Por Francisca Cambiano
Fotografía: Oriana Estrada y Vanina Alarcón

 La multitudinaria movilización que se desarrolló frente al Congreso en rechazo a la reforma laboral  -que en simultaneo se debatía dentro del recinto- convocó a numerosas organizaciones, sindicatos y partidos políticos. Los manifestantes fueron forzados a desconcentrar debido a la fuerte represión que desplegaron las fuerzas policiales. Hubo más de 30 detenidos y de 300 heridos. A la 1.22 de la madrugada, el Senado dio media sanción a la nueva normativa con 42 votos a favor y 30 en contra.

No es novedad que la decisión por parte del Gobierno nacional de debatir la reforma laboral durante el verano es una clara declaración de intenciones. No sólo de legislar para quitar derechos a los trabajadores, sino también de que estos últimos se movilicen lo menos posible. Este objetivo se vio favorecido en esta oportunidad por la tenue reacción de la dirigencia sindical, que se limitó a convocar a una movilización y obvio –excepto los estatales de ATE- medidas de fuerza más drásticas, como un paro, frente a una avanzada inédita contra las conquistas laborales.

Los y las manifestantes que se concentraron frente al Congreso mientras se iniciaba el debate por la reforma laboral representaban organizaciones de todo tipo y color, además de un gran número de personas autoconvocadas. Centros de estudiantes universitarios y organizaciones partidarias como el Polo Obrero, el Nuevo Más, La Cámpora, Nuevo Encuentro, el PTS, La Patria es el Otro y el Movimiento Derecho al Futuro, dijeron presente durante la tarde. Sin embargo, lo más característico de esta movilización fue la gran cantidad de sindicatos y trabajadores organizados que participaron. La CTA, CGT, ATE, SATSAID, UOM, FATUN, Luz y Fuerza, UOCRA, SUTERH, ATILRA y SOEME, son algunas de las agrupaciones que salieron a manifestar su rechazo a la reforma laboral propuesta por el gobierno de Javier Milei. También estaban los jubilados, que cada miércoles se manifiestan en ese lugar, reclamando aumento de haberes y la restitución de los medicamentos gratuitos.

Con la mochila mirando hacia adelante y un pañuelo blanco con la leyenda “Nadie se salva solo”, Marta, próxima a jubilarse en la Universidad Tecnológica Nacional, explicaba que salió a marchar debido al carácter crítico de su situación. “Me estoy por retirar y estoy buscando a donde ir a hacer otra cosa. Estoy sola con mi hijo discapacitado que no tiene pensión porque quedó encajonada desde 2023”. Al igual que muchos otros trabajadores y trabajadoras, afirmó que ya no sabe en qué más recortar para llegar a fin de mes: “Camino 15 cuadras para ahorrarme un colectivo pero a la noche cuando vuelvo de trabajar ya no es lo mismo. Ellos dicen que hay que recortar pero no estamos en esta vida para recortar, estamos para vivir medianamente bien”.

Al mirar alrededor, hay imágenes que se repiten y que evidentemente se convirtieron, algunos hace más o menos tiempo, en símbolos de protesta. Abundan las remeras de bandas y músicos, pero no cualquiera. El Indio, Los Piojos, Sumo, Los Gardelitos, Motorhead y Megadeth, asoman entre los manifestantes.

Maradona es otro símbolo que se enarbola en las inmediaciones del Congreso para marcar postura. José, integrante del Movimiento Social Aeronáutico, lleva puesta una remera del Diez. Ante la pregunta por el motivo de su presencia en la marcha, manifestó su apoyo a todo el movimiento obrero y afirmó: “Si aprueban a esta reforma laboral, el retroceso que se puede llegar a generar en las condiciones laborales de todos los trabajadores es infernal. Y no sólo para los que hoy tienen trabajo en blanco, sino que achata hacia abajo también, porque todo aquel que no tenga trabajo hoy se va a ver aún más perjudicado el día de mañana”.

Esta reforma impactará tanto a las nuevas personas que se incorporen al mercado laboral como a aquellos que cuentan con años de antigüedad. Se modificará el cálculo indemnizatoria, cambiará el régimen de licencias (por ejemplo no se reconocerá el cien por ciento del salario ante licencias médicas), se establecerá un banco de horas que reemplazará a las horas extras y se podrán fraccionar las vacaciones y se limita el derecho a huelga entre otras cosas. Por eso, Seferino, trabajador metalúrgico afiliado a la UOM, expresó: “Yo tengo 18 años en mi trabajo. Si se firma esta ley, pierdo dinero. El día que me echen no me van a pagar un centavo”.

Alrededor de las 15:30, entre tambores y cánticos que aclamaban un paro general, comenzó a correrse la voz de que estaban empezando a gasear. Un puñado de personas que no llegaba a la decena irrumpió frente a la valla policial y comenzó a tirar piedras, contrastando con los miles y miles de trabajadores movilizados con absoluta tranquilidad. La escena parecía de otro contexto. Llamativamente ese grupo no formaba parte de ninguna columna y carecía insignias de agrupaciones. Pronto, el gas pimienta se vio acompañado por camiones hidrantes y balas de goma, junto con demoras y detenciones a manifestantes y trabajadores de prensa. Así, la multitud que estaba haciendo uso de su derecho a manifestarse y peticionar a las autoridades se convirtió en una marea de gente que daba media vuelta torpemente para evitar sufrir las agresiones de las fuerzas policiales que escalaron rápidamente.

Nicolás, docente de la Universidad de Hurlingham e hijo de una jubilada, afirmaba previo a la represión: “Estar acá es lo que tenemos que hacer porque esto no se aguanta más”. Respecto a la reforma manifestó que “hay esperanzas de que se rechace la reforma, pocas, pero sigo estando acá así que se ve que no las pierdo”.

Probablemente, el operativo que incluyó a la Policía Federal, la de la Cuidad, Prefectura y Gendarmería, haya menguado todavía más las esperanzas del docente universitario como las de otros tantos trabajadores. Es que, según fuentes oficiales, el saldo de la jornada fue de al menos 11 personas detenidas; aunque las organizaciones sociales estiman que son más de 31, varias de ellas pertenecientes a la Unión de Trabajadores Populares (UTEP). Además, se contabilizaron más de 300 heridos. Por ello, hacia las 19 la cantidad de trabajadores que seguían en las inmediaciones del Congreso se había reducido mientras que en el recinto los senadores continúan debatiendo en una jornada maratónica que finalizó a la medianoche con la aprobación del proyecto oficial.