Sergio Wolf estrenó su documental “Esto no es un golpe”, que recorre el levantamiento militar de Semana Santa de 1987. La voz de Aldo Rico y otros testigos de la época reviven la tensión de aquellos días que nublaron la primavera democrática.
«Esto no es un golpe» reconstruye los hechos del levantamiento militar contra el presidente Raúl Alfonsín en 1987.

Los meses de marzo y abril de 1987 no fueron un segmento más en la vida política y social del país. La flamante democracia había sido puesta en vilo ante una concatenación de sucesos que llegaron a su punto crítico en Semana Santa. Bajo la mirada panóptica del director y productor Sergio Wolf, Esto no es un golpe se presenta como un thriller documental que, a través de varios personajes, reconstruye los hechos acaecidos antes, durante, y luego del alzamiento militar que significó un punto de ruptura en la relación entre el presidente Raúl Alfonsín y el pueblo que lo había ungido como el reestructurador de la vida democrática nacional.

En diálogo con ANCCOM, Wolf recuerda su vivencia particular de aquel domingo pascual que lo encontró en la Plaza de Mayo con otras miles y miles de personas, experiencia que relaciona directamente con la realización de la obra. “Algo de esa sensación de incomodidad y perplejidad respecto al final de ese conflicto quedó flotando y fue el germen del documental, me gusta pensar que algunas preguntas generadas en ese domingo de 1987 fueron las que me hice actualmente a la hora de escribirlo y filmarlo”, aclara el también guionista. Uno de los rasgos distintivos del film es justamente la omnipresencia del autor, quien mediante una potente voz en off plantea un viaje que recorre tanto puntos geográficos como testimonios clave a la hora de conocer el detalle de los hechos.

Sergio Wolf es el director y productor del nuevo thriller documental «Esto no es un golpe».

Desde el afiche de presentación hasta el último centímetro de la cinta, hay un dualismo que marca el pulso del relato. De un lado Aldo Rico, líder carapintada y estandarte de la rebelión; del otro Raúl Alfonsín, primer mandatario y “padre” de la nueva era democrática luego de la etapa más oscura del país. En el medio, personalidades políticas y militares que pugnan por sus intereses mientras una sociedad civil pujante se organiza para no regresar al pasado reciente de penumbras. “Hice una selección de personajes teniendo en cuenta su cercanía con los sucesos de Semana Santa, es decir, no simplemente gente que haya formado parte del gobierno, sino que también haya presenciado todo lo que pasó en esos cuatro días. Luego Pablo Chernov y Gabriel Kameniecki se ocuparon de contactar y convocar a las personalidades”, aclara Wolf, destacando a quienes, junto a él, se encargaron de la producción.

La presencia de Rico amerita un párrafo aparte. Sarcástico, impetuoso, con la impronta castrense rayana en el paroxismo que lo caracteriza, el ex dirigente del Movimiento por la Dignidad y la Independencia (MODIN) da su visión particular mediante aseveraciones que son tan controversiales como difíciles de apelar en la inmediatez. Al respecto, el director explica que el militar retirado “siempre fue pensado como un protagonista, incluso no sabiendo lo que podía llegar a decir más allá de ciertas presunciones debido a declaraciones anteriores. Dice muchas cosas que pueden incomodar al espectador, pero a la vez también aporta datos que no muchos consiguen”.

La presencia de Aldo Rico, más allá de sus aseveraciones controversiales, aporta datos que de otra manera hubieran sido difíciles de conseguir.

En el otro extremo, los movimientos de cámara y la diversidad de planos permiten que el espectador pueda situarse en el lugar del ex presidente y pueda observar sus movimientos entre la Casa Rosada, su casa de descanso y Campo de Mayo, cubriendo de alguna forma el vacío testimonial que implica su ausencia física. “Hay desplazamientos de cámara que ponen de relieve la subjetividad de narrador, o en este caso del propio Alfonsín que no está en cuerpo presente, por ende la cámara intenta reconstruir ciertos recorridos del ex líder radical, sobre todo antes del segundo discurso (NdeR: el que da luego de su reunión con los militares)”.

La multiplicidad de voces presentes en el documental se combina con una variedad de información que, lejos de tomar un cauce unidireccional, muestra perspectivas diferentes con una narrativa despojada de cualquier preconcepto o cariz ideológico. No obstante, Wolf entiende que el film lejos está de ser objetivo o de buscar una respuesta absoluta a las problemáticas planteadas en el momento histórico recorrido. “No encaré la película desde el lado de la objetividad, de hecho no creo en la objetividad, todo lo contrario. Tampoco la hice con un juicio previo, no se puede hacer una película con prejuicios. Siempre pensé hacer la película con Aldo Rico, por ejemplo, más allá de las discusiones que he tenido con mi grupo de trabajo o de mis propias diferencias ideológicas para con lo que él dice o hace. Para mí lo importante era la palabra de él, la película necesitaba su presencia”, asegura.

Al no contar con la presencia de Alfonsín, los movimientos de cámara y la diversidad de planos permiten que el espectador pueda situarse en el lugar del ex presidente.

En la misma línea, el documentalista entiende que la subjetividad es precisamente lo que enriquece la obra. “La película tiene un marco dentro del cual hay un relato pormenorizado de muchas zonas de conflicto, aunque nunca se busca una verdad ni nada parecido, sino que se muestran personas que son un conjunto de subjetividades en tensión. Aún si hubiera estado vivo el propio Alfonsín no hubiéramos llegado a esa verdad, ya que hay muchas lecturas de lo que pasó e incluso puntos de vista cruzados entre personajes del mismo sector” afirma Wolf, quien convierte esa tensión en el suspenso que deja al espectador pegado a la butaca desde el mismo instante en el que se apaga la luz.

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