Por Gabriel Osorio

Jeannette Jara, una militante proveniente de una barriada humilde, que desde su adolescencia resistió al pinochetismo desde la izquierda, es la candidata a suceder a Boric. Como su ministra de Trabajo aumentó el salario y redujo la jornada laboral.

La candidata a presidente en plena campaña en Concepción. 

“Hoy vengo a ofrecer mi corazón”, declaró en el estrado Jeannette Jara, militante del Partido Comunista (PC), apenas ganó las primarias presidenciales de Unidad por Chile, la coalición de centro-izquierda, continuidad del gobierno de Gabriel Boric. A su espalda aplaudían tímidamente Gonzalo Winter y Carolina Tohá, los candidatos recién derrotados del Frente Amplio (FA) y el Partido por la Democracia (PPD); el uno surgido de la representación universitaria, la otra de una dilatada trayectoria política. Este domingo 16 de noviembre, Jeannette Jara competirá en la primera vuelta como candidata a presidenta de Chile. Por su historia, su candidatura es distinta a las demás.

“Ya lo saben, fui una niña que partió su vida en una familia humilde: de Conchalí a la Moneda”, sentenció Jara, quien después se sonrió: “Gracias mamá por estar acá”. La población El Cortijo queda al noreste de Conchalí, comuna del norte de Santiago, junto a la autopista. Es el resultado de una toma de terreno en 1970, a pocos días de la victoria de Salvador Allende. En un pasaje de tierra, en el patio de la casa de los abuelos, la familia Jara-Román había levantado una mediagua, nombre que le dan los trasandinos a una casa pequeña construida con paneles de madera, donde el año 1974 nacería Jeannette Jara Román, futura candidata a presidenta de Chile.

“Ella nace en el seno de una familia muy humilde pero muy esforzada, esas típicas casas chilenas donde hay mucha influencia de padres, madres, pero también del entorno más cercano, abuelos, etc.”, cuenta Francisco Martorell, periodista y académico chileno, en diálogo a distancia con ANCCOM. “Se cría en un sector muy combativo, de mucha militancia política, de lucha permanente por los derechos de los pobladores, de los trabajadores… Lugares con mucha historia y muy vinculados en esos años en la lucha contra la dictadura. Crece en ese Chile más ideológico, donde el Partido era muy importante, y la presencia de los partidos de izquierda en los sectores populares era muy fuerte”.

Jeannette Jara nació siete meses después del golpe de estado de Augusto Pinochet, y vivió su adolescencia en los años ochenta; la década de la resistencia popular a la dictadura. El Partido Comunista había logrado mantener una militancia activa, a diferencia de otros movimientos de izquierda que terminaron por sucumbir ante la represión. Jeannette Jara, por entonces estudiante del Liceo Valentín Letelier, empezó a asistir a las manifestaciones, participar en juntas vecinales, y se arriesgaba a esparcir pintadas contra el régimen. Fue su formación a fuego en las Juventudes Comunistas (JJCC), que marcaría su vida política en adelante.

“A partir de mayo de 1983, que se inician las protestas, el movimiento poblacional se vuelve muy importante”, sigue Martorell: “Se van convirtiendo en verdaderos colchones de resistencia contra la dictadura, que se empieza a resentir. Y efectivamente estamos hablando de Conchalí y de La Pincoya, que son sectores populares como lo son La Victoria, Villa Francia y distintos lugares donde la protesta fue muy importante. Estamos hablando de enfrentamientos directos de las fuerzas populares con, en ese entonces, las fuerzas represivas: los allanamientos eran permanentes, las cárceles y las relegaciones para los dirigentes tanto sindicales como poblacionales o políticos eran permanentes; es decir, era un riesgo de vida. Estamos hablando de que en algunas protestas morían cien personas, ochenta personas en agosto de 1984. Era una represión muy cruda. Pero además había mucho maltrato a esos sectores comunales: había falsos enfrentamientos, se generaban siempre condiciones para que la dictadura terminara imponiendo el miedo.”

La historia de Jeannette Jara es la de tener que crecer a marcha forzada. A los 14 años entró a militar en la Juventud Comunista y participó en la resistencia a la dictadura. A los 18 años comenzó a estudiar Administración Pública en la USACH (Universidad de Santiago de Chile), y a los 19 se casó con un alumno mayor de Ingeniería Eléctrica, también militante comunista. A los 21 años su marido se quitó la vida. Ese mismo año fue elegida presidenta de la federación de estudiantes de su universidad.

“Tuve mi primer gran amor, fui muy feliz, pero lamentablemente mi marido falleció. Quedé viuda a los 21 años”, contó la propia candidata en el programa “La Divina Comida”, de Chilevisión, “Por eso, cuando en política alguien me dice ‘¿lo estás pasando muy mal?’, yo pienso: esto no es nada. No tienen idea de lo que realmente significa pasarlo mal”

“Que una niña de 14 o 15 años ingrese a militar al Partido Comunista, hoy llama la atención”, complementa Martorell, “En esos años no, porque la participación política en Chile era muy fuerte. Entonces había varias opciones: tú podías estar en una opción de salida moderada de la dictadura, o estabas en una línea más rupturista que tenían parte del Partido Socialista y el Partido Comunista. Ella entra y toma la decisión de hacerlo en el PC, y al poco tiempo se convierte en militante del Comité Central. Estamos hablando de que a los veintitantos años ya tenía una importancia dentro del PC bastante grande. Y además, la historia de vida de ella es bastante fuerte, o sea que ya prácticamente era una mujer hecha y derecha en esos años”.

Jeannette Jara junto con el presdiente Gabriel Boric en junio de este año.

El Chile de los años ochenta y noventa es el de la dictadura y la transición democrática. Es el Chile del plebiscito de continuidad o rechazo del régimen y los spots de La Franja del NO a Pinochet por televisión abierta; del grupo Los Prisioneros con su sonido más punk y de Jorge González como solista. Pero también es el Chile de Pedro Lemebel leyendo Hablo por mi diferencia frente al plenario de hombres del partido, donde la idea de una presidenta mujer no llegaba a ser ni una quimera. Es en ese Chile donde Jeannette Jara, mujer comunista, afirma sus pasos hacia la adultez política. Y es allí donde termina de definir cómo sería su futuro liderazgo.

“Pensemos que el PC en esos años era liderado por Gladys Marín”, explica Martorell, “Por lo tanto, era un partido que, de una o de otra manera, le abría las puertas a la mujer. Y otra característica que tiene la política chilena: más allá de que costó mucho que llegara una mujer a la presidencia de la república con Michelle Bachelet, es un país donde la mujer ha tenido mucha presencia en la política, por distintas razones: la mujer es fundamental en la lucha contra la dictadura, la mujer es fundamental en el triunfo de Patricio Alwyn; incluso, te podría decir, la mujer de derecha fue fundamental en el derrocamiento de Salvador Allende y el golpe de estado del 73. Por lo tanto, las mujeres en Chile no son ajenas a la vida política; están muy presentes y son muy luchadoras. Entonces, ella recoge de alguna manera la imagen de Gladys Marín, y hoy día podríamos decir que también recoge el guante de la figura de Michelle Bachelet.”

“Por supuesto, no puedo hablar de expresidentes sin reconocer al menos un instante el tremendo legado que nos ha entregado la expresidenta Michelle Bachelet”, siguió Jeannette Jara en su discurso, “fue ella quien nos mostró a las mujeres que nada es imposible con talento, con esfuerzo y con pasión. Gracias Michelle por trazar el camino”.

“Es de alguna manera una especie o imagen de Bachelet”, señala Martorell y completa: “Una Bachelet más de izquierda, del Partido Comunista, una mujer de mucho relato, de mucha historia familiar; muy similar a la de Bachelet, pero desde otro grupo social: Bachelet viene desde el ámbito más militar, ella (Jara) viene más desde el tema poblacional. Y va logrando construir acuerdos, de una u otra forma, con distintos sectores. Y entonces la gente la percibe como hacedora, como capaz de tender puentes, de manejarse de tú a tú con el empresariado”.

Egresada de la USACH, Jara entró a trabajar al Servicio de Impuestos Internos (SII). En paralelo estudiaba derecho (abogacía) en la Universidad Central, su segunda carrera. Los años siguientes mantuvo una activa militancia sindical. Por entonces, el diario comunista El Siglo consignó: “Felicitaciones Jeannette por su retorno a las pistas”. Tras su salida del SII, Jara se volcó a su carrera política.

La candidata

El próximo domingo 16 de noviembre se realizará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile. Todas las encuestas ubican a Jara como primera mayoría. También coinciden en que en un ballotage no tiene opción, cualquiera sea el candidato de derecha que la enfrente. Del otro lado se plantan José Antonio Kast, del Partido Republicano; Evelyn Matthei, de la Unión Demócrata Independiente (UDI); y Johannes Kaiser, del Partido Nacional Libertario. Juntos bordearían el 60% de los votos.

Francisco Martorell plantea un matiz al respecto: “No tenemos que olvidarnos que el presidente Boric ha tenido en las encuestas un 30% de apoyo y de aprobación ciudadana. Eso, de acuerdo a los tiempos en que vivimos, no es malo. Entonces ella de alguna manera ha tenido que equilibrar ser la continuadora de ese 30% que es muy fiel al presidente Boric y al gobierno, pero también despegarse de algunos hechos para decir que lo puede hacer mejor. Concretamente: seguridad, crecimiento económico, profundizar algunos de los cambios que Boric no ha podido hacer. Y ella fue bastante fuerte, pero siempre con mucha lealtad: a lo que ella ha aspirado en esta campaña es a mostrarse como una mujer de unidad”.

Pero no era Jara la predestinada a ser candidata de la izquierda. Desde el gobierno esperaron hasta marzo de este año por una candidatura salvadora de Michelle Bachelet, cuando se especulaba con un ballotage a dos derechas. La expresidenta descartó su postulación en un video aduciendo que “deben ser otros los que asuman el desafío presidencial”. El poncho le cayó a Carolina Tohá (PPD), exvicepresidenta, diputada y alcaldesa de Santiago, por entonces ministra del Interior de Gabriel Boric. Fue allí que levantó la mano la ministra del Trabajo, una tal Jeannette Jara, en principio de relativamente bajo perfil, pero que contaba a su haber con proyectos como la jornada laboral de 40 horas y el aumento del sueldo mínimo a $529.000 pesos chilenos (US$561).

“Las derrotas duelen en el momento que se producen, pero después hay que hacer algo con eso”, declaró la excandidata Carolina Tohá ante la Televisión Nacional de Chile, y reflexionó: “Sinceramente, aquí no hay dos extremos simétricos: la derecha que estamos teniendo en Chile es una que está radicalizada, que se ha puesto más ortodoxa, más intolerante, más extrema; la izquierda que estamos teniendo hoy en Chile, al revés, es una izquierda que se ha ido moderando, que ha ido integrando a distintos sectores, que ha ido retrocediendo sobre posturas radicales que en algún momento tuvo”.

El 3 de julio del presente año, el candidato de ultraderecha Johannes Kaiser afirmó que apoyaría un nuevo golpe de Estado, “con todas sus consecuencias”, en caso de que se diera una situación similar a la del gobierno de Salvador Allende: la de una presidencia socialista electa por vía democrática. El 23 de octubre, más de 100 representantes de la ex-Concertación por la Democracia (la coalición de centro-izquierda que sucedió a la dictadura), entre los que se incluían altos funcionarios de gobiernos anteriores, firmaron una carta titulada “Nuestra opción por Chile”; una declaración de su apoyo a Evelyn Matthei. Es que el sello del Partido Comunista, así como asegura apoyos, sacude un encono latente en el país trasandino.

“Yo creo que el anticomunismo no es tan fuerte”, matiza Martorell, que elabora: “Vamos a ser un laboratorio para medir cuánto de lo malo que hizo el comunismo en el mundo en algún momento de su historia permea a generaciones que no están vinculadas a esa historia. Ven a un PC chileno que está metido en el colegio de profesores, que trabaja en los gremios, que está en los sindicatos mineros, en la educación y que, en Chile, por lo menos, incluso el que perteneció a la Unidad Popular entre el 70 y el 73 y que ha sido parte de los últimos dos gobiernos, siempre se ha sometido a las reglas del juego democrático. Tenemos ministros de Justicia, de Educación, del Trabajo, que son comunistas, y ninguno ha tratado de imponer la dictadura del proletariado ni mucho menos”.

Conchalí

Jeannette Jara apareció en el gobierno por recomendación de la vocera Camila Vallejo. En la coalición de gobierno habían acordado el Ministerio del Trabajo para el Partido Comunista, pero el nombre que surgía era Fernando Carmona, hijo de Lautaro Carmona, dirigente y eminencia del PC. Y fue Camila Vallejo, amiga personal del presidente Boric desde sus épocas de militancia universitaria, quien deslizó el nombre de Jeannette.

“Unidad, es verdad, unidad”, coreaba Jara desde el estrado; la Jeannette militante y candidata. Esa unidad le costaría roces internos en su propio partido, incluidas las críticas públicas del mismo Lautaro Carmona. “Una situación típica de la política”, como la califica Martorell, pero que ha sido objeto de escrutinio mediático: un partido que debe afirmar a sus bases frente a una candidata que le habla a un público más amplio. Por ahora, Jeannette Jara eligió conservar su militancia, pero dijo estar abierta a congelarla de ser pertinente para un ballotage.

“No obstante algunos me han preguntado si pensaba que esto alguna vez iba a pasar en la vida, y lo había dicho: no estaba dentro de mis pensamientos”, seguía el discurso de Jara. Es que Chile no ha sido un país donde abunden historias como la de ella, de ser elegida. De la comuna de Conchalí han salido futbolistas, reggaetoneros y cantautores de baladas, pero no presidentes, ni menos presidentes comunistas. El hecho de pasar a segunda vuelta ya podría considerarse una anomalía, y es un escenario que se da casi por hecho en el actual panorama electoral.

“A veces uno piensa que la vida es muy curiosa, y hoy es uno de esos días”, se sonreía Jeannette Jara; la candidata que no debería estar ahí. Tuvieron que cruzarse tantos factores, tantas tragedias, decisiones y mensajes susurrados al oído, para plantar en ese estrado metálico a una mujer de la población El Cortijo, junto a la autopista. “Pero también quiero decirles algo –sentenciaba-: Estamos preparados. Sabemos gobernar”.

La elección presidencial de Chile 2025 celebrará su primera vuelta el día domingo 16 de noviembre. Los chilenos residentes en la Argentina podrán consultar su domicilio de votación en la página del Servicio Electoral de Chile (SERVEL).