Rafael Correa disertó en la Argentina sobre la oleada neoliberal en Latinoamérica y abogó por la integración continental. El expresidente ecuatoriano también dialogó con ANCCOM sobre el rol de la universidad y los jóvenes: “Lo mejor que pueden hacer es prepararse y comprometerse”.

“La mejor forma, queridos jóvenes, de liberarnos del imperio del capital, es la integración latinoamericana”, aseguró el expresidente ecuatoriano Rafael Correa al recibir el Doctorado Honoris Causa entregado por la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). En una clase magistral dirigida principalmente a los estudiantes, Correa se refirió al avance neoliberal en la región y destacó la urgencia de construir un bloque latinoamericano para “incidir en el cambio del injusto e inmoral orden mundial”. Terminada la conferencia ANCCOM dialogó con el exmandatario sobre los desafíos del campo popular y el necesario protagonismo de la juventud: “Prepárense en la universidad con ciencia y con consciencia; con rigurosidad y compromiso; con razón y con corazón. No para ocupar un puestito en la sociedad, sino para transformarla”.

Correa comenzó la disertación con una anécdota que vincula su vida académica y política. En 2005 asumió como ministro de Economía del gobierno de Alfredo Palacio. A los 100 días, debido a presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, tuvo que dejar el cargo y regresar a la universidad donde daba clases desde hacía 13 años, “una universidad bastante cara, privada y de derecha”, según la definió el ex presidente y doctor en Economía. Pero ese año, el viernes anterior al inicio de las clases, el rector le comunicó que no podía continuar con la cátedra “porque era político”, y lo despidió. “Al quedar desempleado no me quedó otra opción que ser candidato a presidente de la República”, explicó entre risas.

El exmandatario llegó el jueves 22 a la Argentina y entre Santa Fe y Buenos Aires trajinó una agenda muy nutrida, que incluyó otro doctorado Honoris Causa (el de la Universidad Nacional de Rosario) y encuentros con dirigentes como  Agustín Rossi, Hebe de Bonafini y Cristina Fernández de Kirchner. Durante la disertación en la UMET sintetizó su formación académica y su experiencia política, y en una clase de economía heterodoxa explicó el carácter del neoliberalismo actual y el rol de América Latina en ese escenario complejo bajo la restauración de gobiernos conservadores. Para caracterizar la fase anterior al nuevo avance de la derecha, Correa citó a Cristina Fernández: “Fueron años en los que por primera vez los presidentes nos parecíamos a nuestros pueblos. No teníamos cuentas offshore ni plata en paraísos fiscales. Ese rasgo era todo un signo de los tiempos que corrían, diferentes y opuestos a los tiempos que hoy imperan, donde los presidentes se parecen demasiado a los dueños tradicionales de nuestros países, a sus más rancias oligarquías”.

Estos nuevos gobiernos responden a lo que Correa caracterizó como “una globalización que no busca ciudadanos globales, sino consumidores globales y que sin adecuados mecanismos de control y gobernanza puede devastar países enteros. La característica de la globalización de hoy es el completo dominio del capital sobre los individuos. Esa debe ser la disputa política fundamental; quién manda en una sociedad: el capital o los seres humanos”.

Enseguida argumentó que la única forma de contrarrestar los efectos de exclusión del neoliberalismo global que atentan contra el trabajo y la vida digna es a través de la unión de los países de la región. “En la Unión de Naciones de Sudamérica somos 500 millones de personas en 17 millones de kilómetros cuadrados –dijo-. Con sólo unirnos podríamos conformar la cuarta economía más grande del planeta, con aproximadamente el 6 por ciento del PIB mundial; un tercio de la fuentes de agua dulce del planeta; el primer lugar en la producción mundial de alimentos y con reservas de hidrocarburos para los próximos 100 años”. Luego sentenció: “Separados será el capital transnacional el que nos imponga las condiciones; unidos seremos nosotros los que impondremos las condiciones al capital”.

Como ejemplo, Correa se refirió a la Unión Europea “conformada por 18 países, unidos por voluntad propia que tienen historias diferentes, idiomas diferentes, sistemas políticos diferentes y religiones diferentes. Hace 60 años se mataban por decenas de millones y hoy son una unión”, apuntó. “Tal vez los europeos tendrán que explicarle a sus hijos por qué se unieron –continuó- ; pero nosotros, que tenemos una historia común, la misma cultura, la misma lengua, los mismos sistemas políticos y estoy seguro que el mismo futuro, tendremos  que explicarles a nuestros hijos por qué nos demoramos tanto”.

Según el expresidente, la unión latinoamericana sería fundamental “para alcanzar cosas tan sencillas como salarios mínimos regionales que impidan la absurda competencia entre nuestros países en favor del capital nacional, que reduce más los salarios reales para mejorar la inversión y todo el excedente con el sudor, y muchas veces las lágrimas y hasta la sangre de los trabajadores, van a la acumulación del capital transnacional”. Después de subrayar que “América latina es la región más desigual del planeta”, Correa sentenció, finalmente: “Unidos o dominados sigue siendo la disyuntiva histórica, queridos jóvenes”.

Discurso de Rafael Correa en la entrega del Doctorado Honoris Causa en la UMET.

Tras su clase magistral, el ex presidente respondió algunas preguntas de ANCCOM y profundizó aspectos expresados en su disertación.

¿Qué formas de organización juvenil, que respondan a la época y que sean novedosas, cree que son necesarias? ¿Y cuál cree que es la responsabilidad que tienen los jóvenes en la construcción de nuevas subjetividades políticas?

Los jóvenes pueden hacer mucho. El principal deber es prepararse, el voluntarismo incompetente ha hecho más daño en América Latina que la mala fe. Prepárense en la universidad con ciencia y consciencia; con rigurosidad y compromiso; con razón y con corazón. No para ocupar un puestito en la sociedad, sino para transformarla, porque pese a nuestros esfuerzos todavía tenemos sociedades extremadamente inequitativas. Ese es el principal deber de ustedes. Lo mejor que pueden hacer por la patria es prepararse y comprometerse para después tomar la posta. Hay múltiples organizaciones que pueden formar para informarse de mejor manera y para incidir en la vida nacional. En su caso, por ejemplo, la universidad.

¿Cuál cree que es el rol que debe tener la universidad en los debates de la coyuntura política?

La universidad debe tener presencia, debe ser luz; no conozco a fondo el caso argentino, pero en el caso ecuatoriano la universidad brilla por su ausencia. Se cometen las más grandes barbaridades y no dicen nada: por ejemplo, cuando sucedió el rompimiento constitucional con una consulta popular hace pocos meses; era evidente, cualquier estudiante de Derecho sabía que era una monstruosidad jurídica y sin embargo la academia no se pronunció. Ustedes tienen que exigir que la academia se pronuncie. En la conferencia se habló sobre la neutralidad; nadie es neutral, yo no soy neutral, siempre voy a estar con los pobres, con la Patria Grande. En Ecuador los estudiantes deberían exigir que la universidad como institución opine sobre los problemas nacionales; pedir que se organicen foros para debatir la coyuntura, que tome posición sobre las medidas que toman los gobiernos. Por ejemplo, decir qué piensan sobre las offshore, sobre la lucha contra la corrupción. No puede ser que tener una offshore no sea ilícito todavía. Claramente no es honesto y no entiendo cómo un dirigente de un país puede exigir algo a sus compatriotas si manda su plata fuera del territorio nacional porque no confía en su propia patria. Es algo que no se entiende y la academia debe decir algo al respecto.

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