En el inicio de San Cayetano, el arzobispo Jorge García Cuerva lanzó un fuerte mensaje a las autorides. Una multitud de personas, organizaciones sociales y sindicatos marchó de Liniers a Plaza de Mayo, Una marea de demandas al gobierno.
Convocada por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y otras organizaciones, la tradicional movilización de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, confluyó en Plaza de Mayo, donde se unieron gremios de la CGT, entre ellos Camioneros, UOCRA y UPCN.
En un contexto de creciente conflictividad social, falta de empleo, deterioro salarial y crisis alimentaria en los barrios populares, la manifestación comenzó a la mañana, frente al santuario de Liniers, donde una multitud se reunió mucho antes de la hora de salida a esperar la misa encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.
“El pan no se niega y el trabajo no se mendiga –afirmó García Cuerva–. No podemos desentendernos de los que sufren. No podemos desentendernos de los que revuelven los tachos de basura buscando algo para comer, que no lo hacen porque les gusta, lo hacen por necesidad”.
La homilía marca el inicio formal de la marcha. Afuera, las columnas están listas para movilizar. Pedro Peralta, uno de los peregrinos, devoto además de la Virgen de Luján, camina adelante con una medalla que lo protege. “El pueblo está con hambre, con necesidades”, dice, sin levantar la voz. “Como misioneros de Francisco, recordamos su mensaje de salir a la calle a hacer lío”, agrega.
Mientras la columna avanza por la avenida Rivadavia, pueden distinguirse los colores de las distintas agrupaciones –rojo, azul, blanco, verde– en pecheras y banderas con los nombres de barrios, sindicatos y comedores populares. Héctor, delegado de la UTEP, en la primera línea de la manifestación, enumera uno a uno los derechos básicos negados por el Gobierno nacional: “Salud, educación, vida, familia, soberanía”.
En otra de las columnas, las mujeres llevan pañuelos de colores, sostienen ollas de aluminio y exhiben unos carteles elocuentes: “9 de cada 10 familias en barrios populares sufren inseguridad alimentaria”. Alejandra, de Barrios de Pie –que forma parte de la UTEP–, cuenta: “La olla es lo que nos hermana y lo que nos une. Los alimentos no están llegando a los comedores, los ponemos de nuestro bolsillo”.
El problema es que la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, no entrega los alimentos a los comedores comunitarios. Verónica, de la organización 25 de Mayo, puntualiza: “Los chicos tienen frío y tienen hambre. Y hay familias enteras que duermen en la calle porque ya no tienen más nada. Ayudamos con ollas populares y en comunidad”.
Alrededor de las 11, la marcha se detiene frente a la Basílica de San José de Flores. Se escucha el nombre de Francisco, “un papa que siempre se jugó contra los poderosos”, según lo define el párroco Martín Bourdieu. Es un año importante en conmemoración a la muerte del papa argentino y su legado. Desde la escalinata, reproduce la frase de Papa argentino recientemente fallecido: “No puede haber pan, techo ni trabajo si no hay paz ni cuidado del planeta”.
Los manifestantes llegan a las 14 a Plaza de Mayo, con los pies cansados y los hombros doloridos por cargar las imágenes del santo y de la virgen. Numerosas agrupaciones populares se sumaron en el camino. Las diagonales están llenas de banderas y se oyen los cánticos de la gente. En el escenario, montado frente a la Casa Rosada, se suceden los reclamos: jubilaciones, presupuesto para el Garrahan, rechazo a la precarización laboral. El dato del desempleo habla por sí solo: 7,9 por ciento en el primer trimestre de 2025 –más de 1,1 millones de personas sin trabajo– y una pérdida salarial promedio de más del 36 por ciento.
La jornada concluye con un mensaje de unidad y resistencia frente al avance de las políticas de ajuste. Alejandro “Peluca” Gramajo, referente de la CTEP, remarca: “Tendales de hombres y mujeres no pueden comer. Los trabajadores tienen secuestradas las paritarias. Todos los días se cierran comercios y PyMEs, con la pérdida de cientos de puestos de trabajo de personas que se quedan sin ingresos y tienen que ir a revolver la basura, no por deporte, como quieren hacernos creer algunos miserables, sino para comer. Frente a este contexto complejo, esta unidad que hemos logrado construir es importante para volver a marcar un camino de esperanza, no todo está perdido”.
“Tenemos la obligación de ponerle freno a este gobierno del FMI, para impedir que nuestros hombres y mujeres se sigan cayendo en la peor miseria, pero también tenemos la responsabilidad de mantener la unidad para ser los protagonistas de la reconstrucción del país”, subrayó y llamó a fortalecer la organización popular y mantener “la unidad que hoy se siente en la calle”.
Antes de finalizar el acto, se leyó un comunicado consensuado por las organizaciones participantes, que denunció la estigmatización de los trabajadores, la criminalización de la pobreza y la persecución judicial contra referentes sociales. También se reclamó el fin de los protocolos represivos y se advirtió que la paz social sólo puede construirse garantizando derechos y no con represión.