Se estrenó Invisible, una película que trata sobre la absoluta soledad en la que una adolescente toma la decisión de abortar. ANCCOM dialogó con Pablo Giorgelli, su director, y con la protagonista, Mora Arenillas.

Podría haber sido un día más de marzo, o allá por septiembre cuando ya estaba todo listo, pero no. Se podría haber dado de tantas otras maneras. Pero no. El Día de la Mujer cayó un jueves, y el debate por despenalizar el aborto por fin parece estar llegando fortalecido al Congreso. En este contexto, este mismo jueves se estrenó Invisible, la película dirigida por Pablo Giorgelli que trata sobre el desamparo de Ely, una adolescente de 17 años que accidentalmente queda embarazada y decide abortar. Sus ojos cansados, su andar perturbado, el camino rutinario de la escuela a la veterinaria donde trabaja para mantener un hogar quebrado por una madre depresiva y desempleada. Pero Ely sigue. Su boca no emite palabras, su cuerpo lo dice todo. Y en soledad, toma la decisión.

Definida por su director como una historia feminista y política pero no militante –y contradiciendo su nombre- este relato no dejó de hacerse visible desde antes del estreno, por su recorrido en festivales internacionales y por las excelentes críticas. Giorgelli y Mora Arenillas, protagonista de una sutileza impecable, en diálogo con ANCCOM, cuentan cómo se gestó esta obra que perturba a quien la ve y ya dio que hablar aún a quienes no la vieron.

Giorgelli define a la película como “una historia feminista y política pero no militante”.

 

“Desde un principio quise evitar la película militante, que señale cómo deben ser las cosas -plantea Giorgelli-. Más allá de mi posición personal de que el aborto debe ser legal, me interesaba focalizarme en el drama personal de esta piba, lo mismo que pretendo que le pase a quienes la vean, que por ese momentito puedan convertirse en ella. La película militante no me interesa porque corre más por lo racional, más alejada de la intimidad, de la sensibilidad de las individualidades. Aclaro que solo me refiero a la película, realmente admiro a la gente que milita por las causas en las que cree. Pero yo hago cine, y el cine que elijo dirigir va por otro lado. De todos modos, es una película política porque claramente tiene una postura: es una mirada crítica al sistema. También me interesaba mucho que estuviera presente el contexto político y social en el que se da una adolescencia como la de ella. Se deja ver a través de los profesores, de los medios masivos de comunicación, de la reacción de los adultos y del Estado. Sin dudas es un contexto social muy reconocible de este país y de esta época. Lo económico también es fundamental, ya que ella y su madre son víctimas de un sistema que las empuja cada vez más hacia el margen. Por eso me interesaba que esté dentro del sistema, cerca del margen pero adentro.”

¿Cuál fue el disparador al momento de escribir el guión?

P.G.: Lo interesante es que la idea no surge desde el aborto. Después de que terminé Las Acacias (2011), que tuvo una repercusión mundial desmedida y ganamos un montón de premios, necesité vaciarme y esperar a tener claro sobre qué quería escribir. Llegó un momento en que conecté con el deseo de hacerlo sobre la adolescencia, y retomé un guión previo que se llama Monoblocks, del cual uno de los personajes transformados terminó siendo Ely. Lo siguiente que apareció fue la madre. Desde ahí se crea, desde el vínculo entre ellas que le termina dando entidad a la película y organizando la idea, aunque en la pantalla no se vea con un peso tan desarrollado. El hecho de que la protagonista esté embarazada aparece poco después y se asoma la posibilidad de que aborte o no. Ahí con María Laura Gargarella, con quien escribí el guión, decidimos parar un poco la pelota e investigar, hablar con médicos y con adolescentes que habían atravesado situaciones similares.

La realidad es que toda la película está embarazada, uno de los temas es el aborto pero no es solo eso. Cuando hablan de “la película del aborto” para mí es importante ampliar la mirada, no circunscribirla a la cuestión  “aborto sí o no”, “aborto legal o ilegal”, porque es solo una parte de algo más grande y complejo. Mi pregunta es: ¿cuáles son las causas o las posibles condiciones que generan una adolescencia como la de Ely? La respuesta es el desamparo, por la búsqueda de la identidad en una etapa en la que se la desconoce sin ser niño ni adulto. Es más allá del contexto en el que se dé. Hay algo de desamparo por el propio hecho de ser adolescente: aún no sabés quién sos.

Ely es un personaje que aparece durante la totalidad del relato. ¿Por qué esa decisión?

P.G.: Uno de los pilares que organizan la película es el hecho de contarla desde el punto de vista del personaje, porque es ella la que cuenta la historia y no yo. No hay un director omnisciente que te relata en tercera persona, porque directamente es ella en primera persona y nosotros solo somos testigos de su intimidad. Esta decisión define todo, desde planteo estético hasta el tono del relato, porque todo tiene que ser orgánico con esa mirada del mundo, adolescente. Por eso, aunque sea una película que parezca sencilla, esa simpleza costó un montón. Teníamos que poder entender esa historia para poder contarla desde adentro, desde sus ojos. Hicimos un gran esfuerzo para comprender ese personaje. No lo podía contar desde mi distancia generacional y de género. Entonces tuve que convertirme en una chica de 17 años como Ely, y lo hice a través de varias herramientas. Primero me contacté con otras adolescentes y después con mi propia adolescencia, que no es muy distinta en ese desamparo, en ese no saber. Mi intención es no juzgar al personaje, sino entender su lógica y su mundo.

Mora Arenillas es la protagonista de Invisible.

¿Qué lugar ocupa el rol del hombre?

PG: Siento que el rol del hombre frente a la cuestión del embarazo y del aborto está en otro lugar. Por supuesto que es responsable. Pero hay un límite que tiene que ver con la biología: la que pone el cuerpo es la mujer. La mujer tiene una voz más importante a la hora de decidir estas cuestiones y, aunque es importante que el debate y la reflexión se dé en ambos géneros, hay un derecho superior en ellas. Por eso las ausencias, y a la vez la presencia femenina constante. Igualmente lo más importante tiene que ver con el rol patriarcal y machista que tenemos, en la sociedad que somos. Es imposible encontrar culpables, pero todos somos responsables. La película plantea qué herramientas tenemos para hacerle frente a determinadas cosas. A la vez intenta no juzgar a nadie y comprender a cada uno desde su lugar. Tratar de aceptar los posibles puntos de vista de acuerdo a su realidad y coyuntura.  

Ely tiene su historia particular. Como todas. Como cada una. Pero Ely fue encarnada por una joven que tiene otra historia. Y la comparte. Mora Arenillas, la actriz de 18 años que dio vida al personaje protagónico del film, se presentó por primera vez para el casting de esta película a los 15. No quedó seleccionada por la corta edad. “Éramos como quinientas chicas”, rememora. Pero dos años después la recordaron, la llamaron y sin dudas acertaron.

Encarnando a una adolescente que casi no usa el diálogo, porque no puede verbalizar lo que le sucede, el trabajo de creación del personaje que realizó Mora fue complejo: “El laburo fue minucioso, al tener tan poco diálogo tenía que ser muy desde el detalle y muchísima concentración a la hora de actuar cada toma”, explica. Reconoce que la relación con el director fue esencial ya que no se terminaba el rodaje hasta que se lograra exactamente lo que él se había imaginado. Aunque la historia no tiene escenas físicas muy fuertes, “expresar toda esa emoción te come mucho a nivel físico porque es un laburo mental muy fuerte”, describe. Y confiesa haber sentido cierta nostalgia al finalizar las grabaciones: “Fue muy duro dejar a Ely, me terminé enamorando de ella, luego de cinco semanas de diez horas todos los días de rodaje, siento que nunca dejé de ser el personaje, en parte”.

La película se exhibió en vastos festivales, desde Mar del Plata hasta Venecia, con un gran reconocimiento.

En esta oportunidad, la avant premier en el cine Gaumont fue muy emotiva, con palabras sentidas y expectantes de la totalidad del equipo que produjo Invisible. Esta expectativa atravesó toda la sala. Aunque la pantalla cubierta de negro al culminar la última escena desencadenó primero un profundo y prolongado silencio. Y luego aplausos de esos que lastiman y duran varios minutos.

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Desde el jueves 8 de marzo la película se encuentra en cartelera.

 

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