Instalado en Parque Patricios, funciona como un centro cultural, teatro independiente y espacio de formación de artistas contemporáneos en múltiples disciplinas y también en gestión.
Es el día de San Valentín de 2026. Son las 21 horas. La calle está llena de gente. Los negocios proponen alternativas comerciales, culturales o ambas para festejar el amor romántico y la amistad. En una calle un poco más tranquila de Parque Patricios, el Galpón F.A.C.E ofrece un plan a tono con la festividad: una performance que tiene mucho de teatro, aún más de danza y una buena cucharada de poesía. Vitel Toné es una obra protagonizada por Dorian Gabriel Chávez Diez, un reconocido bailarín francés-ecuatoriano que hace homenaje al lugar donde aprendió a bailar, Buenos Aires. Acompañada por las melodías de un pianista y un acordeonista que tocan en vivo, la historia se compone por una trama desarmada que intenta tocar lo universal de la experiencia humana y celebrar el fracaso como un éxito a retraducir.
Pero el Galpón F.A.C.E (Formación de Artistas Contemporáneos para la Escena) no es solamente una sala de teatro alternativo, es por sobre todo un lugar pensado para la formación del artista contemporáneo; un artista que es polifacético, autogestivo y multidisciplinario; que puede elegir si aprender ballet y elementos de la danza clásica, complementarlo con clases de interpretación y teatro, practicar la técnica Graham de danza, tomar un seminario sobre gestión para aprender a presentarse a convocatorias internacionales y obtener subsidios o hacer todas juntas. Entran jóvenes interesados en el arte y la cultura y, con los años y mucho esfuerzo, salen profesionales de la escena.
En 15 años egresaron cientos de artistas del programa. Hoy en día se dedican y viven del arte: exalumnos que se incorporaron como docentes, actores y actrices de teatro, bailarines y graduados que trabajan en el backstage y en producción teatral. El Seminario de Gestión, de hecho, lo empezaron a dictar para brindar más herramientas prácticas a sus alumnos, para que aprendan a tramitarse ayudas económicas y becas de estudio. En resumen, para luchar con el panorama del artista latinoamericano promedio en el contexto actual: la precariedad laboral.
Los directores de F.A.C.E. son las bailarinas Inés Armas y Victoria Viberti, y el actor y dramaturgo Fagner Paván. Ellos no buscan tirarse laureles ni glorificar su misión como escuela, tampoco quieren enemistarse con el neoliberalismo y sus gobiernos anticultura; la idea es crear intérpretes completos. La idea –cuenta Pavçan- la retoman de los años sesenta, donde se empieza a construir a aquel artista flexible, que puede llevar a cabo su labor con más fluidez, estar presente en varias etapas del proceso y que cuenta con un repertorio de habilidades de danza, performance y teatro.
Armas y Viberti coincidieron con la cosmovisión y, como ya compartían alumnos y tomaban las clases en la academia de danza donde trabajaban, tenían la experiencia para unificar los materiales y espacios de aprendizaje y colaboración. Además, ambas critican el estereotipo tóxico del único tipo de cuerpo apto para la danza: el delgado y atlético. Armas, que además es abogada y se encarga de asegurar gran parte del financiamiento y la sostenibilidad económica del Galpón, agrega: “Te decían que si tu cuerpo no cumplía esas características tan arbitrarias podías aprender danza pero solo ibas a ser docente, que no te ibas a poder dedicar a esto profesionalmente. Con el tiempo y al dar clases desde el 2001, me fui dando cuenta que eso era solo un prejuicio acerca de lo que se espera ver en un cuerpo bailando y que la técnica la podía tener cualquiera que se dedicara a ello”.
Viberti relata que las exigencias eran tan fuertes que te tomaban las medidas y tenías que entrenar haciendo dieta y deshidratada. Dice, también, que llegó a desmayarse en un ensayo. Armas y Viberti viajaron por el mundo como bailarinas profesionales y vieron que eso no pasaba en todos lados, que afuera había más diversidad. Adoptaron esa manera y hoy están comprometidas con formar artistas situados, con una base teórica amplia y la capacidad de alternar entre disciplinas sin desconocer el contexto histórico en el que viven.
El otro gran pilar que mueve a los tres directores de F.A.C.E es la docencia. Fagner Paván, actor de teatro y quien asume el rol de administrar la sala de teatro en las noches que hay función, se formó en San Pablo, Brasil: “Yo empecé a dar clases con quienes habían sido mis maestros. Empecé a venir a la Argentina desde el 2006, a dar seminarios. Con Inés (Armas) viajabámos mucho, para dar y tomar clases y poder vernos”.
Paván amplía: “Los tres coincidimos en que enseñar es una parte fundamental para todo artista. Porque te da una retroalimentación que es muy necesaria, la de interactuar con los alumnos, ver sus perspectivas más modernas, sus formas de hacer y resolver. Eso nos permite replantearnos las cosas y no sostener un sistema cerrado. La docencia es una zona muy rica para seguir trabajando en tus propias habilidades y tus inquietudes como intérprete”.
Arte para todes
Como en todo espacio alternativo, se cuestiona la idea del arte como espacio elitista. De hecho, tampoco quieren tener todo definido o abarcado. Armas dice que la cultura es “una idea en desarrollo. Las teorías y las técnicas nos dan sustento, pero dejamos que cada uno descubra qué es el arte y la cultura en el hacer”.
El espacio que ocupan actualmente es alquilado, pero, a diferencia de cuando estaban en Once, tienen total disponibilidad horaria. En su ubicación actual, en Deán Funes al 2142, había un estacionamiento. Los directores de F.A.C.E lo refaccionaron ellos mismos con la ayuda de amigos, familiares y alumnos, para su funcionamiento como centro cultural y polo artístico. Todavía están las huellas de los colaboradores debajo de la enorme plataforma de madera que funciona como escenario y lugar de entrenamiento diario. La trama subyacente es la de una comunidad que atrae y crece a partir de una década y media de colaboración y resistencia cultural. Resistencia en el sentido de preservación de la identidad frente a los vaivenes políticos y económicos de un país en el que el arte que no es negocio la tiene complicada.
En la pandemia, F.A.C.E se unió a la red de espacios culturales de Trama Sur, para fortalecer la producción artística en el sur de la ciudad, facilitar la colaboración y garantizar la subsistencia en un momento de aislamiento. Ahora está iniciativa está muy desarticulada porque la situación es tan complicada que cada espacio tiene que proteger a su propia comunidad. Con las cuotas de los alumnos y las ventas de entradas no alcanza para mantenerse en funcionamiento. Muchas salas y teatros independientes están cerrando. En el Galpón, buscan otras alternativas. Están creando un espacio de pilates para tener más ingresos. Dos de las directoras tienen otros trabajos. Y hacen asambleas de cultura para reinventarse, luchar contra la precariedad y reconfigurar el GPS.
Tener un centro cultural nunca fue fácil. Estos espacios son especialmente lábiles a los vaivenes económicos y políticos. Lo que antes funcionaba puede ya no ser suficiente. Quienes se quieren dedicar a profesiones como esta deben cambiar de piel una y otra vez. Y endurecerla. El Galpón F.A.C.E les permite obtener las habilidades y herramientas para ganarse la vida como artistas, pero, sobre todo, les permite habitar un espacio que trabaja día a día para sostenerse y sostener a su comunidad.