Por Carolina Greco
Fotografía: ARCHIVO Sofia Rusciti y Pamela Duran

En 2025 hubo 377 mientras que el año anterior habían sido 559. Aún no están clara las razones, pero las organizaciones que trabajan la temática no descartan el factor económico como uno de los limitantes. El problema invisibilizado de las «devoluciones».

El 2025 cerró con el número más alto de guardas preadoptivas desde hace más de una década. Fueron 600 guardas previas a la adopción registradas en la Dirección Nacional de Registro Único de Aspirantes a Guarda (DNRUAGA), duplicando la cifra de 2024, en el que se concretaron 307. Pero al mismo tiempo, la cantidad de adopciones bajó muchísimo, ya que el año pasado hubo 377, contra 559 del anterior.

Organizaciones sociales como Red Argentina por la Adopción, Aldeas Infantiles y Militamos Adopción ofrecieron a ANCCOM su perspectiva sobre el año saliente y la situación actual. También comentaron sobre los desafíos a los que se enfrentan estas asociaciones, como la realidad de los procesos excluyentes, mal llamados “devoluciones”, que no son incluidos en las estadísticas públicas.

El rol del sector social

Pese a que la cantidad de adopciones finalizadas en 2025 fue mucho más baja que la de 2024, las guardas, que funcionan como el paso previo a la adopción, duplicaron su volumen. Para Natalia Florido, presidenta de la Red Argentina por la Adopción desde 2007, esto tiene su correlato en el trabajo de las organizaciones no gubernamentales: “Logramos que se hagan muy virales las convocatorias públicas. Muchas veces la gente le tiene miedo al acercamiento al juzgado. La difusión de las convocatorias, hizo que la gente se animara, La devolución de experiencias de las convocatorias es buena. La mayoría de la gente ha logrado adoptar”.

“Cuando entrás a la página de Buscamos Familia, parece un marketplace en el que hay un montón de chicos, pero son las organizaciones las que le ponen onda para hacer videos y sumar información”, dijo Florido, y explicó que hoy utilizan Inteligencia Artificial para elaborar contenido audiovisual sin exponer las imágenes de niños, niñas y adolescentes. Además, corrigen y corroboran datos de las infancias, como sus edades, fechas de cumpleaños y condición de salud. “Las que están en contacto con los chicos son las organizaciones, y esto permite que la gente se acerque y se anime. En lugar de decir ‘buscamos familia’, queremos decir ‘estos chicos quieren ser hijos’.

La tarea de las agrupaciones es la de orientar a los aspirantes en el proceso, allí donde el Estado no lo hace, incluso mucho tiempo después de finalizada la adopción. “Damos un servicio de ayuda y asistencia a esos padres, recomendamos profesionales y especialistas, o solo conversamos sobre las dudas y miedos. Hacemos todo un acompañamiento para que la gente no abandone a esos chicos”.

Respecto de que las adopciones concretadas en 2025 fueron mucho más bajas que las de 2024, las organizaciones no tienen aún muy claro a qué se debe exactamente esta disminución. Mariano Quiroga, padre y miembro de la organización Militamos Adopción, declaró con respecto a esto: “Hay un contexto socioeconómico que no ayuda a la planificación familiar, que tiene su sus complejidades y sus particularidades. Si te ponés a pensar un proyecto de familia, no se trata solo de vestir y alimentar, sino también de hacerse cargo de terapias, salud y estimulación”.

La edad como prejuicio

Uno de los datos que siempre impresiona es cómo baja la cantidad de legajos de familias dispuestas a adoptar niños, niñas y adolescentesa partir de los dos años de edad.El número se reduce de 900 a 200 cuando se trata de chicos de siete años. Y a 10 en el caso de pre-adolescentes de trece años, según los datos de la DNRUAGA.

“Las personas llegan y te dicen ‘me voy a anotar hasta dos años’, yo les digo: “¿Qué edad tenés?», la mayoría típica es entre 45 y 50 años.“¿Vos tenés un grupo de amigos con chicos de 2 años?’. Responden que no, que los hijos de sus amigos tienen 11, 12. Entonces, les consulto si se ven en posición de brindar todos los cuidados y atención a un niño tan chico, y sugiero que se anoten hasta los diez años”, explicó Florido, y agregó: “Porque hay gente que necesita que alguien le haga dar cuenta de que probablemente con un niño más grande, van a tener mayor acompañamiento. Porque van a poder compartir con sus amigos una etapa, o porque los chicos se van a sentir cómodos en esa integración. Es decir, va a haber una red mejor preparada para recibirlo. Y los adultos necesitan que alguien señale esto para hacer ese click”.

Desvinculaciones: sin estadísticas

Si bien el aumento de las guardas preadoptivas es un dato muy positivo, existe una segunda cara. No todas las infancias que llegan a esta etapa tienen asegurada la vida en familia. Las desvinculaciones o procesos excluyentes, coloquialmente conocidas como“devoluciones”, son una problemática existente que ha recibido poco tratamiento en nuestra sociedad. Al respecto, hay escasa información pública y estadística, lo que no permite dar cuenta de la magnitud del problema.

Sin embargo, son las mismas organizaciones las que acompañan a niñas, niños y adolescentes que lo atraviesan. La toma de esta decisión no tiene consecuencias legales o sanciones claras para los adultos. Sin embargo, se trata del sometimiento del menor a un doble abandono. “Nosotros no lo llamamos ‘proceso excluyente’;es ‘abandono’, porque es lo que el chico siente. Es lo primero que te dice cuando llega: “me abandonaron otra vez’”, describió Florido.

Las tres organizaciones nombradas concuerdan en la multicausalidad de las desvinculaciones, poniendo énfasis en las falencias del sistema judicial, y en las fallas sociales en torno al proceso de adopción. “El defecto muchas veces está en el relevamiento de la información de los chicos, sobre todo en la historia personal o su salud, y no es transparente para con el padre que lo va a acompañar toda la vida. La gente cae encontrándose con una situación para la que no estaba preparada”, aseguró.

Al respecto, Quiroga, de Militamos Adopción, dijo que “en muchos casos no se trata del ocultamiento de las discapacidades, sino que simplemente que no se detectaron. Porque no hay un seguimiento personalizado, o porque el chico en el hogar se comporta de una manera y en la casa se comporta de otra. A veces los padres te dicen: ‘No me avisaron de esta condición, se cortó el tratamiento, no encuentro un profesional adecuado’. Y es en estos casos en los ocasionalmente se produce la devolución”.

Florencia Capalbo, acompañante terapéutica y también referente de la Red Argentina por la Adopción, señaló una realidad muy cruda: “El Estado está mirando una estadística, y la intención es la de mostrar cómo las adopciones salen como pan caliente”. Para Capalbo, a veces la falencia se produce en el equipo interdisciplinario que lleva el caso, y que quizás no supo ver alguna dificultad o indicio de que esa vinculación no iba a resultar.

¿Qué hacer?

Tanto Capalbo como Florido insistieron en que lo ideal sería que el Estado permitiera a las organizaciones participar de los equipos para un mejor acompañamiento. Incluir a padres y madres con experiencia en adopción además de psicólogos y trabajadores sociales, para contener a esa nueva familia y evitar los maltratos del juzgado.

Por su parte, Lucía Buratovich, directora de programas de Aldeas Infantiles, aseguró: “Claramente no hay voluntad presupuestaria y política para elaborar políticas públicas que tengan otro tipo de resultados. Esto impacta en la formación de los profesionales que trabajan en adopción. Es verdad que hay provincias en las que el registro [de aspirantes a guarda] lo conforma una sola persona para una provincia entera”.

En enero de este año, Buratovich y el equipo de Aldeas Infantiles, elaboraron un informe que da cuenta de las desvinculaciones producidas durante diez años, en cuatro hogares de la organización en Luján, Oberá, Córdoba y Mar del Plata. Son residencias en las que no viven más de seis niños al mismo tiempo, y su dinámica de cuidado es lo más parecido a una casa familiar. Si bien la atención para los chicos se supone mucho más personalizada que en instituciones públicas multitudinarias, fueron 60 los procesos excluyentes en el transcurso de una década, mientras que la cantidad de adopciones durante el mismo periodo fueron 58.

El informe recopila 31 testimonios de los adultos que generaron el corte del vínculo, y 25 de ellos responsabilizan al chico. “Las familias reproducen un discurso cuando dicen ‘yo no quiero continuar porque se porta mal’. Esto nos tiene que convocar como sociedad para problematizarlo, porque si las familias dicen que la culpa la tiene ese chico, claramente hay mucho por seguir trabajando. Hay una concepción social de que se trata de un ‘hijo de segunda’, que ‘puedo devolver’, poniendo a los pibes en un lugar de objeto, cuando estamos hablando de derechos humanos”, declaró Buratovich. Según el informe, solo tres testimonios admitieron tener algún problema personal o de preparación, y cuatro señalaron un manejo judicial poco acertado.

Capalbo puso énfasis en que es necesario que los aspirantes dejen el ego y el adultocentrismo de lado para entender que esto no debe centrarse en el deseo individual de convertirse en padre, sino en el de cumplir el derecho de esos niños a tener una familia. “Cuidado, porque son hijos reales, no es y no existe un hijo ideal. Hay que dejar de idealizarlo y empezar a sostenerlo”, afirmó.

Por su parte, Quiroga insistió: “La responsabilidad siempre es del adulto, pero es verdad que los chicos tampoco llegan preparados, no se los asiste y se los acompaña para que puedan dar ese salto y vencer los miedos.Porque si nosotros nos estamos tirando la pileta, los chicos se están tirando al mar. No hay contención posible, porque ellos no tienen nada adonde volver”.