Por María Gabriela de Castro
Fotografía: Oriana Estrada

«Comunicación, Deporte y Derechos Humanos: Una nueva agenda de lo que no vemos» es el último libro que publicó el periodista Gustavo Veiga junto a Luis Zarranz, Nicolás Colombo y Sabrina García. El caso de Banfield y Santiago Maldonado, los deportistas desaparecidos y la privatización de la televisación del fútbol, son algunos de los tópicos que atraviesa. propone un debate pendiente en los ámbitos deportivo y académico.

Desde la época dorada del deporte argentino hasta los atletas excluidos de los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956, pasando por el Mundial 78, donde las Madres de Plaza de Mayo irrumpieron en la escena internacional. El libro Comunicación, Deporte y Derechos Humanos: Una nueva agenda de lo que no vemos propone un debate pendiente en los ámbitos deportivo y académico.

Comunicación, deporte y derechos humanos son tres áreas que rara vez se estudian de manera conjunta. Por eso, la cátedra homónima de la Tecnicatura en Periodismo Deportivo de la Universidad Nacional de La Plata, que cursa su octavo año de desarrollo en un contexto complejo para la educación pública, decidió que era momento de publicar un material propio.

“Esto es un producto de la universidad pública en medio de un montón de grandes dificultades, pero es algo que nos enorgullece”, dice Gustavo Veiga, jefe de la cátedra, periodista y autor del libro junto a Luis Zarranz, Nicolás Colombo y Sabrina García.

El libro recorre, a lo largo de seis capítulos, temáticas como la construcción de nuevas subjetividades por parte de los hinchas por fuera de la comunicación institucional de los clubes, especialmente en momentos de apremio. Es el caso de Banfield durante la desaparición de Santiago Maldonado. “Es otra asociación civil donde no existen fronteras sociales y deportivas para los derechos humanos o las cuestiones de género. Sus socios –dicen– primero actuaron y recién después se pensaron y organizaron”, escribe Veiga en el primer capítulo.

Durante aquellos días, hinchas del club colgaron banderas y pancartas en el estadio, y contrataron un avión que sobrevoló el Florencio Sola mientras arrojaba 30 mil volantes con la consigna: “Nosotros estamos en Banfield, ¿Dónde está Santiago Maldonado?”.

En el segundo capítulo, Nicolás Colombo se remonta a la época de Fútbol para Todos para discutir la comunicación como derecho humano y el negocio de la transmisión deportiva, que hoy obliga a casi la mitad de los hinchas a seguir los partidos a través de páginas pirata todos los fines de semana.

Luis Zarranz, en el tercer capítulo, vuelve sobre el Mundial de 1978 para mostrar cómo las Madres de Plaza de Mayo rompieron el paradigma comunicacional de la dictadura. El punto más alto fue la cobertura de la televisión holandesa, que decidió enfocarse en la marcha de los pañuelos blancos en lugar del evento futbolístico. El capítulo también recupera las falsas entrevistas publicadas por El Gráfico, donde se atribuían al capitán de la selección de los Países Bajos, Ruud Krol, declaraciones inexistentes sobre “el mundial de la paz”, un episodio que por poco genera la baja del equipo europeo.

El cuarto capítulo, escrito por Veiga, retrata historias de deportistas e hinchas desaparecidos durante el terrorismo de Estado. No es un tema ajeno al autor, quien publicó en 2006 Deporte, Desaparecidos y Dictadura. Para muchos lectores será llamativa la incorporación del periodista Rodolfo Walsh —autor de Operación Masacre (1957) y Carta Abierta a la Junta Militar (1977)— entre los 14 ajedrecistas desaparecidos. “Jugó partidas en el Club de Ajedrez de La Plata, donde se colocó una placa a 30 años de su desaparición, el 24 de marzo de 2007. Era socio de esa institución como también de Estudiantes de La Plata, donde se encontró su carnet gracias al esfuerzo de un grupo de asociados que intentan mantener intacto su acervo histórico”, explica Veiga en el texto.

Sobresale también la enumeración de atletas de distintas disciplinas: desde las únicas deportistas desaparecidas del hockey sobre césped hasta los 152 casos registrados en el rugby.

Al momento de la entrevista, Veiga se encontraba en Bilbao, en el marco de un recorrido de presentaciones que incluyó Lisboa, Madrid y Barcelona. “Acá al público le impactó más el tema de los desaparecidos en el deporte”, afirma.

“Los hinchas y socios de los clubes en la Argentina están intentando crear un nuevo paradigma de lo que interesa comunicar. Para eso saltaron un cerco mediático donde no ingresan temas que movilizan a la sociedad con sus banderas de lucha. El argumento repetido siempre es el mismo: que no deben mezclarse el deporte y la política, como si no convivieran en tensión desde hace décadas en el país y en el mundo”, escribe Veiga.

En el capítulo cinco, Sabrina García aborda el negocio del fútbol y el debate por las Sociedades Anónimas Deportivas, vinculando fenómenos recientes —como el debut del streamer Spreen en el partido entre Deportivo Riestra y Vélez— con intentos previos, como el desembarco del “9 de Qatar” que Mauricio Macri buscó llevar a Boca durante su presidencia en el club.

“Las políticas deportivas no dejan de ser otra cosa de lo que se ve en áreas como la educación, la salud, el sistema previsional y la cultura en general. El estado del deporte es calamitoso en términos de inversión. El gobierno solo se acuerda del deporte cuando quiere sacarse una foto”, dice Veiga.

Los clubes sociales

Sobre este punto, Veiga advierte: “La Argentina tiene un modelo de clubes sociales que hoy tiene 150 años. Eso se pretende pulverizar desde su base jurídica. La filosofía que tienen esos clubes en términos asociativos y de recreación se quiere destruir y entregárselo al mercado”. Y agrega: “Cuando el mercado se vuelve omnipresente y solo busca rentabilidad, es posible que actividades no competitivas, que no mueven demasiado el amperímetro económico, sean retiradas. Yo estoy en Bilbao ahora y acá hubo un partido entre la selección de Palestina y la del País Vasco, algo sin precedentes, que se jugó en el Athletic Club de Bilbao, una institución sin fines de lucro. Ese partido, en una sociedad anónima deportiva, hubiese sido imposible”.

El último capítulo está dedicado a las políticas deportivas del primer gobierno de Juan Domingo Perón, que modificaron por completo la concepción del deporte y lo consolidaron como derecho humano. La práctica dejó de ser privilegio de pocos para convertirse en un espacio inclusivo y social. “La cultura física argentina se elevó a una dimensión que no había sido conocida durante las décadas precedentes a la irrupción del justicialismo”, escribe Veiga. Entre los hitos se destacan la obligatoriedad de la educación física en las escuelas, la licencia deportiva y los Juegos Evita.

Sin embargo, ese proceso fue interrumpido tras el golpe de Estado de 1955, cuando federaciones, clubes, atletas y dirigentes identificados con el peronismo recibieron un castigo proporcional a su trayectoria. A muchos de ellos se les prohibió asistir a los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. “El daño de las clases dominantes al deporte argentino resultaría irreparable”, sostiene el autor.

Hoy, el panorama es desalentador. Según expuso recientemente ante el Senado el grupo de trabajo “Táctica: laboratorio del deporte argentino”, el presupuesto deportivo sufrió un recorte del 56% respecto de 2023. En este contexto, Veiga es categórico: “Las políticas deportivas no dejan de ser otra cosa de lo que se ve en áreas como la educación, la salud, el sistema previsional y la cultura en general. El estado del deporte es calamitoso en términos de inversión. El gobierno solo se acuerda del deporte cuando quiere sacarse una foto”. Y suma una crítica directa a Daniel Scioli, actual secretario de Turismo, Ambiente y Deportes: “No nos olvidemos de que quien está al frente del área es un camaleón político al que no le interesa más que figurar y mantenerse en el sistema público como una ameba”.