Por Carlos Valman
Fotografía: Azul Andrade

Mientras el Senado aprobaba la reforma que licúa los derechos de los trabajadores, miles de personas se manifestaron frente al Congreso y en distintos puntos del país. Gremios estatales, combativos, el Fresu y autoconvados otra vez fueron reprimidos. Hubo cinco detenidos. El lunes, la CGT -que no se movilizó- se manifestará en Tribunales, donde comenzará una batalla por la inconstitucionalidad de la ley.

Desde las primeras horas de la mañana de este viernes, miles de personas se movilizaron frente al Congreso de la Nación y en distintos puntos del país para manifestarse contra la reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei y que se debatió en el Senado. La convocatoria reunió a sindicatos, organizaciones sociales, estudiantes, docentes y ciudadanos independientes en una jornada que, aunque transcurrió mayormente en un clima de tensa calma, también incluyó fuertes enfrentamientos aislados con la policía en el centro porteño. “Es una reforma que viene a destruir conquistas históricas de los trabajadores”, sostuvo Gabriel Solano, dirigente del Partido Obrero e integrante del Frente de Izquierda. En la misma línea, Gustavo Quinteiro, secretario de Organización de la Unión del Personal Superior y Profesional Aeronáutico (UPSA), advirtió: “Nos lleva a 100 años para atrás, a una etapa donde el trabajador era tratado casi como un esclavo”.

Dentro del recinto, la sesión incluyó el tratamiento de varios proyectos de alto impacto político. Durante la tarde, el Senado aprobó la modificación del Régimen Penal Juvenil, que establece la baja de la edad de imputabilidad de 16 a 14 años, y posteriormente avanzó con el debate de la reforma laboral, último punto del orden del día. Mientras en el interior del Congreso se sucedían las votaciones y discursos, en las calles el rechazo se expresó con concentraciones, columnas sindicales y manifestaciones que, en distintos momentos de la jornada, derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en las inmediaciones del Obelisco, sobre la Avenida 9 de Julio y, más tarde, en Avenida de Mayo.

Los primeros incidentes se registraron cerca de las 7:00 de la mañana, cuando un grupo de manifestantes realizó un corte en la Avenida 9 de Julio a la altura del Obelisco. Según relataron participantes de la movilización, la policía avanzó con gases y golpes para despejar la zona. Julia Vendramini, estudiante de Comunicación Social en la UBA y militante de La Marea – MST en el Frente de Izquierda, fue una de las personas alcanzadas por la represión. “La policía actuó con una violencia completamente desmedida, reprimiendo con gases y palos. Nos fuimos a la vereda y siguieron reprimiendo”, contó. Según su testimonio, los manifestantes fueron encerrados en un anillo de seguridad durante 40 minutos, mientras intentaban trasladarse hacia el Congreso. “Es un ataque para generar miedo y que la gente no salga a luchar”, sostuvo. Con el correr de las horas, la movilización se desplazó hacia las inmediaciones del Congreso y más tarde hacia la zona de Plaza de Mayo la policía volvió a reprimir. Hubo cinco detenidos.

La modificación del Régimen Penal Juvenil establece la baja de la edad de imputabilidad de 16 a 14 años,

La consigna común que atravesó la jornada fue clara: para quienes se movilizaron, la reforma laboral implica un retroceso en derechos conquistados durante décadas. “No hay un solo punto de la reforma que sea favorable para los trabajadores”, sostuvo Celeste Fierro, dirigente nacional del MST. Gabriel Solano coincidió en esa lectura y definió el proyecto como “una reforma que viene a destruir conquistas históricas de los trabajadores”: entre ellas, la jornada de ocho horas, las indemnizaciones y los convenios colectivos. “En la Argentina se produjeron, durante el siglo XX, movimientos que le dieron derecho a los trabajadores, como la Ley Sáenz Peña, la ley de voto obligatorio y universal. El yrigoyenismo, que le dio a una clase media el ascenso social. Y el peronismo, que le dio a los trabajadores, a la masa obrera, sus derechos, poder mirar al patrón a los ojos cuando le reclama. Y hoy, eso es lo que se está perdiendo”, señaló Quinteiro.

Entre los puntos más cuestionados por quienes se movilizaron se encuentran modificaciones en el régimen de indemnizaciones (que ahora será financiado con los fondos que hasta hoy integran el Anses), la implementación del llamado banco de horas, cambios en la negociación colectiva y limitaciones al derecho de huelga. “Nosotros tenemos un convenio que dice que tenemos que hacer 183 horas mensuales. Si hacemos menos, le debemos al patrón y si hacemos de más, el patrón nos debe a nosotros. Las indemnizaciones las tenemos que generar nosotros mismos, pagar nuestra propia indemnización. No tenemos el derecho a hacer una asamblea, tenemos que pedir permiso y encima nos descuentan las horas”, sostuvo Francisco Banegas, secretario general de ATE-Ensenada. Otro de los capítulos que generó mayorpreocupación en el sector de prensa es la eliminación del Estatuto del Periodista Profesional. “Ataca nuestros derechos laborales y la libertad de expresión”, señaló Agustín Lecchi, secretario general del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).

El impacto de la reforma también fue leído desde la experiencia de quienes combinan estudio y trabajo. Jimena Cabarcos, estudiante de Diseño en la UBA que asistió a la movilización de manera independiente, planteó una preocupación concreta: “Trabajar 12 horas y estudiar al mismo tiempo es imposible”. Según explicó, varios de sus compañeros debieron reducir materias o abandonar la carrera para sostener un empleo. “Tengo varios amigos que dejaron los estudios porque necesitaban trabajar y mantenerse”, relató. Desde el sector docente, Natalia Militi, de UTE, sostuvo que la reforma “viene a cercenar el derecho a huelga” y la vinculó con un escenario más amplio de reformas que también impactan en el sistema educativo. En el ámbito universitario, la preocupación, además, se relacionó con el presupuesto. Julia Vendramini, estudiante de Comunicación Social en la UBA, advirtió que la universidad pública atraviesa “un año de muchísimas luchas” por el financiamiento. Según señaló, los recortes afectan el funcionamiento cotidiano de las facultades y se inscriben en un proceso más amplio que busca el desfinanciamiento de instituciones culturales y educativas.

Juan Parodi, secretario general de Aceiteros de Lezama, advirtió que el impacto de la reforma no se limita a los grandes centros urbanos. “En los pueblos del interior están sufriendo mucho”, señaló, al describir un escenario de caída de actividad y pérdida de puestos de trabajo. Esa preocupación por los derechos del interior del país se expresó en marchas que se desarrollaron conjuntamente en diferentes centros urbanos del país. Por su parte, Catalina Cejas, de la CTA Autónoma, vinculó la reforma con la apertura de importaciones y el deterioro del mercado laboral. “Esta ley facilita los despidos”, afirmó, y advirtió que en un contexto de caída de ventas y cierre de comercios, la flexibilización laboral “termina favoreciendo a los grandes capitales extranjeros” en detrimento de los trabajadores y de la producción local.

La discusión sobre la reforma laboral también estuvo atravesada por un cuestionamiento más amplio al rumbo político del país y sus vínculos internacionales. “Es una entrega de soberanía”, sostuvo Celeste Fierro, dirigente nacional del MST, al describir la reforma laboral como parte de una política que, según afirmó, prioriza intereses externos sobre las necesidades de la mayoría de la población argentina. Francisco Banegas fue más explícito al afirmar que el financiamiento de Estados Unidos al gobierno de Javier Milei oculta intereses extraccionistas que describió como una “entrega” económica y de recursos naturales. “Nos estamos entregando a los Estados Unidos sin resistir, no solamente en lo económico, sino también en nuestros recursos naturales”. Para los sectores que se movilizaron, la reforma laboral no es únicamente una modificación normativa del régimen de trabajo, sino parte de un modelo económico que, según plantean, prioriza capitales extranjeros y debilita la producción nacional.

Al caer la noche, y mientras el Senado aprobaba la ley que precariza los derechos laborales, las manifestaciones también continuaban en las calles del centro porteño. Para los diferentes sindicatos, organizaciones gremiales y ciudadanos independientes que participaron de la jornada, una idea en común parece clara: los derechos que se discutían en el Congreso no surgieron de manera espontánea, sino que fueron conquistados a lo largo de décadas de organización sindical, movilizaciones populares y luchas colectivas. En ese sentido, para los manifestantes, la reforma laboral pone en riesgo no solo los derechos de los trabajadores, sino también el modelo de país que se ha construido a través de ese recorrido histórico. Por lo tanto, sostener la organización y la movilización con conciencia de clase es la única herramienta con la que se cuenta para defender los derechos conquistados. En palabras de Natalia Militi (UTE), “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.