Con su humor ácido y 250.000 seguidores en las redes sociales, Guillermo Aquino guiona, actúa y edita los sketchs que provocan risas y replanteos existenciales. Multifacético, sus producciones circulan entre Internet, la radio, la televisión y el teatro .
Guillermo Aquino, en el tradicional Café San Bernardo, en Villa Crespo.

Guillermo Aquino es guionista, actor y editor de El Sketch, escenas humorísticas breves en clave  irónica, ancladas en la actualidad. Comenzó en 2015, en el programa La Hormiga Imperial como un juego, a modo de apuesta tal vez. Pero ese zig zag entre los límites de lo no dicho, pisó fuerte para quedarse y ahora se instaló en el programa “Sobredosis de TV” de C5N. Con visualizaciones en las redes sociales que se multiplican vertiginosamente, coronó su reconocimiento con la yapa de que Cristina Fernández de Kirchner haya compartido dos de los sketchs en su Twitter, a modo de crítica social descontracturada: Malas noticias y el otro fue Principio de año vs. fin de año (2018). Es así que Aquino, casi sin querer, creó un humor que interpela al público desde la cotidianidad, tan simple y compleja.

Es viernes a la noche, y Aquino recién termina de editar su sketch semanal, para la emisión de “Sobredosis de TV” del sábado. Como lo único que quiere es relajarse un poco de la adrenalina, se sirve cerveza con sus dedos pintados de negro. Una uña sí y otra no, como la ambigüedad que caracteriza a su humor, que va y viene a toda velocidad de una punta a la otra. Y cuando el espectador cree que ya sabe dónde va a aterrizar le da una sacudida, dejándolo sumergido entre la risa y algún que otro pensamiento existencial.

Mientras mastica un tostado de jamón y queso, Aquino reflexiona sobre si los sketchs están atravesados por  “humor político”: “Algunos sí y otros no, el principal objetivo es que sea gracioso. También me gustan las temáticas más boludas, aunque en un año electoral es ineludible el tema. Se puede pensar que el sketch tiene un arco argumental, el de esta temporada es la crisis y ya mi personaje se volvió medio chaplinesco. No solo tiene un problema con una persona en particular, sino también con el Estado, con todo el país. La situación social es el nuevo enemigo. A la vez es el tipo de humor que tengo yo y la gente con la que me llevo bien. De todas maneras, tengo varios que me escriben y me dicen ‘yo soy tu fan macrista’, o ‘soy re zurdo, no me gusta cuando te metés en política, pero lo que hacés me causa gracia’”.

 

«Tengo varios que me escriben y me dicen ‘yo soy tu fan macrista’», cuenta Aquino,

En un contexto social como el actual, este humor es la crisis dentro de la crisis, llevando al espectador a que se ría sin estar seguro de qué: si de los personajes, de la sociedad o de sí mismo, representado por alguno de los personajes.

De hecho hay gente a la que solo le causa risa cínica, que se queda en la primera capa. Se ríen del atropello al más débil pero no entienden que detrás de eso hay un mensaje y una crítica. Hay mucha gente así, lo sé por los comentarios. De hecho en un momento pensé: “Voy a empezar a ser más explícito” y después dije: “No. ¡A la mierda! No subestimemos al público”. Porque esto está hecho para alguien que lo sabe entender perfectamente, si yo se lo muestro a un amigo sin decirle nada y lo entiende a la perfección, no es tan difícil. Igualmente, para mí por lo general hay un voto de confianza con quien lo ve, me tienen que dejar ser, como cuando un amigo dice una barbaridad y no se lo juzga porque se saben las intenciones.

(Es inevitable detenerse en la similitud entre cómo se expresa, se viste y se mueve el Guillermo Aquino que toma una cerveza mientras da una entrevista y el personaje de los sketchs, conflictuado para relacionarse con los demás y absorbido por la crisis social. Por más que claramente hay una composición, hay algo entre el personaje y la persona que se difumina.)

“El parecido está en ese sentimiento que tuve hace unos años de estar en contra del mundo, de no poder llevarme bien con nadie. Esa cosa de sentir que no hay manera de avanzar, ni un intercambio humano social que sea exitoso. Tuve muchas épocas así que no enganchaba con nadie, de creer que la gente es mala y están todos locos. Mi personaje tiene un poco de todo eso, pero también es como yo para que se sienta real. Cuando lo empecé, lo hacía como un súper cheto de clase media. Y de a poquito lo dejé, de hecho ya no tenía tanta ropa para vestirme así, de camisa, y entonces me empecé a vestir como mi yo normal. Todo lo demás es construcción, hay de las dos cosas. Siempre me toca hacer más del razonable, del menos malo, pero en realidad en todos tengo un costado medio forro. Es un personaje que me armé, de un tipo medio neurótico y bastante ignorante, pero también víctima de todas las circunstancias. La gente a veces siente la necesidad de clasificar a los personajes: éste es el que me representa y este otro es el garca. Y de repente no te podés identificar con ninguno porque sos un sorete vos también, y nadie es tan perfecto. A uno le encantaría ver que el protagonista haga mierda a los otros, pero al fin y al cabo somos todos un desastre, y no está mal. Creo que está bien que sea así.

Los Simpson, Seinfeld y Woody Allen son las referencias que inspiran a Aquino.

¿Cuáles considerás que son las influencias que fueron generando tu estilo artístico?

Son bastante cipayas: básicamente Los Simpsons y Seinfeld. Soy muy fanático de eso. También me gusta mucho Woody Allen, sobre todo porque el tipo actúa siempre de él mismo. ¡También hace como dos años que no consumo nada nuevo!  Igual, hasta ahora siento que todo lo que conozco, que tampoco es mucho, es suficiente por un tiempo como para procesarlo. Desde mis limitaciones fui encontrando mi estilo, no porque me sobraran cosas, sino por todas las que me faltaban. Cuando lo asumís bien, decís: ”¡Ahí vamos!” Mi estilo es “no sé hacer todo esto”. Aunque al principio lo tratás de ocultar, para mí se arma desde esas falencias. Y a partir de todas las carencias que tenemos se formó la identidad de estilo del sketch. Me parece que se desprende también de mantener lo autogestivo, muy artesanal y de a poquito.

(En algún momento de su pasado, Guillermo estudió cine: considera que aprendió a modo de pantallazo sobre las estructuras, pero nunca llegó a sentirse cómodo con las limitaciones que éstas le daban. Cree que en la composición de los sketchs hay un juego con lo casual y lo improvisado que conforma también las particularidades del producto terminado.)

“Es la manera que yo encontré para que funcione. Me frustré mucho tratando de filmar cosas cuando era más chico, haciendo cortos que siempre quedaban mal. La posta es encontrar lo que a uno le sirva. Lo primero que intenté sacar es la expectativa. En el caso de los sketchs hay algunos que están todos guionados y hay otros que son con una hoja a mano, con listas de chistes o temas. Yo prefiero ir y ver qué pasa en el lugar,. Ver cómo viene vestida la otra persona, que nunca lo sé, y cómo es el lugar, si le entra más el sol o está quemado. Y de ser así meto en el diálogo: ‘¡Uh! ¡Qué solazo!’, y ya se arregla. También la idea es tratar de que sea lo más parecido a la vida real posible. Grabamos con una cámara muy chica, casi sin luces, hay cero invasión. Es como jugar y que se vaya dando solo. El día que se invente una cámara del tamaño de un mosquito, me la voy a querer comprar. Para sumar a esta realidad también elijo trabajar con personas que no actúen profesionalmente, porque aporta en la onda. Cuando alguien no tiene muchas herramientas y lo ponés en una situación así, generalmente sale perfecta la situación, es como que la hace de verdad y surgen reacciones que son rarísimas. Hacer esto es lo que más me divierte en la vida, de verdad. Para mí es medio como una droga, una adicción que tiene ritmos que no son muy sanos, en el sentido de que a veces veo hasta dónde puedo llegar y qué tan rápido lo puedo hacer. Es re liberador sentir que salvaste un poco el día en el último minuto y me genera adrenalina.”

Desde 2015 Aquino pisa fuerte en este circuito y también en el teatro con la obra Antisocial, escrita y protagonizada por él. Es un humor similar a los sketchs, con ironía y cuestionamientos ácidos, pero atravesado por un estilo 100% rockero. La recepción del público es más que buena, y como ya se agotaron las entradas de la función del 14 de junio se agregó otra el 12 de julio en el teatro El Nacional. En un horario que roza la medianoche Guillermo propone un viaje de 90 minutos por el delirio que patea lejos los vaivenes alienados de la semana. En el elenco lo acompañan  Andrés Ciavaglia, Verónica Intile, Paola Rojas y Ximena Seijas.

¿Cómo nació y creció la obra?

La terminé de escribir en 2015 y se estrenó ese año, pero en el texto hay muchos guiños de actualidad que se van cambiando. Antisocial es como el capítulo cero del sketch, escribí la obra y enseguida empecé a hacer el sketch.  La escribí en un momento de crisis, en el que venía trabado creativamente. Estaba en una época de bastantes miedos, de reprimirme y de decir: ‘Tal vez si digo esto van a  pensar que soy así o asá’,y fue un: ‘listo, hagamos todo’. De ahí sale la obra. El personaje que hago se llama Gustavo Aquiles, pero soy el mismo de siempre. Es una especie de alterego, un chabón de treinta y pico que se dio cuenta que el rock le super mintió, que no tiene novia, ni amigos, ni fama y es como la resaca de sí mismo. Todo ese ideal de idiota del rock de la adolescencia lo llevó al fracaso total. Y ahí el chabón se dice a sí mismo: ‘Voy a dejar todo lo malo y me voy a conseguir una novia evangelista’. Se impone que se le acabó la joda y que se va rescatar para siempre, pero sale una última noche a modo de cierre de una etapa de su vida. Tiene cinco reglas: nada de alcohol, nada de drogas, nada de sexo, nada de violencia verbal ni física y nada de fuck you al mundo. Sale con buena onda a conocer gente, pero se cruza con lo peor de lo peor. Así transcurre la obra, derrapando entre el existencialismo y los chistes sobre enfermedades, en pocas palabras es como el sketch pero con anfetaminas.