó el máximo representante de la historia del liberalismo argentino. «¡Gracias, profe, gracias!», lanzó con una emoción visible antes de invitar a los presentes a recordar el punto de partida de su gestión: con un Banco Central en quiebra e indicadores sociales peores a los del 2001, según señaló sin rigurosidad histórica.

En este contexto de «herencia maldita», Milei celebró sus recientes triunfos legislativos, mencionando la aprobación de la reforma laboral, el nuevo régimen penal juvenil, el Acuerdo Mercosur-Unión Europea y la ley de Glaciares. Aseguró que su gobierno está logrando lo que llevaba décadas pendiente para hacer a la Argentina grande nuevamente, basando su visión en un orden de mérito donde la “ética y la moral de Occidente” están por encima de “la eficiencia económica y el utilitarismo político”.

La tensión escaló cuando el Presidente detalló los logros financieros de su gestión, resaltando la aprobación del primer presupuesto sin déficit fiscal en un siglo. «Se terminó con el endeudamiento inmoral que le pasaba la cuenta a las generaciones futuras», sentenció, reafirmando su postura de que los impuestos son un «robo» y que el ajuste debía hacerlo la política. Ante los gritos de la oposición, Milei no dudó en chicanear: «Ustedes también podrían gritar, porque soy presidente de ustedes, aunque no les guste… no pueden aplaudir porque se les escapan las manos en los bolsillos ajenos». El clima se volvió hostil, cuando legisladores kirchneristas le gritaron por el escándalo de la criptomoneda «$LIBRA»; Milei respondió fuera de libreto tildándolos de «ignorantes» y «delincuentes», asegurando que la justicia social es un robo y atacando directamente a Cristina Kirchner. «¡Manga de chorros! ¡Por eso tienen a su líder presa y va a seguir presa por la causa de los Cuadernos, por el Memorándum de Irán y por Vialidad!», vociferó -dejando al descubierto parcialidad de la justicia al anticipar dos condenas de un proceso aún en curso- mientras la transmisión oficial mantenía el foco exclusivo en su figura.

A medida que el discurso avanzaba, el mandatario defendió la Ley de Inocencia Fiscal y la reforma de la Ley Penal Juvenil bajo el lema «el que las hace las paga». También reivindicó la ley de reforma laboral como una herramienta para barrer con «ideas cavernícolas de hace 80 años» que dejaron a la mitad de los trabajadores sin derechos. En ese punto, discutió los números del desempleo con la oposición: «Aprendan, vayan, miren los números. Yo entiendo que ustedes suman con dificultad», espetó a los gritos y desenfrenado sobre números reñidos con la realidad. También apuntó contra empresarios específicos a los que llamó «cazadores del zoológico», mencionando a Paolo Rocca (Techint) y Javier Madanes Quintanilla (Fate y Aluar) con sus apodos en redes sociales: “Don Chatarrín” y “Gomita Alumínica”, sumando también al “Señor Lengua Floja” (Méndez). Los acusó de negociar protecciones para sectores como el aluminio o los neumáticos a costa del bolsillo de los argentinos. «Me encanta domarlos, me encanta verlos llorar», lanzó Milei, trasladando la agresividad de Twitter al escenario institucional de la Asamblea, mientras los ministros Luis Caputo y Santiago Quirno lo aplaudían de pie y Sandra Pettovello tiraba besos desde su lugar.

La confrontación con el kirchnerismo no fue un desliz inicial, sino un eje que tiñó todo el mensaje. El Presidente pareció buscar deliberadamente desvirtuar el tono habitual de su  discurso  para llamar la atención a través de la grieta. En el plano de la gestión económica, Milei calificó a Luis «Toto» Caputo como «el mejor ministro del mundo» y agradeció a Federico Sturzenegger por desmantelar «curros» a través de 14.500 desregulaciones. Afirmó que «la malaria ha terminado» y que la liberación de la economía será el pilar de lo que viene, traduciéndose en mayor apertura y desregulación. Sobre la industria nacional, criticó una «carga tributaria estratosférica» que resultó en décadas de producción pequeña e ineficiente con “salarios raquíticos”. Y advirtió el fin del “fetiche industrialista”. No obstante, dejó la puerta abierta a la negociación con los gobernadores para reformar este esquema impositivo, aclarando que «nada está cerrado».

Sobre la política exterior, Milei reconoció explícitamente que el gobierno de Donald Trump acudió en ayuda del país con dólares fundamentales para estabilizar la economía de cara a las elecciones, destacando una «relación especial» con los Estados Unidos. También adelantó una modernización militar con la incorporación de 24 aviones F-16 y vehículos Stryker, agradeciendo al diputado Luis Petri, exministro de Defensa. Pero el anuncio más sugerente fue la construcción de una «nueva arquitectura de Estado» para los próximos 50 años. Aunque no hubo anuncio de proyectos explícitos, sí mencionó que sus ministros enviarán una decena de paquetes de leyes. Tampoco señaló una reforma constitucional, pero enumeró planes para reformar los Códigos Civil, Comercial, Procesal Civil y Aduanero, además de nuevas leyes electorales, de financiamiento de partidos y contra «prejuicios ambientalistas absurdos». Al hablar de la reforma judicial, los jueces de la Corte Suprema escucharon en silencio mientras el Presidente defendía el principio de que «el que las hace las paga».

En el tramo final, el mandatario elevó el tono para definir lo que considera «la verdadera batalla de nuestro tiempo»: una lucha cultural, filosófica y moral. Planteó que Argentina está dejando atrás su «adolescencia» e ingresando a la «mayoría de edad», consagrando este año como el de la «grandeza argentina». Citó una frase de su ministro de Economía sobre los momentos en que la historia cambia y aseguró que los allí sentados son los protagonistas de ese giro. A las 00:07 de la madrugada, Milei cerró la sesión con un desafío directo al cuerpo legislativo, pidiéndoles que piensen en un legado donde sus nombres queden «grabados en piedra» como los arquitectos de una nación madura que planifica reglas para el futuro, lejos del arbitrio de «burócratas ignorantes». Tras invocar las «fuerzas del cielo» y lanzar por triplicado su grito de «viva la libertad carajo», se retiró del recinto en medio de una ovación de los militantes libertarios que copaban los palcos. De ese modo más que un discurso institucional, dio cierre a un show mediático, que dejó ver a un Milei nervioso y exaltado, que buscó profundizar la grieta, en lugar de un presidente satisfecho con su gestión que intenta gobernar para todo un país.

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