En la Cooperativa El Álamo denuncian que Jorge Macri persigue y precariza todavía más a los recicladores urbanos. Aseguran que quiere instalar el sistema de incineración para generar un negocio para sus amigos y exigen una Ley de Envases para que las empresas “paguen por la contaminación que producen”.
Según el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana porteño, la ciudad gestiona 5.705 toneladas diarias de residuos, de las cuales 3.450 son recuperadas por los recicladores urbanos. Son más de 6.500 los trabajadores encargados de esta tarea, organizados en 12 cooperativas distintas. Cintia Pascuzzi, trabajadora del Centro Verde “Diego Duarte”, en el barrio de Villa Pueyrredón, cuenta el origen del nombre: “Diego era un pibe de 15 años que fue a cirujear al CEAMSE en 2004 y por orden policial le tiraron toneladas de basura encima porque no podía estar ahí”. El relato se siente como una cachetada. En el centro, ubicado en Avenida de los Constituyentes 6259, funciona la cooperativa El Álamo.
En Villa Pueyrredón el reciclaje no es una gran causa colectiva, más bien es un acuerdo tácito de supervivencia barrial que se fue construyendo con el arduo trabajo de promotoras ambientales de la cooperativa que desde hace años tocan puerta por puerta para que la gente separe la basura. Así empezó a trabajar Jacqueline Infante en El Álamo, en 2021, durante el gobierno de Rodríguez Larreta. “Me cita Alicia Montoya –referente histórica de la organización– y me dice que a las mujeres que cartonean en la calle las estaban sacando, porque la verdad es que es un trabajo más para que lo haga un hombre, entonces me ofreció ser promotora ambiental. Hay vecinos que ya le vimos la cara diez veces y todavía no quieren saber nada y vamos a seguir pasando hasta que le terminemos doblando el brazo. Te dicen que no, que nadie recicla, y pasás a las dos horas y ves al lado del tacho un montón de cartón, un montón de bolsas verdes con un montón de material reciclado. Entonces decís, dale, no solamente evitás que la basura hoy sea enterrada, sino que estás alimentando una familia”. Jacqueline cartonea desde 2001, cuando el estallido social la obligó a salir a la calle a los siete años junto a toda su familia. Hoy es la presidenta de la cooperativa y coordinadora de la recolección domiciliaria.
El Álamo es una de las tres cooperativas que trabajan en el cálculo de reducción de huella de carbono. Según Giselle Baiguera, coordinadora programática en economía circular inclusiva de Fundación Avina, los recuperadores urbanos son actores fundamentales en la reducción de la huella de carbono, porque su trabajo evita que materiales reciclables terminen en rellenos sanitarios, donde generarían gas metano (un potente gas de efecto invernadero). Entonces, ¿qué pasaría si un día los cartoneros dejaran de trabajar? Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, materiales como el aluminio, altamente contaminantes y que tardan mucho tiempo en degradarse, gracias al trabajo de los recicladores reducen drásticamente las emisiones cuando se reciclan.
Esta preocupación no aparece por capricho, sino por la situación que describe Alicia Montoya, trabajadora de la cooperativa desde hace más de diez años. En una esquina de Artigas, terminando su recorrido, dice sin vueltas: “El ajuste nos está ahorcando. Nos recortaron comida, nos obligan a que fichemos en este reloj (refiriéndose al ubicado en el centro Diego Duarte) y algunos toman servicio en otro lado. Entonces, es gastar plata, venir hasta acá, fichar acá y de acá te trasladás a otro lado, te auditan la cocina, pero no te entregan los materiales para trabajar”. En septiembre, el Gobierno porteño anunció la quita de transportes que trasladaban trabajadores desde el Gran Buenos Aires a la ciudad, cosa que imposibilita totalmente que lleguen a sus empleos porque ningún medio de transporte les permite subir con los bolsones.
En la misma esquina aparece una vecina que está inscripta en el sistema puerta a puerta de la cooperativa y hoy le tocó a Alicia realizar la recolección en su casa. “La mitad del barrio -dice- no separa, y lo que se tira en el contenedor común después va directo al CEAMSE. Los tachos acá rebalsan de basura y el camión tiene cada vez menos frecuencia”. Los trabajadores del Álamo tienen un vínculo muy fuerte con los vecinos. Estos los defendieron siempre de la represión y humillación policial cuando les querían sacar los carros y el material. Ahora esto es algo que casi no sucede justamente por la protección vecinal.
Aun así, la persecución del Gobierno de Jorge Macri a los recuperadores urbanos es cada vez más fuerte. Este año colocó el reloj biométrico que menciona Montoya, en el cual tienen que fichar a horario para que les pongan el presente, pero desde hace cinco meses falla y el Gobierno no se hace cargo del cambio. Una vez por semana se presenta personal del GCBA sin previo aviso a revisar el comedor y ver si se cumple el menú establecido para ese día de la semana, pero las cofias que exigen para cocinar no las envían y de 156 subsidiados que tienen, solo envían comida para 70.
“Este Gobierno no quiere a los cartoneros en la calle. Están queriendo incinerar lo que se recupera. Vienen por el sistema de reciclado para todos los amigos que tienen plata”, afirma Jacqueline, quien plantea que es cuestión de tiempo hasta que encuentren la manera de reemplazar a los trabajadores de los centros de reciclados por empresas privadas que gestionen la actividad. “Larreta, pese a que no es una joyita para nosotros, tenía una propaganda que decía ‘no tirés tu reciclado en el tacho, dáselo a un recuperador en mano’. Cuando cambia el gobierno, la propaganda pasa a ser ‘sacá tu basura general a las nueve de la noche’. Entonces, pusieron los contenedores blindados y muchos vecinos se agarraron de eso y empezaron a tirar todo en el tacho y al compañero le bajó impresionante la cantidad de material que había. Es a propósito, nos quieren sacar el sistema porque para ellos afeamos la ciudad”. Y mientras que antes la cooperativa tenía un contrato de tres años con la Ciudad, en 2025 debieron firmar por un plazo de un año solo y sujeto a modificaciones.
Según la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), hay 11.000 cartoneros por fuera de este sistema. “Sería genial que todos se incluyan, porque de vender el kilo a 50 pesos afuera y a 190 pesos acá, les conviene mil veces venir acá. El tema es que a veces hay diferentes ritmos de vida, y saben cómo son las reglas del juego de laburar en la cooperativa, no podés bardear, tenés que cumplir”, dice Jacqueline. “El logo de acá es el trabajador, no es el pobrecito cartonero. Acá vinieron muchos compañeros que decidieron cambiar su vida y que cambiaron, porque pusieron mucha voluntad”. En El Álamo son 60 cartoneros que recorren los barrios de Villa Pueyrredón, Agronomía, Parque Chas, Villa del Parque, Villa Ortúzar, Villa Devoto y Villa Santa Rita. Cada trabajador recibe un subsidio de 390.000 pesos más el valor del material recaudado en el día. En total, son 200 los trabajadores. Los empleados de planta cobran 680.000 pesos.
En la cooperativa hay un sueño compartido y es el de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, que obliga al responsable de producir los envases a que pague un impuesto por lo que contamina. “No queremos que el Gobierno diga que nos da planes para que trabajemos. Nos paga el pueblo, los que pagan los impuestos. Cuando dicen ‘nosotros les pagamos un subsidio’, ellos no pagan nada. La idea es que no lo pague más el pueblo y que se haga cargo la empresa privada que contamina en la calle. Que se hagan responsables. El que hace la botella de Coca-Cola que pague por el envase que pone en la calle y contamina”, reclama Diego, un trabajador que se acerca a ofrecer un mate. Para Alicia Montoya, la situación es crítica: máquinas viejas, pocas plantas de tratamiento, camionetas que se rompen todas las semanas, galpones chicos para la cantidad de material que llega. “Esto no se resuelve con buena voluntad. Se resuelve con inversión. Y con una Ley de Envases que obligue a las empresas a pagar lo que cuesta reciclar lo que producen. Si no, todo recae siempre en nosotros”.