La reducción de la entrega gratuita de preservativos, la desarticulación de la ESI y las dificultades que afronta el sistema público de salud hicieron que la enfermedad bata records de contagios.
Hospital de Enfermedades Infecciosas Francisco Muñiz.
Argentina y América Latina están en medio de una epidemia de sífilis. ¿Hay que alarmarse? La respuesta corta es que sí: una epidemia ocurre cuando una enfermedad se propaga rápida y activamente afectando a un número inusualmente alto de personas dentro de una población o región. Tanto en el contexto más general de la región como en el caso del territorio nacional en particular, los casos de sífilis aumentan de manera preocupante desde el 2015, según datos del Boletín Epidemiológico Nacional. En el 2025, se registraron un total de 55.183 personas infectadas, 18.266 más que en 2024, es decir un aumento porcentual de más del 49% de año a año.
La sífilis es una infección de transmisión sexual que se propaga fácilmente en sus fases iniciales por contacto directo con lesiones durante relaciones sexuales sin protección, ya sean vaginales, anales u orales. Es causada por la bacteria treponema pallidum y, si no se diagnostica y trata a tiempo, puede provocar problemas de salud graves de 10 a 30 años después del contagio, como insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares y debilidad en los huesos y articulaciones. También puede transmitirse durante el embarazo, por vía transplacentaria.
Un aspecto crítico de esta epidemia y del aumento desmedido de casos es que la sífilis borra sus propios rastros. Sus síntomas iniciales, como llagas indoloras o sarpullidos en la piel, son transitorios y desaparecen sin tratamiento. Aproximadamente 90 días después del contagio, ya no hay llagas o chancros visibles. Sin embargo, esto no significa que la enfermedad se haya ido, sino que ha pasado a una etapa latente donde la bacteria se oculta para atacar órganos internos años después. Por eso los organismos de salud subrayan la importancia de usar preservativo, realizarse los controles de sangre de rutina, ir al médico y, para quienes tienen una vida sexual activa, testearse una vez al año.
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, el contagio de sífilis viene en curva ascendente y con máximos históricos en 2025 y con un impacto especialmente marcado en mujeres y jóvenes de entre 15 y 39 años.
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, el contagio de esta infección de transmisión sexual viene en curva ascendente y con máximos históricos en 2024, superados nuevamente en 2025 en un 49% y con un impacto especialmente marcado en mujeres y jóvenes de entre 15 y 39 años. Como es una enfermedad de fácil prevención, ya que se evita con el uso de preservativos que cubran toda la zona infectada, fácil detección, mediante un análisis de sangre, y extremadamente tratable con penicilina, que haya una epidemia de contagios en la región suena contradictorio y alarmante.
Falta presupuesto y educación
Según datos de la AHF Argentina (o Fundación para el Cuidado de la Salud y la Prevención del VIH, por sus siglas en inglés), distribuidos por Amnistía Internacional, el uso de preservativos es un hábito que apenas el 14% de las personas cumple. Esto significa que la gran mayoría de las personas sexualmente activas del país no utilizan el único método anticonceptivo que, además, previene infecciones y ETS. Esto se relaciona directamente al surgimiento de esta epidemia y es el por qué de que en el año 2000 hubiera menos de 5.000 personas afectadas, cifra que se triplica para 2017 con más de 15 mil contagios y que vuelve a duplicarse para 2023, con más de 30 mil infectados.
Los expertos tienen mucho para decir: el enfermero Jonathan Velarde está en la primera línea de atención en la Sala de Salud Dr. Chino Nestór Oliveri. Velarde explica que la mayoría de los casos se detectan mediante el test rápido de VIH y sífilis y que el aumento de los casos se relaciona con que “hace más de un año que no recibimos los insumos necesarios para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual: no nos mandan preservativos”. Velarde cuenta que los jóvenes se acercan a testearse cuando tienen síntomas y que la mayoría de las personas ya sospecha que se han contagiado alguna ITS: “Son conscientes de que no se cuidaron, pero no se imaginan que sea sífilis; no la tienen como una enfermedad que se está propagando tanto”.
La trabajadora social, docente y fundadora de ESI en Redes, Geraldina Pereyra, explica el aumento significativo e ininterrumpido de contagios de sífilis desde una perspectiva centrada en el rol de la escuela: “El problema es que no todas las instituciones educativas abordan los contenidos relacionados a la educación sexual, tanto la reproductiva como la no reproductiva. La última abarca la identificación, prevención y tratamientos de las enfermedades de transmisión sexual y brinda un espacio para que los adolescentes puedan hablar y conocer estos temas”.
Menos ESI, más sífilis
La Educación Sexual Integral (ESI) es un espacio de enseñanza que aborda la sexualidad de manera completa, más allá de lo puramente biológico. Es obligatoria desde la ley sancionada en el 2008 y cuenta con el respaldo del Consejo Federal de Educación. Pereyra explica que la ESI tiene ciertos lineamientos curriculares que recorren las distintas ITS pero que “en el clima político actual y por el impacto de los discursos del Poder Ejecutivo Nacional sobre las prácticas pedagógicas, hay algunos docentes que se atribuyen demasiada autonomía y autoridad para decidir si garantizan o no determinadas leyes. Es importante entender que la Educación Sexual es una ley y un derecho de los jóvenes”.
Pereyra opina que el Gobierno considera que la Educación Sexual se tiene que dar al interior de la familia y que esa postura aleja al Estado de cuestiones sociales y de salud pública importantísimas. De hecho, se podría aseverar que la sífilis es una problemática de salud pública que se tiene que abordar desde las escuelas porque la enfermedad se está extendiendo entre jóvenes de 15 a 19 años de edad, el cuarto grupo con más contagios según el último Boletín Epidemiológico Nacional.
El test y la medicación para la sífilis son gratuitos y están cubiertos por el sistema de salud nacional, lo que lleva a preguntarse ¿con qué obstáculos se choca una persona para atenderse a tiempo? ¿Pesa más el estigma y la vergüenza o hay dificultades en el acceso al sistema? Para Velarde el estigma y la vergüenza ya no son una dificultad para que la gente se acerque: “Obviamente, no lo andan divulgando pero, a la hora de acercarse a un centro, con un profesional y comentarle el problema, no hay un miedo. Yo creo que el problema o el obstáculo es conseguir la atención en sí. En el sistema público es muy difícil conseguir un turno. Hay gente que va a los hospitales muy temprano porque se llenan rápido los turnos del médico y porque tienen síntomas de alguna enfermedad de transmisión sexual, quizás una verruga o una lesión. En los centros públicos hay pocos cupos, la gente va a tratar de que los atiendan, no consiguen, vuelven al día siguiente, van más temprano y no consiguen. Llega un punto que, por cansancio, las personas dejan de asistir y ahí es cuando dejan que la enfermedad avance. Primero porque no saben lo que tienen, porque no llegaron a diagnosticarlos y, aparte, porque siguen contagiando”.
Riesgo social y cómo disminuirlo
Como se mencionó, la vigilancia epidemiológica en Argentina muestra una curva que, lejos de estabilizarse, continúa escalando. Se observa un crecimiento sostenido de la sífilis, con aumento de nuevas infecciones y de sífilis congénita, lo que motivó compromisos regionales y nacionales para acelerar su eliminación como problema de salud pública. En 2024 se registró un máximo histórico de 93 casos por cada 100.000 habitantes o, en criollo, 36.917 personas que testearon positivo para sífilis.
El perfil epidemiológico está claramente concentrado en personas de 15 a 39 años, grupo en el que se concentra el 76% de los casos, con las tasas más elevadas en los grupos de 20 a 24 y de 25 a 29 años, y con tasas considerablemente mayores en mujeres jóvenes. Para Pereyra esto demuestra que “la Educación Sexual Integral tiene que llegar a otros espacios, a lugares donde circulan las personas adultas porque hay mucho desconocimiento sobre la salud y la salud sexual en particular”.
El Ministerio de Salud de la Nación y los programas nacionales han intensificado acciones de vigilancia, actualización de testeos rápidos y diagnóstico mediante muestras de sangre de chequeos de rutina, provisión de pruebas rápidas y penicilina, y estrategias de prevención combinada. Velarde dice que “recién ahora -con el aumento masivo de casos- aparecen las campañas de prevención y se está distribuyendo información en la televisión, en redes y en los centros de salud. Empezaron tarde, pero es muy valioso que haya más puntos de testeo rápido”.
En su labor como enfermero, Velarde observa que “el 90% de los pacientes que contrajeron la enfermedad suele cumplir con el tratamiento, que consiste en tres dosis de penicilina. Después, con respecto a sus parejas, por lo general es difícil, porque, en la mayor parte de los casos que se contagian es por relaciones casuales y, al no haber un vínculo formado, no tienen esa confianza para acercarse y avisar. En las parejas formales, suelen concurrir: donde más lo detectamos es en las embarazadas que van a hacerse el control de la obstetra. Ahí sí les avisan a sus parejas y estas también reciben tratamiento”. Por otro lado, haber tenido sífilis no protege de un nuevo contagio.
La realidad del aumento de contagios es paradógica: tenemos la cura en un frasco de penicilina, pero los casos no paran de subir. El problema no es solo una bacteria: es un combo de salitas sin preservativos, escuelas donde se habla menos de salud sexual y hospitales donde conseguir un turno es una misión imposible. Mientras la enfermedad sigue ganando terreno, queda claro que no alcanza con que el tratamiento sea gratuito si el sistema te termina expulsando por cansancio. En esta epidemia, el diagnóstico tarda en llegar, las personas siguen contagiando la enfermedad y la prevención recién se empieza a propagar.