La Coordinadora por los Derechos Humanos del Fútbol Argentino está integrada por diferentes clubes que apuestan a lograr un compromiso en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia y concientizar contra la violencia machista y la represión policial en los estadios.
Coordinadora de DDHH del Fútbol Argentino, cancha de Racing Avellaneda.

Era un viejo proyecto empujado por hinchas de diferentes clubes de fútbol y tuvo su punto de partida el último 24 de marzo. Desde entonces, el lento pero sostenido crecimiento de la Coordinadora por los Derechos Humanos del Fútbol Argentino –un espacio para intercambiar ideas y generar una agenda de concientización sobre derechos humanos desde el deporte nacional- demuestra la posibilidad de proyectos conjuntos entre diferentes clubes, más allá de los colores.  

“El sueño que nos trajo hasta acá es armar un equipo que juegue de memoria, con la verdad en los pies y la justicia en el corazón”, plantea la Coordinadora en su carta de presentación en las redes sociales. Y se propone trabajar sobre tres ejes: la lucha contra la violencia machista en los estadios –que incluye concientizar por el derecho al aborto legal seguro y gratuito-, la política de Derechos Humanos vinculados a la última dictadura militar, y las campañas contra violencia y la represión Institucional.

Los clubes que integran la Coordinadora son heterogéneos y atraviesan diversas realidades institucionales. Provienen de la primera división (River, San Lorenzo, Independiente, Racing, Lanús, Banfield, entre otros), pero también incluyen a los del ascenso (Defensores de Belgrano, Central Ballester, Comunicaciones). Ya son casi una veintena de clubes que aportan pies, cabezas y manos para este proyecto. A la hora de organizar sus actividades realizan un trabajo colectivo presta especial atención en los clubes más pequeños, los que suelen tener mayores trabas operativas para que se puedan desarrollar las distintas iniciativas. “Si bien hay representación de muchos clubes y siempre está la misión de que estén todos, algunas personas participan desde agrupaciones, colectivos, y también hay personas independientes que solamente usan el club, van a la cancha o que son de algún área propia de las instituciones”, señala Leonel Readigos, fanático de Racing, empleado administrativo, que está por concluir el profesorado de Historia y milita desde joven en movimientos sociales.

“Buscamos traer los derechos humanos al fútbol y no a la inversa. Como cuando vemos que a veces hay cuestiones forzadas, como conseguir que un jugador se ponga un cartel por determinada causa pero después, en las cuestiones de género por ejemplo, el fútbol sigue siendo un antro sexista y retrogrado”, plantea Readigos.

“Históricamente los clubes son asociaciones civiles y hubo deportistas, hinchas y socios de su entorno que fueron desaparecidos. A partir de esto tiene que haber un compromiso de encontrar a los y las nietas que faltan recuperar. Pueden estar en la cancha de Boca, River, Independiente, Racing o en cualquier lado. No hay que aflojar. Si desde Abuelas (de Plaza de Mayo) siguen con esa lucha incansable, hay que contribuir a eso, hay que seguir buscándolos”, afirma Esteban Risso, hincha de Independente, nacido en Lomas de Zamora y con pasado de periodista y presente de empleado administrativo, integrante de la comisión de Comunicación.

La generación de empatía es un motor que desde la Coordinadora aparece presente en todo momento para desarrollar mayor sensibilidad social y tender puentes para la politización del fútbol. Para lograr la, una de las áreas donde se hace un trabajo sistemático es en la comisión de Comunicación. Desde ese espacio ya se realizaron investigaciones y recolección de testimonios de casos de violencia policial en las canchas. También se rescataron historias de desaparecidos del ámbito del futbol y de nietos y nietas recuperadas.

Esas iniciativas quedaron reflejadas en narraciones de vida sobre casos de represión policial “actuales” como los asesinatos en 2018 de dos miembros de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en Córdoba y La Matanza, respectivamente, por la represión sobre la hinchada de Temperley en las inmediaciones del estadio Mario Kempes de Córdoba cuando “el Gasolero” enfrentó a Rosario Central por la semifinal de la Copa Argentina.

También está el interés en las historias “del pasado” como la de Carlos Propato, trabajador de Ford desparecido en 1976 cuando se hacían partidos en las canchitas que proveyó la empresa en su predio de General Pacheco, antes de que las Fuerzas Armadas se instalaran allí. O la del “Negro” Rodolfo Ortiz, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), hincha de Lanús, que fue secuestrado y asesinado el mismo año, tras pasar por el circuito de detención clandestino conocido como Puente 12.

La ola verde del feminismo también forma parte de la agenda de la Coordinadora. “En el fútbol no sólo hay micromachismos, hay macro e hiper. Por ejemplo, casi no hay canciones de cancha que no sean sexistas u homofóbicas, estamos muy atrasados.”, coinciden Readigos y Risso con cierta risa de vergüenza.

Sin embargo, afirman que hay un mayor protagonismo de las mujeres. En la cancha de Racing quedó expresado con el movimiento para que las mujeres lleven los pañuelos verdes para exhibir durante un partido de la Academia y del Rojo. Además, desde la Coordinadora han desarrollado paneles de debate sobre el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en vísperas a su tratamiento en el Senado. 

La militancia en la Coordinadora llegó en un momento de la vida de varios de sus integrantes donde la indiferencia del ambiente del fútbol con lo que pasa en la sociedad era algo que los desmotivaba. “Siempre pensé por qué no meterme en el fútbol. Era una contradicción interna que tenía porque a donde uno va, buscaba que se fortalezca el pensamiento crítico pero nunca podía generar eso en el fútbol. Sentía que perdía el tiempo en la cancha porque no podés interactuar con la gente, más allá de hablar de lo propio del juego. No sabés a quién vota el que está al lado tuyo, cómo piensa”, señala Readigos.

El trabajo por lo bajo fue vital para la puesta en marcha de la Coordinadora y también está atravesado por las políticas que las instituciones adoptan “formalmente” en sus comisiones. “La institucionalización no es una garantía de por sí, porque cada club tiene su micromundo, sus estatutos y sus vericuetos burocráticos”, afirma Risso.

Para Readigos, “el movimiento es por abajo”. Y agrega: “Por distintos motivos y causas en algunos clubes se dio de esa manera pero también hay otros donde a pesar de no estar institucionalizado hay dinamismo porque la tribuna tiene una historia determinada de reivindicar diferentes cuestiones. En Independiente y Racing por ejemplo, se ha cantado la marcha peronista cuando estaba prohibida”.  

La comunión entre los miembros de cada club hace que se deje a un lado la rivalidad futbolística. Aquí las camisetas de Racing y de Independiente ya no juegan. Historias de familias cruzadas por la vida en el barrio y momentos compartidos con amigos y conocidos fanáticos del cuadro de la vereda de enfrente, hermanados por una identidad obrera, fabril, como la que hay en Avellaneda, despejan cualquier rasgo de “enemistad a muerte” entre la Academia y el Rojo. “Más allá de chicanas no hay ningún tipo de discusión, la relación entre todos y todas en la Coordinadora es genial”, coinciden.  

La Coordinadora, próxima a cumplir su primer año oficial de vida, comenzó a reunirse para planificar las actividades del 2019. Saben que mantener y superar el trabajo de esta etapa inicial no será fácil, pero hay energía de sobra. “Uno se levanta todos los días pensando que las cosas se pueden cambiar, pensando que puedo cambiar la opinión del taxista que me lleva y opina como si fuera Rockefeller, intentando convencerlo que circunstancialmente tiene un taxi, pero que no es más que nadie, sino que simplemente se lo pudo comprar”, plantea Readigos. “Imposible no es, requiere de trabajo de pensar, de organizarse, de juntarse”, completa Risso.