La tradicional fábrica de electrodomésticos y rodados, que marcó el pulso de la industria argentina del siglo XX, además presiona a los empleados para que acepten retiros voluntarios. Otra víctima de la apertura de importaciones.
La política de apertura total de importaciones se acentúa cada vez más con un efecto dominó sobre pequeñas y grandes fábricas. SIAM, la emblemática planta de electrodomésticos argentina, ubicada en Avellaneda, no es la excepción. Ya son 70 los trabajadores suspendidos mientras la firma presiona para que los empleados acepten una oferta de retiros voluntaries bajo la amenaza de que si no lo hacen, serán despedidos con migajas de indemnización.
Según datos que surgen de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, más de 22 mil empleadores se cayeron del sistema en los dos años del gobierno de Javier Milei, lo que representa casi 350 mil puestos de trabajo menos. Esta semana, por ejemplo, se conoció el cierre de la fábrica de neumáticos Fate dejando un saldo de 920 trabajadores despedidos. ¿SIAM va por ese rumbo?
Industricidio
Siam Di Tella fue fundada en 1911 y se transformó en un símbolo de la industria nacional, aunque siempre sometida a los vaivenes políticos y económicos de la Argentina. En 2014 se reinauguró su planta de Avellaneda, la misma en la que ahora 70 trabajadores llevan casi dos meses suspendidos.
La empresa no prevé reincorporarlos sino que planifica continuar con más suspensiones y señala como responsable a la baja de ventas y la acumulación de stock como para abastecerse durante 6 meses. Los suspendidos están percibiendo el 85 por ciento del salario hasta fines de febrero, cuando se revisará su situación.
ANCCOM buscó el testimonio de los delegados de la planta pero no obtuvo respuesta. Distintas fuentes explicaron que por el momento no están dando entrevistas.
Alejandra Vercellino tiene 36 años y es operaria de la planta desde hace más de una década. Su trayectoria comenzó con la reapertura de la fábrica en 2014. Fue despedida en el año 2018 durante la gestión de Mauricio Macri y reincorporada por la justicia el 26 de junio de 2019: “Me acuerdo porque justo era el aniversario de Darío y Maxi”, cuenta la trabajadora que hoy engrosa la fila de los empleados suspendidos. De los 60 trabajadores restantes, 30 tuvieron como destino la planta de Monte Chingolo, en Lanús. El resto sigue en la cuerda floja.
Del total de los trabajadores de la empresa en Buenos Aires, 15 son mujeres y todas de la planta de Avellaneda. Quedan sólo dos en actividad. “Esto es un ataque a las mujeres que somos sostén de hogar. La empresa ya había dicho que no quería más mujeres en la planta”, confió Alejandra Vercellino a este medio.
Esteban, quien prefiere no dar su apellido, es otro de los suspendidos. Es empleado desde hace 4 años y contó que “ya van 10 compañeros de mi sector que le ofrecen un acuerdo y arreglan porque nos dicen que si no nos vamos con menos del 100 por ciento de lo que corresponde. Muchos no saben de leyes o no entienden cómo les va a afectar la suspensión. Este último mes, por miedo a que los echen sin un peso, es que muchos están pensando en arreglar”. El trabajador también detalló: “Cuando me presenté a trabajar, luego de estar un mes suspendido, había policía en la planta, cosa que no había pasado nunca. Ahí me dijeron que estaba suspendido un mes más, que estaba frenada la planta y que no podíamos ingresar, no recibí ningún otro tipo de notificación”.
Si bien la empresa manifiesta una baja de ventas, los trabajadores aseguran que está incrementando la producción con menos personal. Esteban explicó: “Aumentaron mucho el ritmo de la línea de producción. Por ende las personas que están por fuera de línea, que arman los tanques de combustible de las motos tienen que trabajar a una velocidad imposible. El único chico que repone todos los componentes, desde ruedas y cuadros de motos muy pesados hasta las patitas para apoyar el pie, tiene que trabajar mucho más rápido. Ahora ese chico arregló con la empresa porque no daba más y aparte por el miedo de que lo echen sin un peso”.
En Avellaneda se producían las heladeras desde cero. Esteban señaló que “ya no les conviene producir: van a importar todo. Hace un año que no hacen heladeras”. En el sector de motos había cinco líneas de producción operando con muchos modelos. Hoy queda sólo uno. El resto de las líneas productivas fueron desarmadas. “Se producía un máximo de 42 unidades por día con más de 20 operarios. Hoy están queriendo producir 50 motos con 15”, apuntó el trabajador. Según comentó a ANCCOM, “los delegados avisaron en diciembre que la empresa quería despedir por lo menos a 80 trabajadores. Tenemos el caso de un compañero que tuvo que ser operado de tendinitis por la obra social, porque la ART lo había rechazado. Fue despedido dos meses después de reincorporarse”.
Empresa con historia
La empresa SIAM fue fundada por Torcuato Di Tella en 1911. Lo que empezó siendo una fábrica de amasadoras, a partir de la prohibición del amasado a mano en 1910 -acción que buscaba quitar poder a los trabajadores anarquistas-, pasó a producir heladeras y otros electrodomésticos en 1920, hasta incursionar en vehículos como la Siambretta, una moto 150, el auto SIAM Di Tella 1500, fabricado en 1960 y la participación de la empresa en la fabricación de la locomotora diesel eléctrica, más conocida como La Justicialista. Luego, como tantas otras sufrió las crisis políticas y económicas del país, que llevaron a su nacionalización en 1972, desmembramiento en 1986 y quiebra en 1996. Luego se convirtió en cooperativa y resurgió en el año 2014 con el impulso que le dio el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a la industria nacional.
En la fábrica de Avellaneda, que está entre las vías, el Camino de la Ribera, y el barrio El Fortín, en Villa Catellino, queda una veintena de trabajadores resistiendo. Estos números aumentarían a inicios de marzo, ya que la empresa –según sus trabajadores- prevé continuar con esta política. SIAM nunca dejó de ser un emblema nacional.