El archivo como forma de resistencia
AmericaLEE es un catálogo multimedial de revistas latinoamericanas, de acceso directo, libre y gratuito, que pone a disposición de investigadores y usuarios en general la enorme y diversa gama publicaciones de todos los movimientos que agitaron el continente.
Entre el ruido ensordecedor del algoritmo y la volatilidad del presente, persiste una costumbre que se convirtió en una responsabilidad con el pasado. Desde Buenos Aires, el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI) relanzó su portal de revistas latinoamericanas AmericaLEE, actualizado y con herramientas interactivas.
La plataforma intenta dar un marco y una cronología a las ideas que circulaban en papel y marcaron la historia latinoamericana. La línea de tiempo y el mapa, por ejemplo, permiten recorrer los movimientos editoriales del siglo XIX y XX.
“Trabajamos con un concepto derivado por nosotros mismos, el campo de las revistas, todas gravitan allí, ocupando distintas jerarquías que nunca son estables y siempre están en disputa. La línea de tiempo y el mapa ayudan a restaurar en ese sentido.”, explica Horacio Tarcus, fundador y director el CeDInCI, investigador principal del CONICET, licenciado en Historia por la UBA y doctor en Historia por la UNLP.
”Queremos que desde un mismo sitio se llegue a una revista de Brasil, a una de Perú o una de México, ya que AmericaLEE es un espacio muy utilizado por investigadores e investigadoras, no solo científicos, también del periodismo y del arte”, agrega.
Horacio Tarcus y Karina Jannello en el Centro de Documentación e Investagación de la Cultura de Izquierdas.
Detrás del diseño, de los filtros de búsqueda y las fichas catalográficas, lejos de ser detalles técnicos, permiten reconstruir el contexto de cada publicación: quiénes escribieron, cuándo, dónde y bajo qué condiciones. Lo digital no reemplaza al papel: lo protege, lo expande, lo difunde.
Hay algo casi artesanal en el inicio tanto de AmericaLEE como del CeDInCI. Corría 1999 cuando Horacio Tarcus y Karina Jannello, responsable de la biblioteca/hemeroteca, comenzaron a digitalizar materiales del Centro. Sólo tenían dos escáneres prestados: uno donado por la recordada periodista María Seoane y otro por Cecilie Marcus, una investigadora estadounidense. Si bien no había un gran presupuesto, empezaron a digitalizar como política de preservación. Grababa CD-ROM a pedido. Un capítulo, una revista entera. Lo que hacía falta. Lo que no podía esperar.
“Lo inventamos un poco colectivamente. Primero la digitalizamos para preservarla y le hacíamos un CD a pedido del lector”, evoca Jannello. No como forma de vanguardia, sino como práctica de supervivencia. AmericaLEE fue pensado como un portal de portales: una plataforma desde la cual se puede acceder a colecciones alojadas en bibliotecas del mundo. Pero con una diferencia: aquí no se cobra peaje.
“Los proyectos digitalizados viven en una pulseada permanente entre lo público y lo privado. Porque desde que pasó la etapa en la que todo era gratuito y accesible en Internet, entramos en un mundo virtual que reproduce las desigualdades del mundo real”, reflexiona Tarcus.
Surgieron diferentes portales tanto privados como públicos. Google Books es un caso paradigmático de privatización de estos archivos, que mantiene un convenio con grandes bibliotecas universitarias de Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero el usuario solo puede ver una parte. El acceso completo está reservado para quienes pueden pagar una suscripción. Este modelo excluye.
En cambio, AmericaLEE se sostiene desde otro lugar: desde la decisión política de que la cultura crítica no debe depender del bolsillo del lector, sino de la voluntad de quienes la cuidan, y que debe ser de dominio público. Hay revistas que requieren mayor trabajo de armado. Hay números sueltos, un testimonio o una donación inesperada. Jannello rememora el trabajo paciente con la colección de La Campana de Palo, una publicación de vanguardia en los años 20: “La fuimos reuniendo con ayuda de historiadores del arte, o con datos sueltos, alguien decía ‘en tal universidad está el número 3’, así, de a partes, como un rompecabezas”.
Hay algo del archivo como forma de resistencia. De recordar a aquellos que, por la persecución política, tuvieron que esconder sus bibliotecas, ocultar sus lecturas o quemar los escritos de protesta para sobrevivir. AmericaLEE recupera aquel entramado de redes y pensamientos críticos colectivos. No es nostalgia, sino una forma de discutir. El lector de AmericaLEE no busca una novedad o primicia. Busca una densidad. Perspectiva. Una idea con historia.
“El lector que entra a AmericaLEE tiene un tiempo distinto. Es un tiempo más extenso. Más sostenido. Más intenso”, afirma Tarcus. Un tiempo que no se mide en clics, donde la lectura no es un consumo, sino una conversación con el pasado, y donde las revistas no son reliquias de museo, sino voces que siguen hablando.










