Por Gabriel Osorio
Fotografía: X de José Antonio Kast

El ultraderechista José Antonio Kast se perfila como futuro presidente de Chile en el ballotage que disputará este domingo ante la candidata comunista Jeannette Jara. Se opuso al divorcio, al aborto y a las diversidades sexuales y proclama una política de seguridad, de militarización y mano dura, de restricciones a los inmigrantes: retrato de un opaco conservador religioso que, con el baqueteado discurso en nombre de “la libertad”, enternecería al dictador Pinochet.

—Te lo perdiste, acabo de atender a ese hueón de Kast —dijo un empleado de la cafetería.

—¿Y le escupiste el vaso? —preguntó otra empleada, que acababa de mudarse con su novia.

—No, el loco me estuvo mirando fijo mientras se lo preparaba. Como que está todo el rato atento por si lo atacan.

Era un local al pie de un rascacielos en el centro de Las Condes, la segunda comuna más rica de Santiago, que apenas reabría sus puertas en medio del llamado estallido social. Ese noviembre del 2019, con gases flotando en el centro de la capital, las paredes mezclaban consignas de izquierda, feministas e indigenistas bajo el slogan de “Chile despertó”, mientras la derecha tradicional, comandada por el entonces presidente Sebastián Piñera, se abría a cambiar la Constitución de 1980, baluarte del legado político de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Seis años después, el 16 de noviembre del 2025, el mismo José Antonio Kast Rist celebraba su paso triunfante al ballotage presidencial. Este domingo 14 de diciembre, el candidato del Partido Republicano (PRCh) enfrentará a la candidata comunista Jeannette Jara, ante quien todas las encuestas lo dan por ganador. “Esta vez, Chile sí despertó”, clamaba.

—Él tomó fuerza del estallido —plantea Fernando Donoso, periodista y ex asesor parlamentario, en diálogo desde Chile con ANCCOM—. Hubo un momento en que la izquierda más radical estuvo muy fuerte en Chile, desde el 2016 al 2020 digamos, hasta que llegó la famosa Convención Constitucional. Y bueno, ahí fue un delirio, en mi opinión: tratar de aprobar una constitución muy pasada pa’ la punta en varias cosas. Entonces vino un gran rechazo de la población con un 62% en el plebiscito de salida, y se espera que esos mismos porcentajes estén en los resultados de la elección del domingo. Kast ha tratado hábilmente de mantener ese espíritu: ha trabajado muy constantemente, muy seriamente por mantener esa división en el país y hacerse cargo de lo que fue el rechazo en la Convención. Y está a punto de coronarlo con la Presidencia de la República.

Es que José Antonio Kast no es un hombre ajeno a la derrota. En su primera aventura presidencial, el año 2017, apenas rozó el 8% de los votos. El año anterior, el candidato había puesto fin a veinte años de militancia en la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido que aglutinó durante casi tres décadas a referentes políticos e intelectuales de la dictadura, luego de que su dirigencia confirmase el apoyo a la candidatura de Sebastián Piñera, quien a la postre ganaría la elección.

—Y ahí él empieza a proponer cosas más vinculadas a temas valóricos —sigue Donoso—: la importancia de la familia, de bloquear el aborto libre a toda costa, el tema contra la igualdad femenina y el reconocimiento de la mujer. Y un discurso que valoraba mucho la fe religiosa, en su caso la luterana, por sus orígenes germanos. Entonces ahí empezó a marcar diferencias con la derecha tradicional.

Para entonces, José Antonio Kast ya había fundado el Partido Republicano, que en enero del 2020 obtendría su forma jurídica. En plena efervescencia del estallido social, fue de los pocos que no transó con su postura política. En las elecciones presidenciales del 2021, Kast se presentó sin pasar por las internas de Chile Vamos, la coalición de derecha. Ganó la primera vuelta con el 27% de los votos, pero perdió con un 44% en el ballotage. Una curiosidad: es el mismo porcentaje que obtuvo el Sí a Pinochet en el plebiscito de 1988 que puso fin a la dictadura.

—Yo nunca esperé que llegara tan lejos Kast —admite el entrevistado, de fuerte raigambre socialdemócrata. Su reconocimiento plantea la duda: ¿Qué cosas cambiaron desde el 2019 hasta acá?

Fernando Donoso vive en las cercanías de Angol, en plena región de la Araucanía. Es la segunda provincia más pobre de Chile, y el escenario del conflicto territorial Mapuche Lavkenche. Allí, en la primera vuelta presidencial del 2025, José Antonio Kast lideró las preferencias con el 32% de los votos. Lo siguió el centroderechista Franco Parisi con el 20%.

—Esta región es muy conservadora —cuenta Donoso—, históricamente ha sido así. En Angol se ve no te diría un fervor, sino un entusiasmo por la figura de Kast.

—¿Y qué atributo destacan de Kast?

—Que va a poner orden —dice—. Ese es un sello que le sirve mucho.

El pichón alemán

También en noviembre, pero de 1950, Michael Martin Kast Schindele aborda algún barco con destino a Chile. Es un joven rubio, de gesto triste con rasgos finos y afilados. Antes había destruido su carnet de teniente de la Wehrmacht (el ejército alemán), que reemplazó por papeles falsos de oficial de la Cruz Roja. Sobrevivió su ficha de inscripción al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), el partido nazi, fechada el 1 de septiembre de 1942. Escapó por la llamada Línea de las Ratas.

Michael Kast y su esposa Olga Rist se asentarían en la comuna campesina de Paine, 44 kilómetros al sur de Santiago. En su franja presidencial de la segunda vuelta, José Antonio recordaría con nostalgia esos tiempos: “El origen de mi familia es súper sencillo: agricultores alemanes, ninguno de los dos con educación universitaria, que trabajaban de sol a sol por lo único que uno trabaja siempre: por sus hijos.”

En Paine criaron a sus diez hijos y fundaron la fábrica de cecinas Bavaria. Contaron con el apoyo de la familia Vargas Barrientos, cuyo hijo Pedro se encuentra hoy detenido y desaparecido. La comuna de Paine sería escenario protagónico de la reforma agraria que impulsó Salvador Allende. También iba a ser la comuna con el mayor porcentaje de ejecuciones ilegales durante la dictadura. El periodista Javier Rebolledo, autor de A la sombra de los cuervos: los cómplices civiles de la dictadura, escribe en su libro: “En Paine muchos supieron que Michael Kast facilitó un camión rojo con chofer, en el que posiblemente se detuvo a campesinos”.

De entre los diez hermanos, quizás los más influyentes fueron el mayor y el menor: Miguel y José Antonio. El primero fue director de Odeplan, ministro del Trabajo y Previsión Social y director del Banco Central durante la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte. También se lo acusó en una declaración judicial de haber hecho asesorías económicas para la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el órgano encargado de la tortura y las desapariciones clandestinas. El segundo tuvo su primera aparición pública un 10 de septiembre de 1988, en la franja televisiva de una campaña electoral:

“En mi calidad de estudiante universitario, y convencido de que la obra del gobierno va en directo beneficio de todos nosotros los jóvenes, es que quiero contarte tres puntos de por qué mi Sí en el plebiscito”, decía un jovencísimo José Antonio Kast, todavía algo tenso ante la cámara. Tenía los labios algo más gruesos y los rasgos más toscos que su padre, pero lucía los ojos azules y el cabello rubio de su linaje alemán. Por entonces estudiaba abogacía en la Pontificia Universidad Católica de Chile, el gran semillero de lo que iba a ser la UDI, y militaba por el voto de continuidad a la dictadura.

—Sería histórico que alguien que participó en la campaña del Sí sea presidente de la República —afirma a su tiempo Fernando Donoso—. De hecho, he escuchado a analistas hablar de que este va a ser el real fin de la transición: que un simpatizante o adherente de la dictadura militar, y que lo reconoce públicamente, finalmente llegue a la presidencia de la República es una cosa que hace diez, veinte o treinta años nadie pensó que podía ser factible.

 “Si Pinochet estuviera vivo, yo creo que votaría por mí”, declaró José Antonio Kast a Tele 13 Radio el 9 de noviembre del 2017, en el marco de su primera candidatura presidencial. “Reconozco parte de la obra del gobierno militar y debo ser el que más la reconoce, el que menos complejos tiene hoy día para hablar. Si yo lo miro desde el punto de vista del progreso del país, separando el punto de vista de los derechos humanos, claramente el gobierno de Pinochet, para el desarrollo del país, fue mejor que el de Piñera”.

En la presente campaña, José Antonio Kast ha evitado hacer referencias al pinochetismo. En los debates se escuda en su concepto de un “Gobierno de emergencia”: primero habría que combatir la inseguridad, después vendrán los debates sobre el pasado. En su discurso de cierre de primera vuelta, sin embargo, el candidato afirmó: “La elección del 14 de diciembre no es cualquier elección. Será la elección más importante de nuestra generación. Será un verdadero plebiscito entre dos modelos de sociedad: un modelo, el que dirige el actual gobierno, que ha llevado a Chile a la destrucción, al estancamiento, a la violencia y al odio; y otro proyecto, el nuestro, que habla con la verdad, que promueve la libertad, la esperanza y el progreso para Chile”.

—Y es curioso —se ríe Donoso con amargura—, porque ese porcentaje que tuvo el Sí en 1988 va a ser el que obtenga la izquierda con Jeannette Jara, y el voto al No va a ser el porcentaje que tenga la extrema derecha con Kast.

Un político opaco

—Igual me sorprende que Kast sea un candidato potente, porque es un tipo… O sea, yo no lo conozco personalmente, pero me parece una persona muy hermética, muy ensimismada, poco comunicativa, no sé; no me imagino al tipo en un brainstorming, conversando, me cuesta…

Fernando Donoso fue asesor de José Antonio Viera Gallo (Partido Socialista), ex subsecretario de Justicia de Salvador Allende, presidente de la Cámara de Diputados entre 1990 y 1993, y actual embajador de Chile en la Argentina. En los pasillos del Congreso se cruzó con Jaime Guzmán, el principal cuadro civil de la dictadura, fundador de la UDI y mártir de la derecha chilena, así como con un joven Sebastián Piñera, que por entonces ya aspiraba a ser algo más que un parlamentario.

—¿Y recuerdas algo de la etapa de Kast como diputado?

—Te diría que no fue un actor relevante como parlamentario. No recuerdo un proyecto simbólico o significativo que haya presentado y se haya transformado en ley. Yo creo que fue un parlamentario opaco.

José Antonio Kast ejerció como diputado de la República durante cuatro periodos consecutivos, entre los años 2002 y 2018. En todo ese tiempo, no presentó ningún proyecto de ley de especial relevancia política. Sí se opuso a la ley de divorcio, a la distribución de la píldora del día después, al aborto en tres causales, a la ley de matrimonio igualitario y a la ley antidiscriminación motivada por el crimen de odio contra Daniel Zamudio. Estas dos últimas fueron impulsadas por el entonces líder de su coalición, el ya presidente Sebastián Piñera.

—Yo a Piñera lo conocí cuando era senador —cuenta Donoso—. Él era muy distinto porque era mucho más comunicativo, más abierto, mucho más egocéntrico, por lo menos públicamente. En cambio, Kast es otro tipo de liderazgo: mucho más hermético, apagado, incluso misterioso te diría yo. Piñera por ejemplo siempre presentó a la familia, abrió su casa, invitaba a periodistas a comer… Kast es mucho menos sociable, por así decirlo.

El 6 de febrero del año 2024, en el Lago Ranco, aún más al sur que la Araucanía, Sebastián Piñera perece en un accidente de helicóptero. Se lo proyectaba como la principal carta de la derecha liberal de cara al 2025. El 24 de noviembre del presente año, Cecilia Morel y Magdalena Piñera, viuda e hija del expresidente fallecido, explicitaron su apoyo a José Antonio Kast tras compartir un kuchen y café frío. Todas las estrellas se alineaban.

—Y además tiene este entorno familiar súper cerrado —sigue Donoso—. No sé si los hijos están en un colegio particular de la zona de Paine, pero una vez escuché (ahora, esto puede ser una fake news) que educaban a los hijos en casa. Que tampoco es una cosa mala en sí, pero revela una instancia de la experiencia normal o cotidiana de la familia. Y curiosamente, aún así puede que este señor el domingo sea electo presidente de Chile.

«A él le costaba mucho comunicarse, y a mí me costaba mucho entender que él no tuviera tiempo (…) Yo esperaba a este pololo que lo quería para mí y él estaba muy ocupado siempre», le contó al presentador chileno Mario Kreuzberger, “Don Francisco”, la abogada y esposa del candidato María Pía Adriasola en el programa Las caras de La Moneda, del Canal 13. En la tribuna del plateau televisivo se sentaban sus nueve hijos, todos rubios y con el flequillo peinado en diagonal, cada uno con su etiqueta identificatoria sobre el pecho: se leían, entre otros, los nombres de Benjamín, Matías y José Antonio (Kast Adriasola, electo este año como diputado), y cantaban en coro una canción mientras su madre tocaba la guitarra. Es un rito quizás aprendido en la congregación religiosa de Schoenstatt, movimiento apostólico de origen alemán de raíz comunitaria y conservadora.

En un debate anterior, para la campaña del 2017, el candidato había defendido el uso del “anticonceptivo natural, que es gratis”. Fue ante la pregunta de un periodista que aludía a su vida personal. Kast se mantuvo tranquilo y le retrucó al periodista preguntando por su propia intimidad, como si estuviera acostumbrado a ser el más raro de la fiesta. “Nuestro país no necesita a alguien que caiga bien, que hable bonito; necesita a alguien que haga la pega, que haga el trabajo para salir adelante”, dirá en su discurso de este 2025. Es un hombre que se sabe objeto de escrutinio.

El momento indicado

De vuelta en el café, ese convulso 2019, nadie imaginaba que dentro de un año iba a haber una pandemia, que dentro de tres se caería el proceso constituyente, ni que pasados los cinco podría venir un gobierno de ultraderecha. Menos aún que el principal candidato sería José Antonio Kast, el delirante que llamaba a la abstinencia sexual y trataba de narcotraficantes a jugadores de fútbol. Pero sí se notaban los primeros resquemores contra compañeros de trabajo venezolanos (“¿Viste que el Juan va a traer a su hermano? ¿No será mucho ya?”) y algunos organizaban guardias vecinales contra la delincuencia.

—Esos discursos la gente los valora mucho —retoma Fernando Donoso—: esto de que Kast va a controlar la inmigración que entra por el norte, por los pasos fronterizos acá del sur, y que va a imponer orden y seguridad, que va a sacar más militares o más policías. Porque ha cambiado mucho la situación de la seguridad pública en este país. Esto en un contexto en que en los últimos diez, doce años empezó a crecer la ultraderecha no sólo en Alemania y en Italia sino también después en España, para qué decir en Estados Unidos ahora. Siempre pasa esto: que estas cosas empiezan en el hemisferio norte, en los países entre comillas más avanzados y desarrollados, y después brotan por acá partidos similares.

¿Qué cambió, entonces, desde el 2019 hasta ahora? Kast aumentó su caudal de votos en casi un 40%, eclipsó a la coalición de derecha que respondía al liberalismo de Sebastián Piñera, y logró cambiar el enclave del Sí o No de 1988 al del Apruebo-Rechazo del 2022. En el intertanto reorientó su campaña basada en el conservadurismo religioso a una con eje en el orden y la seguridad, pero este no parece ser un cambio que explique la volcada.

“Estimado, yo sigo siendo el mismo y creo que las personas valoran la coherencia y la consecuencia”, posteó el candidato ante una crítica interna por Twitter/X el año 2023. José Antonio Kast nunca se mueve: la que se mueve es la tierra bajo sus pies. Tras veinte años de militancia en la UDI, presentó su renuncia cuando el partido cambió. Tras dos derrotas en las Elecciones Presidenciales de Chile, es favorito en la tercera porque el país cambió. Ya anunció que no va a haber un cuarto intento.

—Una persona, por más candidato que sea, no puede transformar su personalidad completamente —concluye Fernando Donoso—. Él siempre ha sido así: opaco, un poco ausente, un poco para adentro, un poco enigmático, pero aun así, y realmente no sé el motivo, tiene un éxito electoral importante; de hecho, lo más probable es que sea presidente a partir del domingo. Solo porque es la persona que, sin ser la más indicada, definitivamente está en el momento indicado

La elección presidencial de Chile 2025 celebrará su segunda vuelta el domingo 14 de diciembre. Los chilenos residentes en la Argentina podrán consultar su domicilio de votación en la página del Servicio Electoral de Chile (SERVEL).