Como cada 21 de junio, vecinos y comunidades originarias celebraron la llegada del Año Nuevo Aymará y anunciaron la realización de la Fogata de San Pedro y San Pablo, pese a la oposición del Gobierno de la Ciudad.

Durante las primeras horas del último 21 de junio en el Parque Avellaneda se celebró la llegada del Año Nuevo Andino, Amazónico y Chaqueño 5527 y la ceremonia del Regreso del Sol -o Inti Raymi- con los pueblos originarios en la Wak’a, espacio que simboliza el encuentro y la siembra de las culturas ancestrales. 

Desde hace 20 años que se realiza esta festividad en el parque. Josué Fernández Gutiérrez, quechua, oriundo de Bolivia, es la octava vez que participa. “Hoy es la noche más larga y fría del año -explica- porque el sol está en el punto más alejado de la Tierra y a partir de mañana empieza a volver. Entonces, lo que se celebra es el nacimiento del nuevo sol y se agradece porque todo nacimiento es vida”.

A las 22 del jueves 20 comenzaron a arribar los comensales, se acomodaron en grupos y cada uno encendió una fogata alrededor de la Wak’a. Según Josué, debieron luchar mucho contra el Gobierno de la Ciudad para tener este “lugar energético”. “Desde lo espiritual –afirma– sentimos que todos los que hemos venido a recibir el nuevo sol, somos uno. Con esa energía juntaremos todos los fuegos en agradecimiento al sol”. En efecto, cuando está por amanecer, se forma una única pira y se realiza en torno a ella una ceremonia de agradecimiento.

Shuli, una cuyana de 78 años que acompaña a la comunidad, cuenta sobre las comidas típicas del festejo: “Cocinamos api en una olla de barro, con harina de maíz morado, canela, clavo de olor, azúcar y limón y también hacemos sopa de maní con arvejas, papa, zapallo, zanahoria y pollo. Cada grupo hace su comida, pero compartimos entre todos. Además, formamos rondas donde distintas personas tocan el sikus, comienza un grupo tocando una canción y luego siguen los otros”. 

Durante el rito de agradecimiento se acercan a la Wak’a en parejas, se arrodillan y colocan en la tierra los frutos que salen de ella, como trozos de fruta, semillas o legumbres. Una vez que pasan todos, se tapa el lugar donde se hicieron las ofrendas para que la Madre Tierra también pueda comer de aquello que produce. 

El 15 de junio, una semana antes, tal cual publicó la revista barrial Floresta y su mundo, unos cien vecinos se acercaron al Antiguo Tambo del Parque Avellaneda y en asamblea discutieron qué hacer ante la postura de la Dirección de Espacios Verdes del GCBA, que no aprobó la realización de la tradicional Fogata de San Pedro y San Pablo programada para este 29 de junio. La principal conclusión a la que llegaron es que el Gobierno porteño busca eliminar las actividades al aire libre de las que no puede controlar su contenido, y por eso también corría peligro el festejo del Año Nuevo Aymará.

El año pasado, de hecho, vieron interrumpida la celebración por la Policía y un camión de bomberos, que quedó atascado al ingresar para apagar las fogatas que estaban totalmente controladas. Las personas que se encontraban esperando el nuevo sol los ayudaron a a salir por donde habían entrado. “Más tarde volvieron los policías, pero por un plato de sopa de maní”, recuerda Shuli con una sonrisa.

Mientras el Gobierno de la Ciudad esgrime el Código de Convivencia para obstaculizar la celebración, Hugo Choque, integrante de la comunidad Aymará, sostiene: “Somos los únicos que podemos hacer respetar nuestros derechos. Logramos que la Wak’a sea reconocida por el Gobierno y hubo mucha gente que trabajó para el festejo de hoy. Los vecinos nos acompañaron porque ellos, además, realizarán la fogata de San Pedro y San Pablo”. 

La comunidad y los vecinos tienen la normativa de su lado. La ley Nº 1153 declara al Parque Avellaneda como “una unidad ambiental y de gestión y reconoce a la Mesa de Trabajo y Consenso –que ellos integran– como instancia de participación abierta y pública ad honorem para la planificación, gestión, monitoreo y orientación del Plan de Manejo del Parque”. Pero saben, también, que al Gobierno le importa poco la norma y, menos aún, los cultos milenarios de los pueblos originarios, por lo cual esperan un acompañamiento multitudinario en la fogata del próximo sábado.