Por Gabriel Marques Mastroianni
Fotografía: ANCCOM

Las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires restringen el uso de dispositivos tecnológicos a los alumnos. La decisión tiene antecedentes en otros lugares del mundo. ¿Es posible permitirles la entrada a las aulas de manera más sana sin cancelarlos?

Desde el comienzo del año escolar 2025 los estudiantes de las escuelas secundarias porteñas han adoptado un nuevo hábito en su rutina diaria. Al comienzo del día los alumnos dejan sus celulares en un casillero con su nombre y lo guardan ahí hasta el horario de salida o hasta que su profesor les indique que deben usarlo para una actividad. Esto forma parte de las pautas establecidas por la resolución aprobada por el Gobierno de la Ciudad en agosto del año pasado que regula el uso de los dispositivos electrónicos en el Nivel Inicial, Primario y Secundario en escuelas públicas y privadas.

Bluma Hastenreiter Patron, docente de una escuela privada del barrio de Colegiales, cuenta que las restricciones afectan tanto a alumnos como profesores y explica en qué casos se podría eximir esta regla: “Si en alguna actividad puntual se necesita el uso del celular, lo tenemos que avisar con anticipación a través del mail institucional con una explicación pedagógica de porque lo vamos a utilizar y después los directivos nos lo tienen que aprobar”.

Ignacio Budano es docente de la Escuela 14 del Distrito 12 y ha coescrito una interesante nota sobre el problema de las pantallas en el aula. En diálogo con ANCCOM, cuenta que tanto en la primaria como en el Nivel Inicial de esa escuela, los alumnos no pueden llevar sus celulares a la escuela y en caso de que lo lleven se les pide que lo dejen con los docentes y se les vuelve a entregar a la salida. “En general se trata de chicos que no tienen que avisar a sus padres que salieron de la escuela porque los vienen a buscar, así que no es necesario el uso de celulares y es preferible que no los usen”, añade.

Estas restricciones responden a una demanda de ayuda por parte de los docentes, los equipos directivos y las familias, ante una situación que los desborda: chicos que se duermen en el aula, apuestas online en clase, casos de ciberbullying, entre otros problemas que afectan directamente al ambiente de aprendizaje.

“Lo que muchas escuelas piden es más apoyo y contención y no simplemente dar líneas o directrices, sino también la necesidad de la formación docente en entender qué es lo que está dentro de cada dispositivo, de cómo funcionan las plataformas”, afirma Ezequiel Passeron de la organización no gubernamental Faro Digital.

 

Tras el primer semestre completo desde la aplicación de la nueva ley, los docentes cuentan que estas medidas fueron recibidas al principio con alguna dificultad por chicos muy ansiosos y muy nerviosos, como si algo les faltase. “Ahora los veo más tranquilos, veo que juegan a las cartas y al tutti frutti en los recreos, cosa que antes no pasaba. Se fueron adaptando de a poco”, cuenta la docente de Colegiales.

El caso europeo

Argentina está lejos de ser el único caso que propone aulas preferentemente sin pantallas. Por ejemplo, en España se decidió limitar el uso del celular en las escuelas. Durante el último ciclo lectivo hubo una progresión en las restricciones según los distintos niveles, con una prohibición taxativa en el Nivel Inicial y una regulación más laxa a los alumnos más avanzados, pero manteniendo su utilización únicamente para uso educativo y bajo supervisión del docente.

Passeron, que vive hace varios años en Cataluña, explica cómo se reguló el uso de dispositivos electrónicos en las escuelas de esa región durante el último año: “Cada escuela tiene autonomía para tomar sus propias decisiones. Hay una regulación estatal, pero en un contexto donde las escuelas tienen la posibilidad de diseñar sus políticas educativas, sobre todo en lo que tiene que ver con la tecnología”.

Al parecer, los resultados de las medidas han resultado positivos en Cataluña porque se planteó para el próximo ciclo lectivo hacer una prohibición total de su uso en todos los niveles educativos. Pero no es el único caso: cada vez más comunidades en España están adoptando medidas más duras respecto del uso del celular extendiendo la restricción a los recreos y las actividades extraescolares.

El caso español sigue la línea de Francia que regula el uso del celular en las escuelas desde 2018. En otros países europeos como Escocia, varias escuelas han colocado “estaciones de bloqueo» donde se guarda el celular hasta el fin de la jornada escolar.

Un ejemplo cercano

En cuanto a nuestro continente, Brasil se ha posicionado como la punta de lanza en materia de regulación de dispositivos electrónicos en las escuelas, con la promulgación de una ley que afecta a alumnos de entre 4 y 17 años. La norma, que tiene como objetivo “salvaguardar la salud mental, física y psíquica de los niños y adolescentes” prohíbe el uso de celulares tanto en las aulas como en los pasillos, con la distinción de que cada escuela tiene la posibilidad de decidir si los alumnos guardan sus teléfonos en las mochilas, en casilleros cerrados con llave o en cestas designadas.

Esta restricción se debe a una gran preocupación por parte del equipo docente y directivo por una fuerte dependencia al celular por parte de los alumnos que se extendió especialmente durante la pandemia. “Cuando los estudiantes volvieron a la presencialidad, no tenían mucho interés en las clases, con dificultades para prestar atención y menos dispuestos a la interacción cara a cara”, cuenta desde la ciudad de Bahía Marta de Souza França, docente de enseñanza media, según su experiencia con alumnos de entre 14 y 17 años. “Por eso se han creado estrategias que apunten a una convivencia más intensa con la presencialidad, implementando durante los recreos actividades tanto con juegos de mesa como el ajedrez o las damas, como juegos deportivos como voley o fútbol en ronda”, añade.

Josias Correia Neto, también docente de enseñanza media en Bahía, cuenta : “Se generó un problema, principalmente porque los chicos abusaban de la inteligencia artificial para hacer las actividades y usaban los celulares para copiarse en las pruebas, lo que dificultaba a que el proceso de educación fluya como debería”.

Las normas establecidas por la ley apuntan a generar un ambiente educacional más sano tanto dentro como fuera del aula con estrategias para brindar apoyo a los docentes y abordar los problemas de salud mental asociado al uso abusivo de los teléfonos celulares a través de la concientización sobre los riesgos del uso inmoderado de los aparatos. 

Un uso problemático de la tecnología

Aunque no hay datos concluyentes para afirmar que el uso de los celulares sea el responsable directo de los problemas de salud mental entre los más jóvenes, lo que los docentes repiten es que cada vez hay más chicos con patologías diversas que hace que no puedan sostener hábitos mínimos en la escuela. “Estamos hablando de cuestiones mínimas, de no escaparse del comedor o del aula”, relata Budano sobre su experiencia como docente de primaria en la Escuela 14 del Distrito 12. “También hay un problema de ansiedad importante, siempre están preguntando lo que vamos a hacer antes de empezar y les agarra bastante desesperación cuando usamos las computadoras”, añade.

En la misma línea, varios docentes alzaron la voz sobre problemas de motricidad entre los alumnos más chicos “En primaria se ve a muchos chicos que no saben usar la tijera y que no saben picar papel”, cuenta la docente de Colegiales, Hastenreiter Patron. En la misma sintonía, Budano afirma: “Hay un retraso importante en la motricidad, esto lo manifiestan mucho los profesores de Educación Física, que en algunos casos está un poco perdida”. Por otro lado, el docente señala que se ve un retraso en la adquisición del lenguaje en el Nivel Inicial. “Muchas compañeras nos cuentan que ellas veían cierta adquisición de lenguaje en sala de tres y hoy ya no se ve”, subraya .

Los especialistas señalan a la interacción social como la base del aprendizaje del lenguaje, por lo que es peligroso que el uso prolongado del teléfono reemplace estos momentos de interacción que fomentan la adquisición del lenguaje. En consonancia con lo anterior, la Sociedad Argentina de Pediatría desaconseja la exposición de todo tipo de pantallas a niños menores a dos años y recomienda limitar el uso de dispositivos electrónicos durante toda la primera infancia.

Budano también observa una dificultad muy grande para la concentración entre sus alumnos, mientras menciona varios casos de chicos que se duermen en clase porque se quedan despiertos hasta tarde usando el teléfono. Estos problemas escapan de las paredes del aula y pueden deducirse del uso abusivo de los celulares por parte de los jóvenes. 

Mucho por investigar

El neurocirujano francés, Michel Desmurget lleva varios años haciendo un trabajo de divulgación sobre el impacto negativo en la salud producto del consumo de pantallas durante el tiempo de ocio. El especialista destaca que si bien existen usos de pantallas que pueden resultar un buen “alimento cognitivo”, en general los que priman son los menos estimulantes y le roban tiempo a otros muchos más enriquecedores como la interacción social, la lectura, tocar un instrumento o hacer un deporte. El resultado es que se afecta el sueño por el exceso de estímulo, la salud sobre todo por el sedentarismo, el rendimiento escolar, la inteligencia y la capacidad de concentración. “Estas herramientas dañan el cerebro, deterioran el sueño, interfieren con el lenguaje y el éxito académico, perjudican la concentración, aumentan el riesgo de obesidad y mucho más”, resume el neurocirujano.

Ante esta situación, los especialistas creen que a los chicos se los ha dejado muy solos, desamparados en la arena de la virtualidad. Passeron desde su experiencia en Faro digital, expresa una necesidad de “construir nuevas formas pedagógicas para crear instancias educativas que les permitan a pibes y pibas acercarse un poco más a cómo funcionan las plataformas digitales entre las cuales convivimos. No podemos tirarle la inteligencia artificial a los pibes y esperar que aprendan en soledad”.

Por su parte, resultados de las pruebas Pisa 2022 mostraron que, mientras el uso abusivo de las pantallas puede generar distracciones y reducir la capacidad de atención de los alumnos, un uso moderado, por otro lado, puede ayudar a un mejor desempeño. Esa regulación es, justamente, la que Desmurget destaca como muy complicada. Un libro reciente llamado La generación ansiosa que recopila información de distintos rincones del mundo destaca el desgaste que produce a la vida familiar el tira y afloje constante entre niños y jóvenes por un lado y los adultos por el otro, si es que estos últimos no están también absorbidos por las pantallas.

Presiones de mercado

Este debate, obviamente, no se da en un vacío, sino en un contexto donde hay muchos intereses en juego. Por ejemplo, esta semana Microsoft anunció una inversión de cuatro mil millones de dólares en capacitación en IA destinada a escuelas, universidades y organizaciones sin fines de lucro. Fernando Bordignon, profesor asociado en la Universidad Pedagógica Nacional y formado en ciencias de la computación, denuncia que “a partir del asentamiento de las plataformas con una explosión en pandemia, el mercado privado tecnológico ve en la educación una fuente potente de ingresos. Entonces hay una presión externa muy grande del mercado privado tecnológico para que la educación siga siendo un negocio”.

El objetivo de estas empresas es introducir estas herramientas de tecnología de la información y la comunicación en el aula para el uso de los docentes y alumnos. “Hay imaginarios que no condicen con lo que pasa realmente dentro del aula, hay productos creados por estas empresas para la educación que después no sirven para nada”, subraya Bordignon.

Passeron, no obstante, cree que el solucionismo de sacar al celular del aula representa “una utopía falsa” y reconoce a la escuela como un lugar privilegiado para pensar la cultura digital, a la vez que expresa la importancia de “darle la autonomía a cada centro educativo para que, conociendo a la comunidad e incorporando y debatiendo las voces de las familias, los estudiantes y los docentes, puedan tomar decisiones al respecto”.

Teniendo siempre en cuenta que estas decisiones, por el carácter fugaz y siempre cambiante del mundo digital, no serán finales y deberán rediscutirse en las condiciones que plantean estas nuevas tecnologías: minuto a minuto.