Por Celina Errequet
Fotografía: Captura de pantalla fidigcine.com

Esta segunda edición tendrá como país invitado a Brasil. Habrá tres sedes y las películas se complementarán con charlas y debates.

Del 25 de febrero al 1 de marzo la ciudad de Buenos Aires volverá a convertirse en sede de la 2ª edición del Festival Internacional de Cine sobre Diversidades y Género (FIDiG). En un contexto cultural atravesado por cuestionamientos y recortes respecto de las políticas públicas, este evento se presenta como un encuentro para las narrativas que interrogan las identidades, los vínculos y las formas de representación en el audiovisual contemporáneo.

Pensado como un territorio de exhibición, debate y formación, el FIDiG propone un diálogo entre películas, miradas críticas y experiencias comunitarias. Su objetivo central es fomentar la reflexión ampliando la circulación de historias que, muchas veces, quedan por fuera de los circuitos comerciales. La programación combina estrenos nacionales e internacionales, una competencia oficial, paneles, actividades educativas y proyecciones especiales, con la participación de cineastas, especialistas y activistas de distintos países.

En ese sentido, Juan Pablo Russo, director la iniciativa, plantea: “Un festival no se sostiene solo con buenas películas, se sostiene cuando logra construir comunidad. Lo más valioso es ver cómo el público no solo asiste a las funciones, sino que se queda a conversar, a discutir, a disentir. Ese clima de intercambio fue lo que quise reforzar este año, por eso ampliamos sedes, fortalecimos las charlas y pensamos la programación como un recorrido más orgánico”.

“Dirigir FIDiG implica asumir que el cine puede ser una herramienta de intervención cultural. No lo pienso solo como programación, sino como un espacio donde se construye conversación pública. Cada decisión tiene una dimensión política, incluso cuando no se formula en esos términos”, agrega.

Las proyecciones se llevarán a cabo en tres sedes principales: Cinépolis Plaza Houssay (Av. Córdoba 2135), el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Av. Corrientes 1543) y el Auditorio de la Embajada de Brasil en Argentina (Cerrito 1350). Entre las películas que se exhibirán se encuentran, en la sección especial dedicada a Brasil, “Ato Noturno”, “Baby”, “A Natureza das Coisas Invisíveis” y “Apenas Coisas Boas”; y en la Muestra Internacional podrán verse “La misteriosa mirada del flamenco” (Chile), “Maspalomas” (España) y “My Boyfriend el fascista” (Italia).

“La selección partió de una pregunta sencilla pero exigente: cómo se están contando hoy las historias vinculadas a género e identidad. No quería una programación homogénea ni previsible. Buscamos diversidad estética, geográfica y narrativa. Por eso conviven largometrajes y cortos, ficción y documental, animación y experimental. También fue importante que muchas películas fueran inéditas en Argentina y que algunas encontraran en el festival su primera pantalla”, explica su director. 

La película de apertura será “#300Cartas”, el nuevo trabajo del director argentino Lucas Santa Ana, que llega al festival luego de haber pasado por encuentros internacionales como Roze Filmdagen, Frameline, Lovers Film Festival y Mix México, donde obtuvo el Audience Award. El film reconstruye, a partir de una caja con 300 cartas, la historia íntima de una pareja gay que expone su vínculo en redes sociales mientras atraviesa tensiones, desencuentros y silencios que revelan la fragilidad de esa imagen pública.

En esta edición, Brasil será el país invitado, con cuatro largometrajes inéditos en Argentina que conformarán una sección especial dedicada al cine queer brasileño contemporáneo. Además, gracias a la colaboración de la Unión Europea en Argentina y del Encuentro de Cine Europeo, el festival presentará “Three Kilometers to the End of the World”, del rumano Emanuel Pârvu, película que formó parte de la Competencia Oficial del Festival de Cannes y que retrata el colapso de una comunidad rural ante la violencia contra un joven de 17 años.

Russo vincula ambas elecciones como parte de un diálogo más amplio: “Elegí cine argentino independiente en un momento donde el sector necesita respaldo. Abrir con una producción local es una toma de posición. En contraste, ‘Three Kilometers to the End of the World’ propone una identidad que se enfrenta a un entorno más rígido. Me interesa que ambas dialoguen aunque provengan de contextos distintos: en una, la intimidad se media por lo digital; en la otra, la identidad es un conflicto dentro de una estructura comunitaria cerrada. Juntas permiten pensar cómo cambian las formas de control y aceptación según el territorio”. 

Además de las películas, el festival incluye actividades especiales. Entre ellas se destacan dos charlas centrales: “Las mujeres en la historia del arte”, a cargo de Rocío González y “El colectivo LGBTIQ+ y la producción audiovisual actual”. A estas instancias se suma la Competencia Oficial de Cortometrajes, que reúne obras de distintos países y funciona como una plataforma para nuevas voces y miradas emergentes. 

FIDiG se presenta como un espacio de acceso y cruce entre públicos, con una programación integrada por ficciones y documentales que exploran experiencias LGBTIQ+, perspectivas feministas, nuevas masculinidades y corporalidades diversas. Se busca recuperar la experiencia colectiva de ver y pensar películas. Más que presentar estrenos, la programación y las actividades habilitan espacios de diálogo donde el audiovisual funcione como una herramienta para imaginar futuros posibles. Su director señala: “Me interesa que el festival no hable únicamente para quienes ya están convencidos, sino para estudiantes, docentes, cinéfilos, espectadores curiosos. La comunicación, las actividades paralelas y los debates funcionan como puerta de entrada.”

Este encuentro cuenta con el acompañamiento de instituciones y organizaciones como el Centro Cultural de la Cooperación, Mecenazgo Cultural, la Embajada de Brasil, el Instituto Guimarães Rosa, la Unión Europea, la Municipalidad de Merlo, EscribiendoCine y Banco Comafi.

“Cuando el debate público se vuelve más rígido o más simplificador, el cine tiene la posibilidad de introducir matices, experiencias situadas, contradicciones. Sostener el festival no es solo organizar funciones, es afirmar que estos espacios siguen siendo necesarios”, concluye Russo.