El archivo como forma de resistencia

El archivo como forma de resistencia

AmericaLEE es un catálogo multimedial de revistas latinoamericanas, de acceso directo, libre y gratuito, que pone a disposición de investigadores y usuarios en general la enorme y diversa gama publicaciones de todos los movimientos que agitaron el continente.

Entre el ruido ensordecedor del algoritmo y la volatilidad del presente, persiste una costumbre que se convirtió en una responsabilidad con el pasado. Desde Buenos Aires, el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI) relanzó su portal de revistas latinoamericanas AmericaLEE, actualizado y con herramientas interactivas.

La plataforma intenta dar un marco y una cronología a las ideas que circulaban en papel y marcaron la historia latinoamericana. La línea de tiempo y el mapa, por ejemplo, permiten recorrer los movimientos editoriales del siglo XIX y XX.

“Trabajamos con un concepto derivado por nosotros mismos, el campo de las revistas, todas gravitan allí, ocupando distintas jerarquías que nunca son estables y siempre están en disputa. La línea de tiempo y el mapa ayudan a restaurar en ese sentido.”, explica Horacio Tarcus, fundador y director el CeDInCI, investigador principal del CONICET, licenciado en Historia por la UBA y doctor en Historia por la UNLP.

”Queremos que desde un mismo sitio se llegue a una revista de Brasil, a una de Perú o una de México, ya que AmericaLEE es un espacio muy utilizado por investigadores e investigadoras, no solo científicos, también del periodismo y del arte”, agrega.

Horacio Tarcus y Karina Jannello en el Centro de Documentación e Investagación de la Cultura de Izquierdas.  

Detrás del diseño, de los filtros de búsqueda y las fichas catalográficas, lejos de ser detalles técnicos, permiten reconstruir el contexto de cada publicación: quiénes escribieron, cuándo, dónde y bajo qué condiciones. Lo digital no reemplaza al papel: lo protege, lo expande, lo difunde.

Hay algo casi artesanal en el inicio tanto de AmericaLEE como del CeDInCI. Corría 1999 cuando Horacio Tarcus y Karina Jannello, responsable de la biblioteca/hemeroteca, comenzaron a digitalizar materiales del Centro. Sólo tenían dos escáneres prestados: uno donado por la recordada periodista María Seoane y otro por Cecilie Marcus, una investigadora estadounidense. Si bien no había un gran presupuesto, empezaron a digitalizar como política de preservación. Grababa CD-ROM a pedido. Un capítulo, una revista entera. Lo que hacía falta. Lo que no podía esperar. 

“Lo inventamos un poco colectivamente. Primero la digitalizamos para preservarla y le hacíamos un CD a pedido del lector”, evoca Jannello. No como forma de vanguardia, sino como práctica de supervivencia. AmericaLEE fue pensado como un portal de portales: una plataforma desde la cual se puede acceder a colecciones alojadas en bibliotecas del mundo. Pero con una diferencia: aquí no se cobra peaje.

“Los proyectos digitalizados viven en una pulseada permanente entre lo público y lo privado. Porque desde que pasó la etapa en la que todo era gratuito y accesible en Internet, entramos en un mundo virtual que reproduce las desigualdades del mundo real”, reflexiona Tarcus.

Surgieron diferentes portales tanto privados como públicos. Google Books es un caso paradigmático de privatización de estos archivos, que mantiene un convenio con grandes bibliotecas universitarias de Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero el usuario solo puede ver una parte. El acceso completo está reservado para quienes pueden pagar una suscripción. Este modelo excluye.

En cambio, AmericaLEE se sostiene desde otro lugar: desde la decisión política de que la cultura crítica no debe depender del bolsillo del lector, sino de la voluntad de quienes la cuidan, y que debe ser de dominio público. Hay revistas que requieren mayor trabajo de armado. Hay números sueltos, un testimonio o una donación inesperada. Jannello rememora el trabajo paciente con la colección de La Campana de Palo, una publicación de vanguardia en los años 20: “La fuimos reuniendo con ayuda de historiadores del arte, o con datos sueltos, alguien decía ‘en tal universidad está el número 3’, así, de a partes, como un rompecabezas”.

Hay algo del archivo como forma de resistencia. De recordar a aquellos que, por la persecución política, tuvieron que esconder sus bibliotecas, ocultar sus lecturas o quemar los escritos de protesta para sobrevivir. AmericaLEE recupera aquel entramado de redes y pensamientos críticos colectivos. No es nostalgia, sino una forma de discutir. El lector de AmericaLEE no busca una novedad o primicia. Busca una densidad. Perspectiva. Una idea con historia.

“El lector que entra a AmericaLEE tiene un tiempo distinto. Es un tiempo más extenso. Más sostenido. Más intenso”, afirma Tarcus. Un tiempo que no se mide en clics, donde la lectura no es un consumo, sino una conversación con el pasado, y donde las revistas no son reliquias de museo, sino voces que siguen hablando.

Hacer historia en la plaza

Hacer historia en la plaza

El recientemente despedido director del Museo Histórico Nacional, Gabriel Di Meglio, dio una clase abierta en el Parque Lezama frente a una multitud. El historiador le había dado una impronta popular, con perspectiva de género y federal a la institución ¿Por qué lo echaron?

Gabriel Di Meglio da un paso y sube a una tarima improvisada ubicada junto a las rejas que separan el Museo Histórico Nacional (MHN) del Parque Lezama. El público, una multitud de personas que forman un semicírculo en torno a él, lo aplaude. Hace quince días, fue notificado de que sus funciones al frente de la gestión del Museo terminarían el 1 de agosto. Ante esa noticia, el historiador planeó una última visita guiada a modo de despedida, que iba a realizarse el sábado 12 de julio. Pero de forma abrupta, habiendo ya organizado y promocionado la actividad, Di Meglio recibió el llamado de Liliana Barela, Subsecretaria de Patrimonio Cultural, que le informó que la charla quedaba suspendida porque su salida del puesto debía ser inmediata. Rápidamente la nueva gestión tomó el control de las redes del Museo y eliminó el flyer con la convocatoria.  “El adelanto fue una cosa súper torpe.  Yo quería hacer la visita dentro del museo como forma de despedida. Mucha gente empezó a ofrecer solidaridad, a decir que iba a venir y por eso adelantaron el despido y al rato le pidieron al museo que bajara el flyer de mi visita,  así que creo que era para eso, para evitarla”, expresa el historiador en diálogo con ANCCOM. “Creo que hubo una molestia por el apoyo que recibí, porque no esperaban que sucediera esto”, conjetura. 

Di Meglio es Doctor en Historia, docente universitario, autor e investigador del CONICET. Desde el 2020 se encontraba al frente del  Museo Histórico Nacional, el museo histórico más antiguo del país. La institución ubicada en San Telmo junto al Parque Lezama fue creada por Adolfo Carranza en 1890 y entre su colección se encuentran piezas clave de la historia nacional,  como el sable corvo de José de San Martín y la bandera que acompañó a Manuel Belgrano en las batallas del Alto Perú en 1812. Desde el 2024, tanto la colección como los trabajadores del Museo Nacional de la Historia del Traje, cerrado por el Gobierno de Javier Milei vía decreto, también se han incorporado al MHN. 

Ante el adelanto de su despido y la imposibilidad de realizar en el Museo su actividad de despedida, el historiador decidió que la charla se hiciera de todas maneras, el mismo día, a la misma hora, pero del lado de afuera de las rejas. 

A la espera del inicio de la actividad, por los parlantes suena “Jijiji” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el pogo es reemplazado por pequeños saltitos en el lugar y manos que se agitan al ritmo de la música. Di Meglio mira la escena sonriente.  Durante los cinco años en que estuvo al frente de la gestión del Museo, se incorporaron nuevas perspectivas historiográficas, se renovó el guion museológico, se ampliaron las colecciones y se triplicó la cantidad de visitantes. Mientras se prepara para dar inicio a la charla sobre historia popular, los asistentes se acercan, le piden foto y lo abrazan. Son cientos los que han venido a presenciar la última actividad de Di Meglio en el Museo, que pone fin a una exitosa gestión.  El propio historiador reconoció que “el museo está funcionando bien pese a todo, porque hemos logrado seguir haciendo exhibiciones, seguir abriendo, viene mucha gente y nos deja buenos reconocimientos. Funciona bien y aún así se interrumpe, todo ese palabrerío eficientista del Gobierno es pura mentira. Lo que hay es un deseo destructivo de que no funcione”.

Causas posibles 

 A principios de julio, el docente recibió la noticia de que a fin de mes debía abandonar su cargo. María Ines Rodríguez Aguilar, que ya estuvo al frente de dicha institución como interventora en el año 2001 y hasta el mes pasado se desempeñaba como Directora Nacional de Museos,  será quien ocupará el puesto. “No creo que mi despido tenga que ver con la mirada del museo, no sé si va a haber tantos cambios en ese sentido”, supone Di Meglio y continúa: “Pero bueno, esta persona, que fue hasta hace muy poco mi superior inmediata, aceptó o pidió ese puesto, algún plan debe tener. Su mirada de los museos es mucho más tradicionalista que la mía, tiene un estilo de museo más protocolar, digamos”, señala. 

La única información concreta que recibió Di Meglio sobre su desvinculación fue que se trataba de “una decisión política” y que había generado molestias al interior del Gobierno sus expresiones sobre el desfinanciamiento del MHN y otros museos nacionales. Al ser consultado por la situación económica de la institución, el historiador expresó que el presupuesto del Museo era nulo y se acotaba sólo a los salarios, por cierto bajos, de los trabajadores. Di Meglio también había mencionado que al tratarse de edificios antiguos, se requiere un mantenimiento que no es costoso pero sí precisa ser constante. “El patrimonio histórico es muy importante en tanto y en cuanto es clave para un país conservar su pasado”, afirma y agrega: “Y no es tanto el dinero que se necesita para sostener edificios antiguos y colecciones en pie, pero al abandonarlos, se genera un gasto desmedido para poder recuperarlos después.  Este es un edificio del siglo XIX, hay que estar arreglándolo todo el tiempo y creo que hay un error en abandonarlo. Bueno, más que un error, una política premeditada de desfinanciar para que las cosas no funcionen”.

Sable corvo

Al iniciar el recorrido por el Museo, la primera exhibición que se encuentra es “Tiempo de Revolución”, que abarca el período de 1808 a 1824. Hacia el final de dicha muestra, en el centro de un salón blanco y circular, acompañado por la guardia de un Granadero, se encuentra el sable corvo del General San Martín. La célebre arma del Libertador también aparece entre las posibles causas del desplazamiento de Di Meglio. Hace algunos meses, el Ministerio de Defensa le pidió a la Secretaría de Cultura que le ceda el sable para llevarlo al Regimiento de Granaderos. 

El historiador relata que el sable que San Martín compró en Londres en 1812 y que llevó a las campañas de Chile y Perú, le fue legado a Juan Manuel de Rosas por el propio Libertador. Tras la muerte de Rosas, en 1897 su hija Manuela donó el sable al Museo Histórico Nacional. En los años 60, durante la proscripción del peronismo, hubo dos intentos por parte de grupos políticos de robar el sable para entregárselo a Perón, que fueron detenidos por el Ejército. Tras estos sucesos, en 1967 durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, se ordenó trasladarlo al Regimiento de Granaderos, donde permaneció custodiado durante 48 años, sin poder ser visto ni visitado. En 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández, el sable fue restituido al Museo donde originalmente había sido donado. Siendo entonces el MHN el legítimo dueño de la célebre arma, Di Meglio se negó al pedido de Defensa de volver a trasladarlo a Granaderos. El historiador se ocupa de aclarar que el hecho de que su despido tenga que ver con este conflicto, no es más que un trascendido que no puede confirmar, pero que efectivamente el pedido existió y su respuesta negativa también. 

La historia popular 

“Parezco un dirigente político hablando en el parque”, bromea Di Meglio desde la improvisada tarima en Parque Lezama. La charla se centra  principalmente en el trabajo realizado con el equipo del Museo para transformar la propuesta historiográfica. “Se trata de una reflexión sobre cómo estos museos, creados en otra época y con otros objetivos, van cambiando a lo largo del tiempo y deben ir cambiando porque el presente se modifica y las preguntas son otras”, explica.  El historiador marcó tres puntos en los cuales trabajaron para renovar el guion museológico. “Por un lado, lo que queríamos hacer era una historia que fuera policéntrica, es decir, no contada desde Buenos Aires y la región pampeana, sino tratar de tomar la diversidad de este enorme y complejísimo país”, expresa Di Meglio. “También queríamos  una historia que incorporara la perspectiva de género. Hoy estas son palabras prohibidas por las autoridades, directamente hubo museos donde se prohibió usar la palabra género”, denunció el historiador. En tercer lugar, Di Meglio remarcó la voluntad de “además de tener una mirada de género y tener una mirada policéntrica, incorporar una historia de las mayorías, es decir, incorporar la historia popular”. 

Esta propuesta planteaba el desafío de hacer hablar de otra manera una misma colección que se creó con otro objetivo. Di Meglio explica que “de algunas provincias hay un montón de cosas, de otras hay pocas pero tratamos de corregirnos, de no mirar solamente desde un lugar. Entonces, por ejemplo, en la exhibición Tiempo de Revolución, intentamos que el foco vaya cambiando.  Empieza en un lugar, sigue en otro lugar, después pasa a otro. Porque ahí teníamos el patrimonio como para hacerlo”, aclara el historiador. 

En cuanto a la presencia de las mujeres, remarca que “en términos de género el patrimonio es totalmente desigual. Lo que nosotros intentamos fue no hacer rincones de mujeres, es decir, tratar de ir poniendo personajes femeninos, de los cuales tenemos muchísimo menos cosas, a lo largo de todos los temas”. También las clases populares tienen una presencia mucho más débil en el patrimonio histórico en comparación con las clases altas. “Imagínense un paisano, un esclavo, un obrero, hombre o mujer,  no pudo guardar pertenencias para donarle a un museo, es decir, ¿quién podía guardar un traje casi sin usar para que el museo después lo pueda exponer? Esas cosas se usaban,  se pasaban, se destruían. Entonces, la cantidad de objetos es mucho menor”, explica el historiador.  “Intentamos a lo largo de todas las muestras  hacer presente ese mundo popular que es mayoritario, pero muy minoritario en el patrimonio, que tiene una marca social fundante. Pero al mismo tiempo,  hay una  presencia de lo popular en todo el museo y en todos los museos,  ¿quién tejió los textiles que están expuestos? ¿Quién construyó los muebles que están expuestos? ¿Quién hizo los sables? En todos los objetos hay una marca del trabajo y esa es la marca popular”, repasa.

Fuera de las redes

Al finalizar la charla, Di Meglio agradeció a todas las personas que conforman el equipo de trabajadores del MHN y afirmó: “Hay que juntarse, verse por fuera de las redes, organizarse es algo fundamental. Como dice Martín Fierro ‘el fuego para calentar siempre debe venir de abajo’”. Y concluyó: “La historia nos sirve para entender el pasado, pero a veces también nos da algunas lecciones. Tenemos antecesores, tenemos antepasados, muchos están vivos, muchos están acá, que han enfrentado cosas peores que ésta, tiempos más oscuros, que  en algún momento también terminaron. Si nos enseña algo la historia es que siempre hay esperanza”. 

Al terminar la charla, muchos de los presentes formaron fila para saludar a Di Meglio, sacarse fotos y brindarle su apoyo, incluso hubo estudiantes que le pidieron que les autografiara sus apuntes. El Museo también recibió la visita de muchos de los que acudieron a la actividad, los pasillos se llenaron de gente que tras la charla entró a recorrer las distintas exhibiciones. Con salas llenas, colmadas de visitantes, la multitud despidió la gestión de Di Meglio frente al Museo Histórico Nacional. 

«No queremos más que se nos borre de la historia»

«No queremos más que se nos borre de la historia»

La Primera Marcha de las Comunidades Afroargentina, Afrodescendiente, Africana, Afrodiaspórica y Panafricanista tuvo lugar este miércoles frente al Congreso. Qué derechos reclaman.

Por primera vez en nuestro país, columnas de organizaciones afro marcharon este miércoles 8 de noviembre bajo premisas variadas: diversidad, religión, cupo laboral, revisionismo histórico e inclusión fueron algunos de los principales ejes en disputa. El encuentro contó con una gran convocatoria y recorrió de manera pacífica la distancia entre Plaza de Mayo y el Congreso de la Nación. Con la premisa transversal del reconocimiento social, esta porción de la comunidad argentina tuvo que salir a las calles para ser reconocida. Invisibilizados, tanto por los medios de comunicación como por la historia, la movilización sirvió de llamado de atención a una sociedad que aún no se percata de sus problemas estructurales en torno al racismo.

Hace no mucho tiempo el caso judicial de Lucas Gonzalez introdujo como agravante el odio racial en la condena a los policías que lo ejecutaron a sangre fría. Hoy, sin haber ocurrido ningún cambio significativo en torno al tratamiento de estos sectores históricamente marginados, algunos todavía se sienten inseguros y olvidados.

“Sabemos perfectamente que el odio, la persecución y la idea de exterminio ha perseguido a muchos pueblos, entre ellos al pueblo negro”, explicaba Melina Sánchez, migrante y activista por los derechos humanos. “Estamos acá como señal de resistencia, pero también demostrando que somos una organización política y que tenemos mucho para aportar a la sociedad argentina, porque somos parte histórica de ella”.

En búsqueda de romper con el ocultamiento sistemático de sus aportes a la historia del país, muchos de los reclamos recayeron en el reconocimiento a la participación en la historia nacional de la figura de Remedios del Valle, “La Capitana”. “Lo que me moviliza personalmente es la reivindicación y la restauración por los daños hechos dentro del historicidio argentino a las disidencias que somos los afro argentinos, los afrodescendientes, africanos y a los pueblos originarios que constituimos esta nación desde el principio, desde su fundación”, decía Nahuel Tawahedo, afro argentino de sexta generación. ”No queremos más que se nos niegue, que se nos invisibilice y que se nos borre de la historia”.

“No venimos como un sector minoritario de la población a exigirles reconocimiento al Estado: nosotros ya estamos constituidos como naciones, como bloques con diferentes entidades y ascendencias de diferentes naciones africanas. Tenemos algo que decir, algo por que luchar. Lo que vamos a tratar de generar o estamos generando es que se avale todo eso”, concluía su testimonio Tawahedo que, a partir del movimiento de la marcha empezaba a desplazarse al destino final.

El recorrido de Plaza de Mayo al Congreso fue festivo. Candombe, capoeira y múltiples manifestaciones de cultura negra se apoderaron de la calle y obtuvieron la mirada de todo el que pasaba. Carteles y banderas acompañaron el recorrido. “La negra que me parió”, “Basta de racismo” y algún que otro cartel en contra del conflicto en medio oriente podían llegar a leerse. Vestidos con ropa religiosa de matriz afro, parte de los bloques manifestantes se movilizó por el respeto a formas de culto no católicas. Piruetas y sonrisas le seguían por delante, junto a instrumentos que no dejaron de sonar ni un momento.

Llegados al Congreso, cerca de las 20, los organizadores instalaron el equipo de sonido para el discurso final. Literatura negra y comida se instalaron junto a ellos en las calles. Media hora más tarde, sin sol en el cielo, los reflectores y las lecturas de los reclamos iluminaron a las oradoras. “Reunides nada más y nada menos que frente al Congreso de la Nación vamos a luchar por la representación política de la comunidad afrodescendiente”, inició su discurso una de las oradoras del 8N para, luego, mencionar a las organizaciones, instituciones y personas que apoyaron la realización de esta movilización.

“Hoy nos congrega esta marcha a diez años de la Ley 26852. Esta marcha marca un hito histórico en la comunidad, se trata de la primera acción en unidad del movimiento político afrodescendiente”, proclamó la oradora acompañada de aplausos. “A 40 años de democracia hay muchas deudas con la comunidad afrodescendiente, hay muchos logros también que nos unen y nos trajeron hasta acá, pero hay demandas y vamos a seguir en la lucha ¡Somos una comunidad de lucha! ¡Somos la resistencia negra de Argentina!”, concluyó el grupo organizador del 8N. Finalmente se leyó el documento con los propósitos del encuentro: Basta de racismo y otras formas conexas de intolerancia, la aprobación de una ley antirracista, la preservación de los Territorios Ancestrales y del Patrimonio Cultural, el reclamo por cupo laboral, representación política afro y el respeto a las religiones de matriz afro fueron algunos de los planteos mencionados.

Ante un proceso de radicalización de ciertos discursos de odio, la marcha afro, específicamente en este país, marca un antecedente muy importante en tanto restituye su voz a quienes la historia no dudo en callar. Religiones, culturas y vidas humanas debieron mostrarse en público como grupo para que se les reconozca como personas habitantes de este país.

Teatro histórico y transhumante

Teatro histórico y transhumante

En clave de comedia y desde hace casi tres décadas, la compañía Museo Viajero repone el pasado para estudiantes de diversas edades. Cada año, 30.000 chicos asisten a sus funciones.

El Museo Viajero es una compañía de teatro fundada hace 27 años cuyo objetivo es ir a salas e instituciones a representar un género que ellos llaman «comedia histórica». Fabián Ucello es historiador, también director y fundador. “Aunque parezca un chiste, esto empezó en un asado. Yo coleccionaba cosas antiguas de la vida cotidiana, y con Héctor López Girondo, titiritero del Teatro General San Martín, creamos una obra llamada Un siglo en un ratito donde había que llevar objetos que contaban la vida de los papás cuando eran chicos, y también de los abuelos y bisabuelos. Se hizo una conjunción entre nosotros, más el aporte de Raquel Prestigiácomo, que es licenciada en Letras”.

Actualmente, no tienen una sede fija, ya que la Asociación Amigos del Museo Saavedra, donde estuvieron todo este tiempo, decidió utilizar el lugar para otros fines. “Es un divorcio. Es una relación de 27 años. Al principio ellos tenían una sala totalmente vacía y el director de entonces, Alberto Piñeiro, me dice: ‘Vamos a hacer una o dos funciones’. Tuvieron tanto éxito que me pidió que me quedara. Venía cada vez más gente y a partir de ahí empezamos a armar una sala para 200 personas. La Asociación de Amigos cobraba una entrada y el Museo se llevaba un porcentaje”.

La editorial Eudeba va a publicar dos libros con referencias, dibujos e información extra para chicos en edad escolar. Al respecto, Ucello cuenta: “A los docentes les ayudamos con guías de lectura. Hay una obra que se llama La pequeña aldea que cuenta la vida cotidiana en 1810 a través de una maqueta maravillosa de cómo era la ciudad de Buenos Aires, y toda la investigación se volcó en un libro con el mismo título, también publicado por Eudeba, y que lleva cuatro ediciones, la última con prólogo de Felipe Pigna”.

Ucello considera que es una herramienta para el docente y que, aparte de las obras, cuenta con mucha información esclarecedora sobre los usos y costumbres: “Los chicos hace 20 años dibujaban en forma de campana los vestidos de las mujeres y eso no se usaba en 1810, sino en la época de Rosas”, señala.

Cada obra está diseñada para alumnos de distintos ciclos así como un gran catálogo de actividades para seguir trabajando en clase después de cada función. Raquel Prestigiácomo, además de licenciada en Letras es formadora de docentes y la encargada del diseño de varios de los manuales que se encuentran publicados en la web. “Es una especialista en las necesidades del docente”, destaca Ucello.

A diferencia de otros teatros, en vacaciones se toman un receso, por lo que no tienen actividad tanto en verano como invierno. Al ser obras de corte educativo, prefieren desarrollarlas en el período escolar. En números, el director detalla que asisten por año entre 23 mil a 30 mil chicos de diversos lugares. En un mismo día trabajan 24 personas entre bailarines, cantantes, actores y magos, poseen tres trailers que viajan por distintas instituciones y la cantidad de obras disponibles son 26.

ás allá de que ahora no tienen una sede propia, visitan sitios como el Museo Sarmiento en el barrio de Belgrano, la Facultad de Veterinaria, la Sociedad Científica Argentina, e incluso la ciudad de Luján, sin dejar de lado la presencia en las escuelas. “Siempre tratamos de ir a un lugar de referencia, donde tengan un plus para hacerlo”, agrega Ucello.

Sobre el recibimiento del público, tanto de alumnos y docentes, manifiesta: “Los docentes lo toman como una herramienta pedagógica. De hecho ya nos conocemos. Me llaman por el nombre de pila y algunos me han visto actuar en las obras, pero ya dejé para pasar a ser director”. En su momento, Ucello pensaba que los docentes solo iban por las exhibiciones en el Museo Saavedra, pero en realidad querían ver las obras de teatro.

Como en varios lugares de la cultura y la vida social, el cambio de época es un hecho y El Museo Viajero no es ajeno a su circunstancia. “Nosotros teníamos una obra de Cristóbal Colón que fue un boom y ahora los chicos no van porque lo ven a Colón con otra mirada, a pesar de que nosotros contábamos sólo el viaje. Ahora tenemos dos obras sobre los pueblos originarios”.

No hay demasiados antecedentes de una experiencia así. Ucello no puede creer que en estos 27 años nadie los haya copiado. “El estilo de teatro que nosotros hacemos se puede aplicar a todo, no solo para la historia. Todas las obras se basan en un diálogo entre un director y uno o dos ayudantes que realizan una pregunta adecuada o van a interpretar una situación no necesariamente cómica, sino visual, que atraiga a los chicos”. En los 45 minutos que dura la obra utilizan como recursos títeres, baile, música, canto y hasta magia.

El Museo Viajero a lo largo de su historia recibió distinciones y reconocimientos del Fondo Nacional de las Artes y el Instituto Nacional del Teatro. Sin embargo, no cuenta con apoyo gubernamental, pero a Ucello no le preocupa: “No nos ayuda nadie. Cuando vos pedís que te ayuden, te agarran la cabeza y tratan de hundir. Te soy sincero: a nosotros siempre nos fue bien sin que nos ayuden, porque siempre te piden algo y no es fácil venderse. Ahora pasó esto del Museo Saavedra y buscaremos otro lugar para hacer lo nuestro”.

A futuro, piensan sumar obras. “En noviembre vamos a estrenar Obligada estaba la vuelta con la historia del combate de Vuelta de Obligado que va a ser de cuarto grado para arriba. También tenemos obras para los chicos de jardín a tercer grado como Pequeño corazón, que narra el viaje de Manuel Belgrano desde Buenos Aires hacia Rosario, un hecho casi desconocido del que, hace poco, se encontró un manuscrito de él donde lo cuenta”.

 

 

¿Dónde ver al Museo Viajero?

Las obras Chocolate por la Libertad, Mondongo para Manuel, El Arbolito frente al Cabildo, Cabildo Abierto, La Gran Semana de Mayo, La Pulpería de Jacinto se pueden ver hasta el 2 de junio en el Museo Sarmiento, Cuba y Juramento (CABA). Las entradas cuestan 1.500 pesos y 1.400 para escuelas públicas.
El Cordobazo también tiene caras de mujeres

El Cordobazo también tiene caras de mujeres

Agustín Tosco con delegadas de Luz y Fuerza. Foto Carlos Ardiles.

Obreros y estudiantes, unidos contra la dictadura militar que comandaba Juan Carlos Onganía. Eso fue el Cordobazo. La historia de esas jornadas recuerda a líderes gremiales como Agustín Tosco, Elpidio Torres y René Salamanca, pero poco se ha dicho sobre el rol que cumplieron las mujeres. ANCCOM rastreó, ubicó y dialogó con algunas de ellas, que rememoraron esos días, su militancia y cómo se abordaba la cuestión de género.

El Sindicato de los Mecánicos y Afines del Trasporte Automotriz (SMATA) y el Sindicato de Luz y Fuerza habían convocado a un paro activo por 36 horas en Córdoba. La huelga desembocó en una movilización masiva y posterior represión durante los días 29 y 30 de mayo de 1969.

Soledad García Quiroga, profesora de Letras y sindicalista docente, quien hasta la actualidad continúa viviendo en Córdoba, recuerda aquellos días, de los que formó parte. “No se luchaba en general por mejores salarios, por paritarias como hoy, se pedía, por supuesto, cuando había situaciones de gremios postergados,  pero mucho más eran las ocho horas, las condiciones de trabajo en los comedores de fábrica que no eran comedores, o sea, las compañeras comían en las máquinas, con suerte, o en un rincón de un salón,  explica. “Lo mismo en las propias situaciones de las escuelas, tampoco teníamos lugares aptos para reunirnos a comer y socializar, a lo sumo podía haber más adelante una cantina privada pero no teníamos condiciones adecuadas para poder intercambiar, interactuar y debatir, que eso es lo necesario en un colectivo de trabajadores”, agrega.

Soledad tiene la certeza absoluta de que las mujeres tenían un papel protagónico. “Había voz, si algo teníamos era voz. Quizás no éramos escuchadas o esas voces eran invisibilizadas, pero tratábamos de tener voz. Yo hablo también de una realidad muy concreta del contexto, que era el sindicato docente en donde he militado toda mi vida, entonces, quizá allí sí la teníamos”, dice, aunque reconoce: “Lo que no teníamos a veces era incidencia en las decisiones. Pero sigue pasando, las mujeres participamos, participamos en lo barrial, lo social, lo político, pero después no tenemos incidencia en el poder de decisión.”

Nene Peña, delegada bancaria, en el Cordobazo.

Las mujeres del Cordobazo fueron partícipes activas, desde los lugares que les tocó vivenciar la revuelta de aquellos días. De diversas maneras, aportaron a la historia desde sus realidades.

Los sucesos de mayo del 69 son contados en fotografías y tapas de diarios de distintas maneras, pero en general se ha omitido la participación de mujeres; muy poco se habla de que ellas también formaron parte de esas jornadas.

Susana Romano Sued, como Soledad, también vive actualmente en Córdoba, y en aquel entonces era estudiante de Letras Modernas y militante universitaria de izquierda. Asegura que en las universidades las revueltas eran constantes y la participación femenina activa. “Iba a las asambleas en el comedor, suspendíamos clases contra los profesores que eran pro dictadura y que se habían atenido a la intervención. Nos rebelábamos. Yo era muy activa y había dos profesoras que también se aliaron pero no teníamos roles destacados ocupando cargos importantes. Por ejemplo, yo escribía muchos panfletos.Teníamos mucho coraje, que se había hecho masivo entre las mujeres”, recuerda Susana.

Respecto de aquellos días de organización y lucha, describe: “Con las compañeras nos dirigimos a los barrios para descentralizar, nos encontramos con montones de camiones llenos de obreros que se dirigían en sentido contrario, en los barrios quedaron las amas de casa. Fue un sentimiento de emancipación frente a las fuerzas represivas. En el barrio Clínicas, donde vivían en pensiones muchos estudiantes, las que defendían las pensiones eran mujeres. Se amplió una protección masiva femenina.”

Susana afirma que “el Cordobazo fue un punto de inflexión en la conciencia de las mujeres.” Por su parte, María Ledesma, hoy catedrática de la Universidad de Buenos Aires e investigadora en Teoría del Diseño, cuenta que si bien durante aquellos años recién comenzaba militancia universitaria, participó junto a otras mujeres a la par de los varones, durante la represión “Nosotras también nos enfrentamos en la represión, ayudamos a armar las barricadas y tirábamos piedras a la par de los compañeros”. señala.

Soledad García Quiroga, sindicalista docente.

Ana Noguera es Doctora en Historia,  profesora de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en el estudio de la militancia política de las mujeres en los años ’70. Aunque ella no participó del Cordobazo, afirma sobre ese hecho histórico: “Si bien hay una participación, porque lo hacen desde su lugar de trabajadoras obreras, o participan también muchas estudiantes que se habían empezado a acercar a distintas agrupaciones que va a tener la universidad, no tiene un carácter masivo. Y eso también tiene que ver  porque los sectores que convocan al Cordobazo son sectores que están compuestos básicamente por varones”.

En los años ’60, se había empezado a gestar un gran crecimiento industrial en Córdoba, aunque las mujeres no lograban insertarse en sectores laborales que se hallaban mayoritariamente representados por la presencia masculina. Noguera sostiene que las mujeres se encontraban condicionadas por estereotipos ligados al género, y que este aspecto influía en los puestos laborales. “En el censo del ’70, por ejemplo, las muestra todavía muy ligadas a las industrias como ‘tradicionalmente femeninas’, o que ellas siempre ocuparon ese lugar, como puede ser la industria textil, la industria del calzado, el sector de alimentación, docentes por supuesto, y crecientemente más vinculadas al comercio, lo que es el sector terciario de la economía, bancos, comercios, seguros. Entonces, sí hay una división sexual del trabajo en la época, lo sigue pasando en la actualidad también”, cuenta.

En Córdoba se dieron varias “puebladas” durante aproximadamente una década, desde 1966 hasta 1976. El Cordobazo del ’69 fue el comienzo de un proceso prolongado que tenía como objetivo derrocar al gobierno dictatorial de Onganía, aunque no  fue su efecto inmediato, ya que su dimisión  se produjo el 7 de junio de 1970;  sin embargo, la protesta fue un antes y un después en la lucha organizada,  un puntapié para la organización popular en la que se unieron diferentes actores sociales.

No es novedoso que la historia no tenga registros acerca de la participación de las mujeres en hechos concretos; lo cierto es que al Cordobazo también lo parieron compañeras, obreras, estudiantes y amas de casa.

Bibiana Fulchieri, fotógrafa, periodista e investigadora cordobesa, es quien se dedicó arduamente a recuperar y registrar las memorias de aquellas voces: las de las mujeres.

A través de la fotografía, recopiló testimonios de protagonistas que formaron parte del Cordobazo. “Llegó el momento de incorporarlas en la memoria, de ponerles nombres y apellido y, de justificar los 50 años o más, que están en la calle, aún hoy. Para lograr su objetivo de reivindicar las memorias de las mujeres, ni más ni menos que hacerlas visibles a ellas y a su compromiso social, y darles el lugar en la historia, que se merecían y se les había negado”.

Fulchieri se interesó en reconstruir este hecho, tomarlo y agregarle perspectiva de género, reunió así 20 testimonios de mujeres protagonistas, hilando fino logró la edición de su libro El Cordobazo de las mujeres, de la Editorial Las nuestras. Allí les dio nombre propio a cada una de ellas. Una anécdota respecto de la investigación fue la clave para enfatizar su trabajo.Mire señora, acá es el Archivo General de la Nación. Y acá, se guardan las memorias del Estado, se ve que al Estado no le interesa guardar algunas memorias”, le contestaron a Bibiana cuando intentaba llegar a datos concretos en esa dependencia. Ella enfatiza sobre la importancia de analizar los registros y asegura que lo que se guarda y se recuerda de hechos históricos es lo que termina definiendo la memoria.

“Cada vez que yo encontraba un lugar donde había mujeres, me fue abriendo un panorama enorme. Fui armando como un rompecabezas en donde cada vez mi búsqueda se fue intensificando más en función de saberlas dónde. Los lugares en donde ellas estaban ubicadas laboralmente: enfermeras, maestras, industrias del calzado, el vidrio, autopartistas, sindicatos de salud, algunas otras profesionales y estudiantes”, relata Fulchieri.

Las mujeres del Cordobazo existieron y desde sus lugares y vivencias cotidianas contribuyeron a la lucha colectiva; lo hicieron a través de la militancia activa, de los  cuidados hogareños, como trabajadoras remuneradas y no remuneradas o como estudiantes. Hicieron y formaron parte de la Historia, con mayúsculas.