El dato surge de una investigación realizada en forma conjunta por ocho universidades nacionales. Además, el estudio concluye que la mayoría lo hace por necesidad y que es un mito la supuesta satisfacción «por ser mi propio jefe».
Un estudio del que participaron representantes de ocho universidades nacionales revela que sólo un 25 por ciento de los trabajadores de plataformas realizan la actividad con dedicación exclusiva, mientras que el 75 por ciento lo utiliza como una fuente alternativa de ingresos, para sumar ingresos como segundo trabajo. Otro dato novedoso del informe es que el 80 por ciento de quienes trabajan en estas plataformas son argentinos, cuando hasta hace un tiempo en su mayoría eran extranjeros.
El documento titulado “Radiografía del trabajo mediado por plataformas en Argentina” contó con la participación de investigadores de la Universidada Nacional de Córdoba, Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Cuyo, Universidad Nacional de Rafaela, Universidad Maimónides, Universidad Nacional de La Plata, Universidad de San Martín, Instituto Gino Germani y CONICET, entre otros.
Un dato relevante del estudio es el creciente peso del pluriempleo entre los trabajadores de plataformas. Cora Arias, doctora en Ciencias Sociales (UBA), Investigadora Adjunta del CONICET (UNSAM) y docente de la UBA, es una de las científicas que participó de la investigación. En diálogo con ANCCOM contó que el pluriempleo “se da principalmente por una razón material, por satisfacer necesidades básicas porque el poder adquisitivo de los salarios es bajo y por la relación con el tiempo que proponen las plataformas. Que se trabaje en más de una cosa se vincula con la necesidad: hay que trabajar más y más horas porque no alcanza”.
La investigación está dividida en diferentes sectores de actividad: transporte de pasajeros, personal doméstico, trabajo de diseño freelance, enseñanza informal y trabajo informático freelance, todo mediado por las plataformas. Surge como proyecto de investigación dentro de la Agencia de Investigación Científica y recibió los subsidios a fines del 2023. Fue posible gracias al financiamiento ya que se necesitaba un gran equipo de trabajo para lograr una muestra significativa y federal. Se analizaron un total de 1.095 casos y su importancia radica en que “el trabajo de plataformas es desconocido, está invisible, no existe una estadística pública”, según manifestó Arias. Surgió a partir de la necesidad de “tener datos sobre un fenómeno cada vez más extendido, del que sólo conocíamos parcialidades, de tener una mirada general de lo que pasa en distintos lugares y sectores. Es un trabajo muy artesanal, necesitábamos mucha gente trabajando para llegar a estas personas”, contó la investigadora.
Sobreexplotados
El contexto laboral y económico se vuelve cada vez más complejo. Dentro del universo de trabajadores de plataformas, el 75 por ciento está en condición de pluriempleo, es decir que tiene más de un trabajo para poder subsistir. Esto se convirtió en regla ya que el índice general de pluriempleo se mantiene en alza durante los últimos años. Con un solo trabajo no alcanza. De hecho, el Informe sobre situación del mercado de trabajo publicado en enero por Centro de Investigación y Formación (CIFRA-CTA) también da cuenta de esto. Mientras en el segundo trimestre de 2023 el pluriempleo representaba el 11 por ciento, en el mismo trimestre de 2025 la cifra asciende al 11,9.
Antes y durante la crisis de 2001 la salida de quienes se caían del mapa era poner un parripollo o manejar un remis, algo que llevó a la saturación y la caída de ingresos en esos rubros. En este último caso, uno podía encontrar personal altamente calificado, médicos por ejemplo, al volante. En la actualidad, un 25 por ciento de conductores por plataformas culminó sus estudios superiores. Para Cora Arias, la diferencia entre ese contexto y el actual es que “eran personas que se habían quedado desocupadas, mientras que hoy es un fenómeno mucho más extendido porque se trata de un complemento de ingresos”.
Para la investigadora, “las estadísticas oficiales ocultan que nos dedicamos cada vez más tiempo a trabajar. El trabajo en plataformas está muy a mano, es un ingreso medianamente fácil, pero se oculta que se da por el deterioro de la calidad de vida por los bajos salarios”. Además, las personas no son conscientes del costo de vida que esto significa. Al respecto, Arias revela: “Es gente que trabaja al menos 14 horas por día, con el riesgo que implica, no tienen tiempo de pensar en cómo afecta esto a su salud física y mental. En la mayoría no hay verdadera conciencia de lo que significa trabajar esa cantidad de horas”.
Sobre el transporte de pasajeros, el estudio realizado en 2024 releva casos de trabajadores de Uber, Cabify y Didi, que son las que tienen más presencia en el territorio. Los conductores tienen en promedio 36 años, un tercio son mujeres y 8 de cada 10 son argentinos. Esto último es algo novedoso para la historia de las aplicaciones estudiadas, a lo que Arias detalló: “En el último año y medio encontramos jubilados manejando autos porque necesitan complementar su jubilación. Esto deja de ser un caso aislado para ser algo general. Hubo un cambio en el perfil de los trabajadores de plataforma; del fuerte componente migrante o muy joven pasamos a ver cada vez más argentinos de diversas edades. Los migrantes son cada vez menos”. Más de la mitad de los encuestados que manejan Uber, Cabify o Didi considera muy importante la organización colectiva para defender sus derechos.
Si bien la media de horas trabajadas es de 7,5 horas, este índice sube para quienes representa su fuente principal de ingresos y baja en quienes la utilizan como complemento. Además, más de un tercio de los encuestados declaró trabajar más de 45 horas semanales. Pero no son los únicos, un 25 por ciento en promedio de los trabajadores independientes de creatividad y diseño trabaja esa cantidad de horas, aún teniendo un trabajo estable. En este caso, la muestra abarca las plataformas Upwork, Fiverr y Workana, citadas según el porcentaje de utilización. La diferencia en esta área es que más del 70 por ciento trabaja desde una sola plataforma.
Uno de los casos que llamó la atención de los investigadores fue el de una ingeniera venezolana que trabajaba en Zolvers, empresa que se dedica a la administración del personal doméstico. Si bien hacía esporádicamente algún trabajo de su área de incumbencia, su ingreso principal provenía de la realización de tareas domésticas. El estudio demuestra que este tipo de labor está feminizado y presenta una identidad trabajadora fuerte, sólo 1 de cada 10 mujeres se identifica como independiente. Aún así, si bien un 40 por ciento de las trabajadoras está de acuerdo en la importancia de la organización colectiva, el muestreo arroja que casi un 70 por ciento no tiene contacto con otras trabajadoras de la misma plataforma y que un 96,5 por ciento reconoce no estar al tanto de la existencia de una organización de trabajadoras de estas plataformas.
Por otro lado, otro relevamiento, éste realizado por la Fundación Encuentro sobre plataformas de reparto, indica el coeficiente de alcance del pedido promedio. El estudio muestra que los repartidores deben realizar 461 pedidos mensuales para llegar a sostener un hogar tipo de 4 integrantes, lo que equivale a un promedio de 19 pedidos por día trabajado, con una jornada de descanso semanal. Para alcanzar un salario mínimo, vital y móvil deben hacer 126 entregas, mientras que para cubrir sólo su alimentación debe destinar 67 pedidos. Las plataformas estudiadas son Pedidos Ya y Rappi. En el caso de estas aplicaciones la medida del trabajo no se rige por horas o cantidad de días trabajados sino que las variables son la cantidad de pedidos realizados, el tiempo de espera y los incentivos que brinda la app por lo que la jornada laboral puede volverse interminable.
¿Atrapados sin salida?
Airas ancló la investigación en el contexto de narrativa actual y explicó que “en algunas personas hace eco el discurso de época, la exacerbación de los valores del neoliberalismo, la apelación constante del esfuerzo, que todo va a depender de nosotros mismos. Pero no es el rasgo general: la mayoría reconoce que son explotados por las empresas, que hay una relación de subordinación que organiza y dirige pero no se traduce en una acción de reclamo, se normaliza. La mayoría quiere trabajar en otra cosa y no lo consigue. Es lo que hay porque no existe otra salida. Las personas no van felices porque son autónomas. Nadie se comió ese discurso”.
Parece ser que, en parte, el clima de época de la exacerbación del individualismo y las bondades top de ser tu propio jefe apagó la lucha colectiva y la esperanza. Es simplemente lo que hay, al estilo “lo que toca toca, la suerte es loca”. La investigadora contó con preocupación que en los trabajadores de plataformas “hay una sensación de desconfianza en la salida colectiva, de resignación, de que nada de lo que se haga tiene un para qué, para qué luchar si no pasa nada, una sensación de derrota y me preocupa porque eso sí puede afectar a las democracias más que el individualismo”.
La valoración de este formato de trabajo viene dado por el manejo de los tiempos, por no tener que lidiar con ningún jefe visible, con objetivos ni metas que cumplir. Sin embargo, para muchos en poco tiempo queda claro que el algoritmo es un jefe que plantea objetivos y castiga a quién no los cumple: “La mayoría de los lugares no respetan los derechos del trabajador. Hay personas que vienen de mucho maltrato y el algoritmo no resuelve problemas pero no te maltrata”, apuntó Arias.
Asimismo, la pérdida de derechos es escandalosa. Las jornadas de trabajo infinito llegaron para quedarse y se agudizaron con la pandemia, con la extensión del trabajo en casa y la posibilidad de conectarnos 24/7. Pero para los trabajadores de plataformas aún hay más, bajo la pantalla de la libertad de acción está la esclavitud al sistema: “No hay ninguna garantía de derecho laboral –agregó-, ni los más básicos como el horario de la jornada, no hay cobertura de salud ni aportes.